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Salas conciertos Madrid Las salas de conciertos de Madrid se reinventan por la falta de ayudas públicas: "Estamos agotados y lo peor está por llegar"

'Streaming', oferta gastronómica o música en vivo a la hora del vermut son algunas de sus propuestas para sobrevivir a la pandemia.

El vocalista de Sunfaia, durante uno de los conciertos vermut en la sala Vesta. - María Senovilla
El vocalista de Sunfaia, durante uno de los conciertos vermut en la sala Vesta. María Senovilla

La madrileña Moby Dick fue la primera sala de conciertos de Europa en reabrir después del confinamiento. Hace justo un año. Al frente de la sala está una mujer, Carolina Pasero, que cuenta a Público que los primeros conciertos que se programaron entonces eran para 30 personas, sentadas y sin consumo de bebidas para que no se quitasen la mascarilla. Eran conciertos híbridos, que se retransmitían en streaming. También eran conciertos en los que perdía dinero. "Lo hicimos por principios, como un gesto reivindicativo. Dijimos: Vamos a hacer ruido".

Desde entonces, las salas de conciertos han afrontado un año marcado por los cambios de normativa cada 15 días, las restricciones y la incertidumbre de si podrán seguir vivas cuando pase la pandemia. "En estos momentos, más del 60% de los trabajadores del sector están en ERTE, y el 30% de las salas de Madrid aún no ha reabierto", explica Javier Olmedo, presidente de la asociación La Noche en Vivo. "Adaptarse a horarios tempranos nos permite aprovechar los fines de semana y poco más. Por eso solo han podido abrir las salas más pequeñas y flexibles; las grandes ni se lo plantean", añade.

Carolina Pasero, directora de la sala Moby Dick. - María Senovilla
Carolina Pasero, directora de la sala Moby Dick. María Senovilla

Lo cierto es que los conciertos a la hora del vermut ya existían antes de la pandemia. Precisamente fue Carolina Pasero quien los introdujo en Madrid, bajo el nombre de Los Domínguez y con la intención de que los papás con peques pudieran ir de concierto durante el día y conciliar así la vida familiar con la música en vivo. Pero con las restricciones horarias a causa de la covid-19 son muchas las salas que han empezado a programar música, cómicos, espectáculos de burlesque y hasta sesiones de DJ a la una de la tarde. Aún así, con el aforo reducido, sigue sin ser rentable económicamente.

Trabajar el triple y ganar menos de la mitad

Para intentar compensar estas restricciones de aforo y de horario, otras salas están programando hasta tres pases de conciertos al día. Es el caso de Vesta, en el barrio de Chueca, que ofrece además la posibilidad de retransmitir las actuaciones online.

"Los grupos son los que eligen, y el precio de la entrada online también lo ponen ellos; la sala se queda con un euro de esa entrada, la plataforma de streaming con otro euro y el resto es para ellos", explica Elena Rosillo, especialista en cultura underground y programadora de Vesta. "El streaming es algo que ha surgido de la pandemia, y que no hubiera pasado de otra forma", añade.

Rosillo: "Trabajas el triple y ganas menos de la mitad, pero al menos los grupos se pueden seguir subiendo al escenario"

Esta sala tiene aforo para 250 personas, pero ahora solo pueden meter a 46 y sentados. Por eso multiplican los shows. "Al final trabajas el triple y ganas menos de la mitad, pero al menos los grupos se pueden seguir subiendo al escenario", se consuela Elena. "Estamos esperando a que Ayuso cumpla su palabra de ampliar los horarios, como prometió en campaña... ya sé que estamos pidiendo a la Administración muchas cosas, pero para eso están y para eso les pagamos", concluye.

Elena Rosillo, programadora musical de la sala Vesta. - María Senovilla
Elena Rosillo, programadora musical de la sala Vesta. María Senovilla

Lo que les piden, todas las salas en general, son ayudas económicas como las que reciben otros espacios culturales. Esta es una reivindicación que viene de lejos. "Las salas de conciertos no estamos consideradas como cultura, sino como ocio nocturno, y esto tiene que cambiar", dice Carolina. "¿Se están dando cuenta en el Ministerio de Cultura de lo que suponen las salas de conciertos? Es donde nacen las bandas, la música de un país".

Sin embargo, están fuera de las subvenciones del INAEM que sí reciben, por ejemplo, los teatros; y los conciertos en streaming no tienen IVA reducido como otros espectáculos culturales. "Estamos agotados física, psicológica y emocionalmente, trabajando en modo superviviente porque sabemos que si echamos la persiana ya no la vamos a levantar. Las salas de conciertos no son negocios rentables, por eso programamos en horarios donde se venden bebidas, pero somos gestores de cultura", continúa la directora de Moby Dick.

