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Coronavirus Teatros y salas de conciertos, ahogados por las restricciones mientras se prima la 'cultura del bebercio'

El sector de los espectáculos en directo exige abrir con un aforo del 100%, porque entiende que en sus locales no hay contagios de coronavirus y que las limitaciones son "un ataque directo a la cultura".

Concierto de Love of Lesbian, en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
Concierto de Love of Lesbian, en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Alejandro García (EFE)

Bailar pegados es bailar, aunque las restricciones del coronavirus han impedido hacerlo a los asistentes a conciertos, que han debido estar sentados en una butaca o en torno a una mesa. Las actuaciones musicales también se han visto lastradas por la reducción del aforo, lo que ha llevado a muchas salas a hacer menos caja o a suspender su actividad. El teatro y el cine también se han visto afectados, lo que ha llevado al sector cultural a lanzar continuos SOS mientras denunciaban el agravio comparativo respecto a la hostelería.

La Sala Razzmatazz de Barcelona, donde trabajan 130 personas y que lleva cerrada unos dieciséis meses, no abrirá en septiembre, lo que provocará el aumento de unas pérdidas superiores a 1,5 millones de euros, como advirtieron en su día los responsables del local. En realidad, nueve de cada diez salas catalanas no han abierto porque económicamente no les compensa. Aunque el aforo establecido en Catalunya para cines, teatros, circos y auditorios es del 70%, si hablamos de música en vivo, en la práctica se ve reducido considerablemente.

"La mayoría de las salas de mediano y gran aforo no se plantean abrir si las condiciones continúan igual. Y las pequeñas, autogestionadas y con menores gastos, van haciendo lo que pueden", explica Carmen Zapata, gerente de la Associació de Sales de Concerts de Catalunya (Asacc), quien subraya que algunas programan conciertos de manera puntual "bajo el paraguas de ciclos impulsados desde nuestra asociación". Es decir, reciben subvenciones para generar actividad, porque de lo contrario "no serían rentables".

Zapata matiza que, como la capacidad de las salas fue establecida teniendo en cuenta que el público está de pie, cuando "se pone mobiliario y se guarda la distancia" el aforo se ve reducido a menos de un 25%. Y si durante un tiempo no se podían servir bebidas, se entiende que la mayoría haya preferido mantener la reja bajada. "Las barras son un elemento fundamental para la sostenibilidad económica de las salas y de los conciertos", recuerda la gerente de Asacc, que augura el cierre definitivo de algunas.

"No sabemos cuántas se van a quedar por el camino, pero algunos dueños ya nos han dicho que van a traspasar. Lo llevan con cierta opacidad, para que no pierdan su valor, porque hay muchísimos buitres revoloteando y esperando ver caer alguna sala para conseguir esa licencia tan preciada en las grandes ciudades. Si se traspasan, lo primero que perderíamos sería la vertiente cultural de esos espacios. Seguramente no se haría música en vivo, porque no es una actividad rentable", se queja Zapata, quien asegura que hay inmobiliarias que se están dedicando a buscar locales con licencia de sala de fiestas y espectáculos.

Si ella no entiende las restricciones de su sector "mientras las plazas y las playas están llenas de personas que no respetan las medidas anticovid", Alberto Grandío denuncia que la gente beba en la calle sin mascarilla y cree que el sector ha sido víctima de un agravio comparativo respecto a la hostelería. "Mientras un bar o un restaurante cerraban a la una de la madrugada y hasta organizaban conciertos, nosotros no podíamos abrir", afirma el presidente de la Asociación Cultural Coordinadora Estatal de Salas privadas de música en directo (Acces).

Grandío no está de acuerdo con las "obligaciones arbitrarias" a las que, a su juicio, están sometidos este tipo de locales, que entiende como algo más que "ocio nocturno". Esas restricciones y las "irregularidades" que ha observado en el sector de la hostelería lo llevó a espetarle en una reunión al ministro de Cultura, Miquel Iceta, que se estaba produciendo un "ataque directo a las salas y a la cultura". Tampoco está de acuerdo con las "diferencias abismales" entre las normativas de cada región, por lo que aboga por una estatal. "Nosotros tenemos diecisiete reinos de taifas en los que mandan otros tantos reyezuelos. Los horarios y los aforos varían en función de cada comunidad, y en alguna no ha habido ayudas. ¡Un disparate!", critica.

En Galicia, la capacidad permitida es del 50%, que según él se ve reducida al 30% si se respetan las medidas anticovid. Lo sabe de primera mano, porque es el dueño del Clavicémbalo, un local de actuaciones de Lugo. Otros como él han subsistido, reconoce, con las subvenciones "enmascaradas en ciclos de conciertos, pero muchas están sin ejecutar porque la mayoría de las salas de café concierto están cerradas". Por ello, aboga por las ayudas directas.

"Yo no puedo traer a un grupo de Barcelona o Sevilla con un aforo de 45 personas, porque con la taquilla no pagas ni el transporte de los músicos, ya no digamos el hotel, por lo que tiramos de bandas gallegas", explica. También permanecen cerradas, según él, la mayoría de las grandes salas de la comunidad porque con la mitad de la capacidad resulta "inviable programar grupos de nivel". Por ello, aboga por exigir el certificado covid o una prueba PCR para entrar en los establecimientos, aunque una vez dentro deberían reducirse las medidas, como la distancia o las mascarillas. "Si estás sano, no hay problema", razona el también presidente de Clubtura (Asociación Galega de Salas de Música ao Vivo).

