Todas las veces que Studio Ghibli entonó el 'No a la Guerra'
Gran parte de la filmografía del estudio japonés, Premio Princesa de Asturias a la Comunicación 2026, destaca por un profundo mensaje antibelicista que bebe directamente del pasado de sus fundadores.
Madrid--Actualizado a
Cuando en 2003 El Viaje de Chihiro fue nominada al Óscar a Mejor Película de Animación, su director, Hayao Miyazaki, se negó a viajar hasta los Estados Unidos para recoger la preciada estatuilla. Años después, en una entrevista para Los Angeles Times, el japonés reconoció que la razón detrás del plantón era que "no quería visitar un país que estaba bombardeando Irak". Una ausencia con la que Miyazaki trasladaba su particular No a la Guerra a los escenarios del país que, 60 años antes, había protagonizado el primer bombardeo atómico contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, causando cientos de miles de muertos, otros tantos afectados de por vida, y una herida social, un trauma, que todavía hoy atraviesa generacionalmente a todos los japoneses.
No fue una decisión fruto sólo del contexto de la invasión de Irak. Miyazaki se crió como un hijo de la II Guerra Mundial; también su socio, Isao Takahata. Nacidos en 1941 y 1935, respectivamente, sobrevivieron al conflicto y crecieron en un Japón que pasó de ser una nación que durante siglos vivió en un bucle de guerras, internas y externas, a abanderar el pacifismo y rechazar, en el artículo 9 de su constitución, "el uso de la fuerza como medio para resolver disputas internacionales". Un antibelicismo que transmitieron a su productora, Studio Ghibli, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026.
El No a la Guerra es un mantra que Ghibli ha llevado consigo desde que Miyazaki dirigiera Nausicaä del Valle del Viento, que adapta un manga homónimo del propio director, y que impulsó la fundación del estudio en 1985. Una historia que tiene lugar en el Mar de Putrefacción, un mundo contaminado fruto de la guerra donde surgió un bosque tóxico en el que viven insectos gigantes, y que las naciones del mundo pretenden exterminar con las mismas armas de destrucción masiva que provocaron la catástrofe. Todas, salvo la de su protagonista, la princesa Nausicaä.
En una entrevista para COMIC BOX en 1995, Miyazaki afirmó que, más que una película bélica, para él Nausicaä del Valle del Viento era una crítica a como la humanidad, a pesar de las terribles consecuencias de la guerra, no aprende de sus errores. "Si el emperador de Dorok [uno de los reinos del Mar Putrefacto] muriera, la paz no llegaría", decía entonces el director. "Hay muchos ejemplos, tanto del pasado como del presente: el colapso de la Unión Soviética, el agujero en la capa de ozono, la Guerra del Golfo. Cuando un tirano cae, surge otro".
Hijos de la Guerra
En 2013, el primer ministro japonés, el difunto Shinzo Abe, planteó reformar el artículo 9 con la idea de rearmar Japón y eliminar el carácter pacifista de la constitución, una propuesta que generó una gran polémica en el país, y que todavía hoy sigue vigente por las idénticas pretensiones de la actual mandataria -y discípula de Abe- Sanae Takaichi. En aquel entonces, el dúo Takahata y Miyazaki, conocidos antibelicistas e izquierdistas, encabezó las críticas contra el líder japonés. "Supongo que el primer ministro Abe quiere dejar su nombre en la historia como un gran hombre que cambió la interpretación de la constitución", llegó a decir Miyazaki. "Pero pienso que es despreciable".
Al igual que del resto de Japón, la II Guerra Mundial y sus consecuencias forman una parte inherente de Studio Ghibli, y han acudido a ésta con bastante frecuencia. Tras la fundación de la productora, fue Takahata el primero de los socios en abordar el conflicto a través de La tumba de las luciérnagas (1988), una devastadora película en la que dos hermanos, Seita y Setsuko, recorren un Japón desolado por las bombas estadounidenses. Una obra que muestra el desamparo al que un estado en guerra condena a sus propios ciudadanos y, en especial, a los niños.
"Prefiero ser un cerdo que un fascista"
En 1992, fue Miyazaki quien dirigió una de las películas más famosas del estudio, Porco Rosso, protagonizada por un cerdo aviador llamado Marco Pagot en la Italia de Mussolini. En el filme, Ghibli retrata las persecuciones con las que la dictadura italiana sometía a los opositores al régimen, como es el caso de Pagot, un irreverente aventurero que desafía al nuevo estado italiano. En un momento dado, un viejo amigo le ofrece unirse al ejército en la guerra para evitar la persecución, ante lo que él deja claro que prefiere "ser un cerdo que un fascista".
Dos décadas más tarde, el estudio estrenó El viento se levanta (2013), una película biográfica -con ciertas licencias fantásticas- sobre la vida de Jiro Horikoshi, el ingeniero aeronáutico japonés que estuvo detrás del diseño de los cazas nipones durante la II Guerra Mundial. Un personaje con el que sin duda Miyazaki veía similitudes con su propio padre, un hombre que durante 1944 se dedicó a construir piezas para aviones.
A pesar de su papel evidente en la guerra, Horikoshi se mostró crítico con el conflicto, que consideraba de "inutil", una posición compartida durante una entrevista por el propio Miyazaki, donde criticaba cómo su país olvida sistemáticamente admitir y pedir perdón por los crímenes que cometió contra naciones vecinas, como China o Corea. Durante la promoción de la película, el director reconoció su admiración por el "talento" de Horikoshi, aunque para él se utilizara erróneamente. En las notas de producción de la película, el japonés dejó por escrito sus pensamientos al respecto: "Los sueños tienen un componente de locura, y ese veneno no debe ocultarse. Anhelar algo demasiado bello puede arruinarte".
De Nausicaä a Mononoke, guerra y paz con la naturaleza
Desde los orígenes de Ghibli, sus autores siempre quisieron evidenciar que la guerra era algo mucho más grande que un conflicto entre humanos, y que sus consecuencias se extienden mucho más allá, dañando al medio ambiente. Este carácter ecologista ya presente en Nausicaä se replanteó años más tarde, en 1997, cuando surgió La Princesa Mononoke, aunque esta vez la naturaleza, el bosque, no era una consecuencia de la guerra de los humanos: era el enemigo en sí mismo, el adversario al que doblegar. "Creo que debemos reflexionar más profundamente sobre la naturaleza humana y nuestra existencia", aseguraba el director en una entrevista sobre la película.
El odio, la avaricia y la venganza juegan un papel fundamental en esta especie de Romeo y Julieta, con dos bandos claramente diferenciados entre el bosque y la ciudad, y una sociedad polarizada, sean humanos, dioses o animales, en la que no hay héroes ni villanos sino un deseo visceral de acabar con el contrario. El propio Miyazaki considera que, en esta guerra del hombre contra la naturaleza, "quienes intentaron impulsar lo mejor de la humanidad", muchas veces terminaron destruyendo los ecosistemas en los que vivían.
"Los humanos formamos parte de la naturaleza, quienes la destruimos y, al mismo tiempo, vivimos dentro de ella", reflexionaba el autor. "A menos que comprendamos la relación entre la naturaleza y los humanos desde esta perspectiva, creo que no podremos pensar en el futuro correctamente".
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