¿Tú tampoco entiendes a los actores españoles? Por qué necesitamos (a veces) subtítulos en series y películas
Profesores de técnica vocal y diseñadores de sonido analizan el motivo por el que algunos diálogos no se escuchan bien.

Madrid-
Algunos espectadores, sobre todo en sus casas, no entienden bien a los actores y actrices de series y películas españolas, lo que los lleva a recurrir a los subtítulos. Quizás a usted le pase lo mismo, pero también a los propios profesionales del audiovisual. "No se puede convertir en una costumbre que no se entienda a un actor cuando hable (bien por falta de vocalización o por exceso de susurro)", se quejaba en la red social X el intérprete Víctor Clavijo, quien añadía que "la naturalidad o verdad escénica" no deben estar reñidas "con la inteligibilidad del diálogo".
"Nos pasa a todos", reconoce Nuria Castaño, profesora de técnica vocal y expresión oral en Estudio Corazza, quien recuerda que durante muchos años "España trabajó la voz actoral desde un punto de vista muy impostado, de modo que tenía calidad técnica pero era muy poco natural". Luego empezó a primar la naturalidad, aunque para fusionar la calidad técnica y la interpretativa las escuelas de actuación deben invertir en entrenamiento vocal para que la voz ocupe un espacio central, pues es la "principal herramienta de un actor", cree Castaño.
El franquismo ayudó a moldear el oído del espectador con las películas extranjeras dobladas, que además permitía a la dictadura censurar algunos diálogos inconvenientes. Esa herencia acostumbró al espectador a escuchar voces más claras, grabadas en un estudio por un actor de doblaje, aunque hasta los años ochenta en ocasiones los propios intérpretes españoles se doblaban a sí mismos en el estudio para obtener una voz más limpia tras el rodaje, como sucedía en el cine quinqui.
"El público español no tiene el oído acostumbrado a las películas en versión original. De hecho, si en nuestra casa cambiamos la versión doblada por la V.O., oiremos los diálogos más sucios o más lejanos", comenta Oriol Tarragó, diseñador de sonido y profesor en la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC). Hasta aquí, una explicación histórica, aunque en la actualidad hay otros problemas que dificultan la comprensión de los diálogos, como el hecho de que algunos actores susurren mucho o hablen para adentro.
Podrían confiar en que los micrófonos actuales lo captan todo, "pero el susurro también tiene que tener proyección, porque de lo contrario no hay intención ni deseo", razona Fernando Becerra. "Además, los actores consideran que hablar natural implica no vocalizar demasiado, de ahí que lo confundan con el hablar cotidiano, es decir, con la falta de técnica vocal. Por miedo a impostar o a falsear, hay una pereza articulatoria, de manera que se comen consonantes o el final de las palabras. El habla debe ser natural, pero bien articulado, aunque confunden ambos elementos porque no están preparados en esa vivencia de la palabra", añade. "Es muy diferente sentir una palabra interiorizada en el cuerpo —lo que requiere formación y experiencia— que decirla desde la urgencia".
Nuria Castaño cree que en el audiovisual a veces la voz parece secundaria, sobre todo entre los actores y actrices, porque entienden que cuentan con la ayuda de los micrófonos y los técnicos de sonido. "En cambio, su trabajo precisa una voz clara, suficiente y expresiva. Un buen intérprete sabe conseguirlo sin necesidad de renunciar a la calidad interpretativa ni a la naturalidad y, para ello, es necesario sensibilizarlos para que lleven a cabo un entrenamiento vocal muy serio", afirma la profesora del Estudio Corazza, quien reconoce que "los técnicos de sonido españoles tienen muy buen nivel y en general son capaces de salvar casi cualquier situación".
"La técnica nos permite limpiar muchos sonidos y ruidos de fondo, pero lo que hace que el diálogo sea menos inteligible recae cada vez más en dos factores: que el actor tenga una pronunciación correcta y que el micrófono esté bien colocado. Si es así, tenemos el 90% del problema solucionado, porque en casos extremos, como rodajes en localizaciones con mucho ruido, recurrimos al ADR: el propio actor se dobla a sí mismo en esa escena y luego se arregla en posproducción", apunta Oriol Tarragó. "Ahora bien, aunque limpiemos diálogos y mejoremos la mezcla, si el actor no vocaliza bien o el diálogo está mal grabado, cuesta entenderlo".