El público, sentado durante uno de los conciertos en la sala Vesta. - María Senovilla
El público, sentado durante uno de los conciertos en la sala Vesta. María Senovilla

"Y lo peor está por llegar. Hay salas que han empezado a abrir hace dos meses y están probando, pero, si no nos inyectan ayudas ahora, en 2022 no van a quedar abiertas ni la mitad", vaticina Carolina. A diferencia de países como Francia o Alemania, en España las administraciones públicas no se han preocupado por este sector de forma explícita. Solo en Madrid hay 60 salas de conciertos, y las únicas ayudas que han recibido son las que se han dado a la hostelería en general, para sufragar parte del alquiler y de los gastos fijos durante unos pocos meses. Ayudas insuficientes en cualquier caso.

Los músicos, la otra cara de la moneda

"Los artistas son nuestros compañeros de viaje, y si las salas de conciertos dejan de programar puede haber un corte generacional", advierte el presidente de La Noche en Vivo. Una preocupación que comparte Indio, el dueño de la mítica sala Gruta77: "La situación es grave... Si seguimos así, Madrid podría quedarse sin música en vivo. ¿Te imaginas la ciudad sin conciertos?".

Indio: "Si seguimos así, Madrid podría quedarse sin música en vivo"

Imaginar una ciudad sin música en vivo es imaginar una ciudad sin referentes sonoros. Sin los grupos que mañana ya no estarán en Spotify. Porque las salas de conciertos son, ante todo, un vivero de artistas. Donde empiezan todos y cada uno de los grupos que suenan en nuestros auriculares cuando vamos en el metro o caminado por la calle.

Juan Luis Nieto 'Indio', en los camerinos de la sala Gruta77. - María Senovilla
Juan Luis Nieto 'Indio', en los camerinos de la sala Gruta77. María Senovilla

En Gruta77 hoy se hacen conciertos para 29 personas. La entrada se cobra a 20 euros con la consumición incluida y la mitad de la recaudación es para la banda. En esta sala de Carabanchel, que lleva más de 20 años abierta, están apostando por shows largos y contundentes, con los que el público sienta que ha valido la pena pagar la entrada y quiera repetir.

"De momento solo vienen bandas madrileñas, hay muchas y las tenemos que ayudar", relata el dueño de la sala. "Los músicos son los grandes perjudicados junto con las salas de conciertos; muchos están en la puta calle, y luego hay que pensar en las bandas nuevas que no serán... Con qué argumento van a ir ahora los chavales a sus padres, cómo les van a decir: Papá, que no quiero ir a la universidad, que lo que quiero es tocar la guitarra... no sé qué va a suceder con los músicos", sentencia Indio.

La 'audiophile' de Tempo Club durante una de sus actuaciones en directo. - María Senovilla
La 'audiophile' de Tempo Club durante una de sus actuaciones en directo. María Senovilla

Endeudados pero apostando por el futuro

Junto a la Gran Vía de Madrid encontramos Tempo Club, una sala reconvertida en terraza y espacio gastronómico. "El verano pasado hicimos obras para crear una audiophile sala y poner cocina, y hemos enfocado la actividad a una franja horaria más diurna", cuenta a Público Roberto Tempo, uno de sus fundadores. "Se trata de un concepto que surgió en Japón y que hemos querido poner en marcha aquí, a pesar de la situación, porque ya lo teníamos pensado antes de la pandemia".

Tempo: "No hay servicio de barra, no hay aforo y los horarios son ridículos... así no nos vamos a recuperar"

Pero esta reconversión aún no se traduce en beneficios. A la inversión que han hecho se suman las pérdidas por las restricciones. "Todas las salas de música estamos perdiendo dinero ahora mismo, y lo peor es que nos hemos endeudado para seguir abriendo", asegura. "No hay servicio de barra, no hay aforo y los horarios son ridículos... así no nos vamos a recuperar".

El escenario de Tempo Club en un instante del concierto de Marina Lledó y Reinier Elizarde. - María Senovilla
El escenario de Tempo Club en un instante del concierto de Marina Lledó y Reinier Elizarde. María Senovilla

Sin embargo, Roberto está convencido de que esta crisis se podría superar mucho antes que la de 2008. "Creo que nos podríamos recuperar más rápido ahora que hace diez años, porque entonces la gente no salía y no tenía dinero para gastar; en cambio, ahora hay ganas de volver a salir, los ratos que nos dejan funcionar se llena, y si relajan las restricciones y nos dejan trabajar esto puede volver a funcionar".

Parece que la apuesta por ofrecer conciertos en horario diurno, el streaming y la diversidad en la programación han venido para quedarse. Ahora falta que el público quiera formar parte de esta nueva etapa. "Las salas de conciertos crean tejido musical y cultura, y la gente se ha dado cuenta. Espero que no lo olviden cuando acabe todo esto y que sigan apostando por ir a las salas a descubrir bandas nuevas", concluye Elena Rosillo.