Grandío recuerda que los tribunales de justicia autonómicos están tumbando las normativas establecidas por las administraciones, lo que demuestra que estas "no lo están haciendo bien", según él. "Disparan hacia quienes lo hacemos bien, mientras que permiten que se monten macrobotellones en la calle", concluye el presidente de Acces.

Carmen Zapata, pese a valorar que hayan recibido diversas ayudas, va más allá: "No somos parte del problema, sino de la solución". Y recuerda que si el ensayo clínico realizado durante un concierto de la sala Apolo de Barcelona (al que asistieron 463 personas, sin ningún caso de contagio) fue "exitoso", bien podrían organizarse conciertos en las demás salas. El sector, asegura, ve el futuro con incertidumbre. Tiene las esperanzas puestas en octubre y confía en que la inmunidad de rebaño permita programar conciertos con público de pie. Con las restricciones actuales, insiste, no es rentable. "Todo depende de lo que dure esto. Ahora mismo no tenemos ni idea de cuándo ni de cómo se podrá abrir".

"Las restricciones no tienen sentido en el teatro"

El teatro también ha sufrido las limitaciones de aforo, ahora mismo en torno al 75% en la mayoría de las regiones, un porcentaje que varía en función del nivel de riesgo. Así, por ejemplo, en Euskadi ha pasado este miércoles del 35% al 60%. "Las restricciones no tienen sentido y, ahora, menos todavía. Han sido una auténtica locura para el sector, porque está al libre albedrío de unas decisiones políticas cuando se ha demostrado que el mundo de la cultura es seguro. En los eventos culturales no se producen contagios y la gente, tanto el público como los teatros, cumplen los protocolos", asegura Jesús Cimarro, presidente de la Federación Estatal de Asociaciones de Empresas Productoras de Teatro y Danza de España (Faeteda).

¿Y la hostelería? ¿Se siente discriminado el teatro respecto a los bares y restaurantes? "Nosotros hemos cumplido y respetado los protocolos, como reconoce el propio Ministerio de Sanidad. Si otros sectores no lo han cumplido, será responsabilidad suya", responde Cimarro con prudencia. "Ahora bien, si la Administración es férrea con determinados sectores y con otros no, se produce una disfunción o una competencia desleal". Algunos programadores culturales incluso se han quejado de que, mientras ellos se veían obligados a mantener cerradas sus salas, había bares que organizaban conciertos, obras teatrales y otros espectáculos.

"En las regiones que han sido muy estrictas, hemos pagado el pato, si bien en otras ha habido una mayor flexibilidad", matiza el también director de Pentación Espectáculos, que gestiona el Teatro Bellas Artes, el Teatro La Latina y el Teatro Reina Victoria, de Madrid. "Ha habido épocas en las que era inviable representar obras teatrales, lo que llevó a cancelar actuaciones, aunque ha dependido de los aforos", explica Cimarro, quien valora que haya habido ayuntamientos que pagaron el caché, pese a una menor afluencia de público provocada por las restricciones, porque "primaron que hubiese actividades culturales en sus municipios".

Esa es la clave para Marcos Ottone, director general de Producciones Yllana: "Somos una compañía bastante conocida, por lo que la gira no va mal, pero hay que tener en cuenta que ha habido municipios que han estado cerrados durante mucho tiempo. Ahora bien, necesitamos ir con caché, porque si vamos a taquilla es necesario que el teatro sea grande, porque si no los números no salen. Y hay que recordar que algunos ayuntamientos han aprovechado para recortar en cultura". Las ayudas también han sido vitales, por lo que muestra su agradecimiento al Ministerio de Cultura y al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid, aunque deja claro que preferiría volver a la normalidad.

Marcos Ottone, director general de la compañía Yllana.
Marcos Ottone, director general de la compañía Yllana. Loren Martín

"En marzo de 2020 pintaba muy bien e íbamos como un cohete, pero luego la actividad se frenó. En algunos sitios, hay gente que con un aforo reducido no va al teatro, porque tiene miedo, mientras que en otros se llena", explica respecto a las representaciones de la compañía Yllana, de la que fue fundador. Ottone puede hablar desde varias perspectivas, pues también es, junto a sus socios, propietario del Teatro Alfil de Madrid. "En nuestra sala las actuaciones no resultan viables, porque hemos habilitado un 60% del aforo (unos 115 espectadores por función), cuando la ley permite un 70%. Sin embargo, no queremos que el público esté pegado y se queje", detalla. "No obstante, con estos números y con los costes de organización que tenemos, necesitamos un alto porcentaje de ocupación, al menos de un 75% o 80%".

El Teatro Alfil se resiente, además, de la prohibición de beber en su interior, pues la barra era una fuente de ingresos extras considerable. Por eso entiende a los hosteleros, que "lo han pasado muy mal" durante la pandemia, aunque matiza que en Madrid "ha sido diferente" debido a la mayor flexibilidad del Gobierno regional. Yllana ha visto cómo se posponían giras internacionales a 2022 o 2023 en países como Corea, mientras que siguen programadas algunas actuaciones en Francia y en Portugal. "En su momento, en el extranjero se cayó todo y aquí se pararon los eventos para empresas, si bien ahora se están retomando".

Jesús Cimarro, presidente de la Federación Estatal de Asociaciones de Empresas Productoras de Teatro y Danza de España (Faeteda), cree que para levantar el sector es necesaria la apertura de los teatros al 100% de aforo, una de sus reclamaciones para empezar la temporada. De ello habló durante su reunión con el ministro de Cultura, en la que también se trató la reforma de la Ley de Contratos del Sector Público, la bajada del IVA cultural y el Estatuto del Artista. Y, aunque valora la concesión de subvenciones por parte de diversas administraciones, considera que han sido insuficientes.