Fernando Becerra concuerda con el supervisor de posproducción y diseñador de sonido: "Es complicado que no se entienda a un actor realmente sólido. Ahora bien, un intérprete no puede depender del micrófono o del técnico, sino que tiene que tener recursos. Y eso no se consigue con un curso de cinco meses, sino con una formación de varios años. Muchas veces se confunden las emociones que siente el personaje con la transmisión de esas emociones. El fallo es no entrenar el cuerpo sonoro y la memoria sensorial. Cuando te gusta tu voz, te vuelves un ser narcisista y, en vez de transmitir, te estás escuchando a ti. El actor requiere vivencia y sentir en su cuerpo aspectos emocionales y psicológicos. Actuar es jugar, incluso falsear si hace falta, mientras transmitas".
Cine y televisores de pantalla plana
Más allá de la voz de los actores, hay aspectos técnicos que también influyen en que no se les entienda bien. "No es cierto que las producciones españolas suenen siempre peor que las extranjeras, pero algunas tienen limitaciones económicas notorias. Se hacen películas con muy bajo presupuesto y, aunque salen adelante, a veces los tiempos y los medios no son los más adecuados. En producciones inglesas o americanas, procesos como la masterización están más cuidados, pero aquí a veces no disponemos de tiempo por una cuestión de dinero", lamenta Oriol Tarragó.
Otro factor a tener en cuenta es la mezcla para la televisión, cuando la película ha sido concebida para exhibirse en un cine con sonido envolvente. Para ello, se crean versiones de audio con menos canales, aunque surge otro problema: los televisores de pantalla plana cuentan con altavoces pequeños en la parte de atrás del aparato, de modo que el sonido se escuchará peor que una sala de cine que disponga de un sistema apropiado. "Son muy básicos y suelen requerir una barra de sonido", comenta Oriol Tarragó, quien trabaja en posproducción de sonido en su estudio Coser y Cantar. Por no hablar de los dispositivos móviles, que muchas veces requieren el uso de auriculares.
"Un cine es un espacio aislado acústicamente, con un sistema de amplificación enorme. Hay mucha dinámica: se oyen detalles muy bajos y sonidos muy altos. Sin embargo, esa mezcla hay que adaptarla para televisión y a veces no hay tiempo o dinero para remasterizar. Algunos procesos a veces no se hacen bien y entonces pasa lo típico: tienes que subir y bajar el volumen del televisor", añade el diseñador de sonido, quien deja claro que en ocasiones una película está bien mezclada, pero "el sonido se ve afectado por un error técnico en la plataforma o el medio de transmisión".
Recientemente, MPSE Wavelength, la revista del gremio de editores de sonido americano de Estados Unidos, dedicaba su portada a Oriol Tarragó. "Es mucho más que un reconocimiento individual: es un hito para nuestro cine, en un país donde el sonido ha sido durante demasiado tiempo un oficio injustamente infravalorado", escribía en Instagram el director Juan Antonio Bayona, quien subrayaba que la llegada de profesionales como Oriol Tarragó "ha transformado el panorama para siempre, elevando el estándar y ampliando nuestra manera de contar historias". Además, Yasmina Praderas, Amanda Villavieja y Laia Casanovas han sido nominadas a los Óscar en la categoría de Mejor Sonido por Sirat.
"Históricamente, el sonido ha sido el hermano menor, poco cuidado, pero en los últimos años ha habido una gran evolución. No creo que tengamos una mala industria, sino al contrario, porque hemos hecho un progreso abismal. Y los ejemplos anteriores significan que nuestros profesionales están hoy en día a un primer nivel", concluye el diseñador de sonido. Pese a los avances, hay quien sigue necesitando poner los subtítulos, aunque por razones que escapan a las causas citadas, como comenta un usuario de un foro: "Tiene una explicación: suelo ver las películas o series cuando meto a mis hijos a dormir sobre las 21.30 horas. Entonces pongo el sonido de la tele tan bajo para no molestarlos que a veces no me entero y tengo que leer".

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