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Daniele Vicari: "Las democracias europeas han descubierto que la democracia no era necesaria"

El director muestra en 'Diaz, ni limpiéis esta sangre' la represión y tortura policial a los manifestantes que acudieron a protestar a la cumbre del G-8 en Génova en 2001

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Con las violentas cargas policiales en las manifestaciones del 14-N aún muy recientes, llega a los cines españoles una película que muestra la salvaje actuación policial en otro país europeo, Italia. Diaz, no limpiéis esta sangre, de Daniele Vicari, narra la feroz represión de las fuerzas del orden en Génova, durante la cumbre del G-8 en julio de 2001. 'Génova fue el momento álgido de esta actitud policial ahora extendida'. La película ganó el Premio del Público en la reciente edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

En julio de aquel año se produjo un poderoso movimiento social. Alrededor de 300.000 personas llegaron a la ciudad italiana para protestar ante las autoridades de los países más ricos del mundo allí reunidas. Las acciones de protesta se saldaron con un muerto, Carlo Guiliani, 1.000 heridos y 280 arrestados. Una vez que las manifestaciones habían terminado, en la medianoche del 21 de julio, más de 300 policías entraron en la escuela Diaz-Pascoli, sede del centro de prensa del Foro Social de Génova, y golpearon brutalmente a las personas que allí estaban. Arrestaron a 93 ciudadanos de varios países y 83 resultaron heridos.

Muchos de ellos fueron trasladados a unos barracones en Bolzaneto, donde fueron sometidos a abusos y violencia durante tres días. Posteriormente, fueron conducidos a prisión, acusados de 'conspiración criminal para destruir la propiedad privada, saqueo, resistencia con agravantes y tenencia de armas ilegal'. Tras las investigaciones preliminares, el juez liberó a todos los detenidos y los extranjeros fueron expulsados de Italia. Ningún gobierno europeo pidió explicación alguna. El testimonio de los detenidos provocó la celebración del conocido como Juicio Diaz, donde hace solo unos meses se condenó a 29 policías.

Usted no pensó en la película hasta 2009, ¿qué pasó entonces?

Se celebraba la primera instancia del juicio. Los responsables de la masacre fueron absueltos y a la salida de la sala, las víctimas y sus padres y amigos gritaban: 'Vergüenza, vergüenza'. Una chica alemana declaró al periódico La Repubblica que no volvería a poner los pies en Italia. Esos gritos y esas declaraciones fueron para mí como un puñetazo en el estómago, porque Italia, con todos sus defectos, siempre había sido un país muy hospitalario. Aquello iba conmigo.

¿Los hechos ocurridos en Génova en 2001 anunciaban la marea de represión policial que se extiende ahora en Europa?

Tras la caída del Muro de Berlín, las democracias europeas han descubierto que la democracia no era necesaria. Antes los conflictos sociales, su único instrumento es enviar al ejército. Génova fue el momento álgido de esta actitud policial ahora extendida. Y si alguno piensa que es algo solo de Italia, se equivoca. En la escuela Diaz había ciudadanos de muchos países, había 14 españoles, pero ningún país protestó por lo ocurrido, excepto Austria, liderado por el nazi Jörg Haider, que estaba en contra del tratado que se negociaba en la cumbre.

Entonces, en su opinión, ¿vivimos en estados autoritarios, no democráticos?

Estoy convencido de que bajo la sutil membrana democrática está toda la historia de los países europeos, que han vivido dictaduras no hace tanto. En los partidos políticos hay personas que piensan que la democracia es algo equivocado y se ve cómo renacen los partidos de extrema derecha. En Grecia ahora hay una relación entre el aparato represivo del Estado y los partidos de extrema derecha.

Ante esta situación que describe, ¿qué pueden hacer los ciudadanos europeos?

Situaciones como ésta dependen de muchos factores y uno de ellos es la falta de control democrático sobre los procedimientos económicos. La economía está, directa o indirectamente, ligada a la política y eso provoca una falta de confianza de los ciudadanos frente a las instituciones. Pero es más grave la falta de confianza que tienen las instituciones para con los ciudadanos. Nos tratan como a niños de primaria. De hecho, la policía ya pega también a los niños.

¿Cómo reaccionó la gente cuando se estrenó la película en Italia?

Se estrenó en abril. Allí el dossier de prensa era de cuatro volúmenes de 1.000 páginas cada uno. Se creó un enorme debate público y éste provocó que se prestara más atención al juicio que estaba aún en curso. El Gobierno de Mario Monti cambió en el último momento al juez de casación y el juez nuevo confirmó la condena a los policías. Eso ocurrió ya después del estreno. Antes de la película, el juicio no había sido una gran noticia.

¿Eso confirma que el cine tiene una labor social?

Sí, no estoy de acuerdo con mis colegas cuando dicen que el cine ya no tiene la función social de antaño. En algunos momentos las personas que hacen mi oficio y el tuyo tienen que decidir si, frente a la gravedad de unos hechos, lo justo es callarse o utilizar cualquier instrumento que tengan en su mano. Dicho esto, creo que, aunque contando hechos reales, no hay que olvidar que eres un director y que la función del cine es contar historias.

¿Qué querría que sacasen los espectadores de su película?

La contingencia política hace que un español, un italiano o un canadiense, cualquiera, pueda mirar la película en relación con su país. Al salir de la sala, espero que tengan más preguntas que cuando entraron.

¿No le gustaría agitar un poco las conciencias?

Las conciencias están un poco dormidas y, creo, necesitan que se las maltrate un poco, porque con esta somnolencia corremos el riesgo de despertar un minuto después del desastre. Yo confío mucho en el ser humano y creo que se puede salir de esta situación actual. No solo depende de los dirigentes políticos, también depende de nosotros. Tenemos que reaccionar,  si no ¿qué hacemos? ¿Esperar a que caiga el maná del cielo?

Arnaldo Castaro, un hombre de 62 años que fue golpeado por la policía en la Escuela Diaz, declaró a la televisión italiana: 'No creo que el Gobierno se procese a sí mismo'. Se refería al juicio, que se ha extendido a lo largo de diez años, en el que se investigaron los hechos ocurridos entonces en Génova.

Dos altos funcionarios, entre ellos el ex jefe de la Policía Gianni De Gennaro, fueron condenados a más de un año de cárcel por instigación al falso testimonio pero, a pesar de ello, hoy ambos han sido ascendidos. De Gennaro es actualmente el jefe de los servicios secretos italianos.

Por su parte, Mario Placanica, el carabiniere acusado de haber matado a Carlo Giuliani, fue puesto en libertad alegando 'legítima defensa'. La versión del juicio decía que Placanica había disparado al aire y que la bala golpeó una piedra que había lanzado un manifestante, que finalmente rebotó contra del rostro de Giuliani, matándole.

Los 44 imputados por las torturas cometidas en el cuartel de Bolzaneto fueron condenados a indemnizar a las víctimas. Antes de llegar al último grado del juicio, 37 de ellos se libraron al prescribir los crímenes.