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Condor Lealtad, moralidad, confianza y remordimientos se convierten en las piezas del ajedrez de 'Cóndor'

Calle 13 estrena este martes la segunda temporada de 'Cóndor', thriller protagonizado por Max Irons que mantiene a algunos de sus personajes pero cambia de historia.

Fragmento de la serie Condor.
Fragmento de la serie Condor.

Una de las razones por las que funcionaba tan bien la primera temporada de Cóndor es porque la serie creada por Jason Smilovic y Todd Katzberges no emitía juicios de valor aún tratándose de un thriller en el que entraban en juego conceptos y temáticas tan complejas como el fundamentalismo, el patriotismo y el terrorismo. Estrenada en otoño de 2018 en España, fue el salto a la pequeña pantalla de Joe Turner, antes conocido por la novela Seis días del Cóndor y la película Los tres días del Cóndor. Este Turner, el seriéfilo, es Max Irons, quien, en una conversación telefónica con Público reconoce que "a veces contar la verdad puede hacer daño". De ahí los múltiples dilemas a los que se enfrenta su personaje.

La nueva tanda de episodios que se estrena este martes en Calle 13 (a partir de las 22:00 horas) recoge algunos de los temas abordados en la primera y se los lleva consigo profundizando más en ellos para dar forma a esa transformación interna y batalla continua de su protagonista contra el sistema. La verdad y la mentira, en un mundo en el que quienes están dentro de la CIA no pueden revelar a qué se dedican, cobran especial importancia en la historia. Y lo mismo sucede con el concepto de moralidad.

Irons reconoce, que no justifica, que cuando se trata de la CIA los "términos morales" están algo desdibujados. "Desgraciadamente, deben ser flexibles para poder lograr un objetivo. Joe ya lidiaba con eso en la primera temporada. Y creo que sigue haciéndolo en la segunda, en la que es más parte del sistema", remarca sobre su personaje. Turner, que no es agente, sino un exanalista, intenta vivir dentro de unos valores marcados por la honestidad y la verdad. Dice que no le gusta mentir. Sin embargo, lo hace, en parte, llevado por las circunstancias y convirtiendo sus mentiras en un peso que lo lastra.

No es el único. Su mochila está muy cargada y quienes hayan seguido sus pasos lo saben. En su conciencia carga con varias muertes, secretos y una larga huida hacia ninguna parte que frena cuando una llamada inesperada con una dolorosa noticia le obliga a volver a la que fue su casa, a Estados Unidos. A su regreso se lleva consigo todos esos remordimientos que no le han abandonado en todo este tiempo y que para Max Irons son una de las razones por la que Joe sigue adelante, intentando dejarlos atrás.

"Ha pagado un alto coste y siempre está en conflicto. Tiene que lidiar con lo que ha hecho para conseguir un objetivo y entiende que así es como se opera en este sistema. El conflicto personal es un coste necesario para él", explica el actor británico sobre esa lucha a la que suma su tendencia natural a desconfiar.

No es para menos. Le acusaron de haber matado a sus compañeros de equipo en la CIA y estuvo en busca y captura hasta que logró demostrar su inocencia. Ahora añade una nueva pérdida y un buen número de cicatrices físicas y psicológicas. Todo eso, sumado, "es muy duro para Joe, estar de vuelta en este mundo, estar dentro de la agencia, cómo le afectan todos los cambios y descubrir en quién puede confiar y en quién no. Lo que me gusta de la segunda temporada es que está llena de esa cinética de la primera con la parte psicológica, motivaciones".

La sensación tras ver los cinco episodios facilitados por Calle 13 antes de su estreno de mañana es que esta nueva tanda se ha planteado como una auténtica partida de ajedrez. En otoño de 2018, cuando Max Irons pasó por Madrid para presentar la serie, dijo de la siguiente temporada –entonces ya confirmada– que contaría con los "mismos personajes" pero "diferente historia y argumento". No mentía. Así ha sido y le sienta muy bien el cambio.

"La segunda temporada se beneficia del hecho de que tenemos nuevos personajes, entran nuevas agencias… Efectivamente, es una partida de ajedrez en el sentido de que están tratando de averiguar cuál es la motivación para un movimiento en particular, quién está tirando de los hilos… Creo que es lo que hace que la segunda temporada destaque", avanza.

Y en ese juego ajedrecístico intervienen la rama rusa, un agente doble por descubrir y unas escenas entre Irons y Toby Leonard Moore que bien podrían tener a dos maestros del ajedrez detrás. Como ocurre también con las que comparte Isidora Goreshter con Jonathan Kells Phillips y Alexei Bondar. Siempre en tensión, siempre estudiando al adversario, siempre calculando la siguiente jugada propia y ajena.

Descubrir al topo es solo una de las patas de los nuevos guiones y engarza con esa idea de la lealtad –a veces traicionada– a la agencia de la que tanto se oye hablar en las ficciones con miembros de la CIA, el Mosad, el KGB… como protagonitas. También tiene que ver con la historia de la CIA, con sus intereses, que "no tienen necesariamente que ver con beneficiar al mundo o a la gente sino con el interés de unos pocos. Y esto, aunque cliché, parece confirmarse una y otra vez (…) Así que creo que Joe tiene problemas con esto: con ser parte de una organización que está involucrada en este tipo de actividades con otras agencias y con dónde está la lealtad al verdadero ideal americano".

De la posibilidad de una tercera temporada no se puede decir nada aún. Mucho menos, añade, con lo rápido que "está cambiando últimamente" el mundo. Lo que sí se puede asegurar es que Max Irons ha hecho suyo el personaje al que interpretó Robert Redford en el cine. En realidad, ya lo logró en la primera temporada. Esta segunda no hace más que confirmarlo.