Público
Público

Felices, sangrientas o grotescas, las bodas inolvidables del cine

Olivier Nakache y Eric Toledano se meten con ‘C’est la vie!’ en el corazón de una boda, ceremonia que han aprovechado los mejores, desde John Ford y Coppola, pasando por Kusturica y Fatih Akin, hasta Berlanga, Cukor o Cimino para hablar de lo humano y lo divino

Publicidad
Media: 3.67
Votos: 3

'C'est la vie!'

“Bonasera, vienes a la boda de mi hija y me pides que mate por dinero”. El enterrador Amerigo Bonasera suplica a Vito Corleone que se cargue a los tipos que han violado y golpeado brutalmente a su hija. El Padrino, un buen siciliano, no puede negar un favor un día como ése. Fuera, los novios y los invitados marcan con las palmas el ritmo de una Tarantela napolitana que canta la madre de la novia…

Es uno de los mejores arranques del cine y, sin duda, una de las más extraordinarias bodas que se han rodado en la ficción. El Sí, quiero en la gran pantalla da para mucho y casi siempre da lo mejor cuando trasciende la supuesta historia de amor que le acompaña. Ahora, Olivier Nakache y Eric Toledano, artífices del súper éxito cinematográfico Intocable, lo utilizan como excusa para mostrar las alegrías y desventuras de una cuadrilla que se dedica al negocio de las bodas. C’est la vie!, que compitió en el Festival de San Sebastián y está protagonizada por Jean-Pierre Bacri, muestra los entresijos de la ceremonia desde el punto de vista del organizador, los camareros, el Dj, el fotógrafo…

Bodas antes de la muerte

Además de concluir comedias románticas más o menos facilonas, las mejores bodas del cine son las que sirven para denunciar prejuicios, hablar de negocios, avivar conflictos, iniciar matanzas sangrientas, sellar decepcionantes matrimonios, cargarse tabúes… En El Padrino la boda de Connie (interpretada por Talia Shire, hermana del director) con Carlo Rizzi (Gianni Russo) es una entrada directa al mundo de la mafia, a sus tradiciones, y al encuentro con esos personajes de la familia Corleone. Seis años después, Michael Cimino utilizó la misma ceremonia en El cazador para mostrar el vínculo de amistad de sus protagonistas, describir a la juventud de esos años y, sobre todo, para celebrar la vida antes de la muerte en la guerra de Vietnam.

'El Padrino'

Deseando que no se celebren

Bodas a bordo de un barco, como la de Radio encubierta que oficia Quentin (divertidísimo Bill Nighy), el capitán del barco de la radio pirata y que el equipo retransmite en directo; en grandes mansiones o pequeñas iglesias… Bodas de todas las religiones. Bodas civiles. Bodas que estás deseando que no se celebren –todo el mundo quiere que Tracy Lord (Katharine Hepburn) plante al estirado George Kittredge (John Howard) y vuelva a casarse con el granuja de su ex marido C.K. Dexter Haven (Cary Grant) –Historias de Filadelfia (George Cukor, 1949)-, o bodas que felizmente no se celebran nunca, como la de la bella Buttercup (Robin Wright) con el príncipe Humperdinck (Chris Sarandon), heredero del trono de Florin, en La princesa prometida (Rob Reiner, 1987).

'Historias de Filadelfia'

Porque no queda más remedio

Bodas porque no queda más remedio, como la de Carmen y José Luis. Un cura termina de oficiar una boda de ricos en una iglesia. Cuando los recién casados se van por una puerta, por la otra entra una pareja de pobres para casarse. Mientras los monaguillos recogen la alfombra y apagan las velas de la ceremonia anterior, el sacerdote va casando a los nuevos. No muy sutil, pero pura comedia negra, Luis García Berlanga afinó mucho contando las desgracias, contradicciones y miserias de la clase obrera del país en pleno franquismo con El verdugo (1963). Bodas en las que los novios no están de acuerdo –Gato negro, gato blanco (Emir Kusturica, 1998)- o donde todos están ya muertos –Underground (Kusturica, 1995)-.

'Freaks'

Por coveniencia y convenientes

También hay en el cine una cuantas bodas por conveniencia, como la de Sibel y Cahit en Contra la pared (2004). Fatih Akin mostraba esa boda turca como una salida rápida y eficiente para engañar a intransigentes radicales y vivir la libertad. La película le valió el Oso de Oro en Berlín y el Premio de la Crítica Internacional. Otras son bodas muy convenientes, como la de Howard Brackett (Kevin Kline) y la señorita Emily (Joan Cusack) de In & Out (Frank Oz, 1997). “Sí, quiero”, dice ella. “Soy gay”, dice él. Hay bodas que abren la puerta de la felicidad –Sentido y sensibilidad (Ang Lee, 1995)- aunque no lo parezca y otras que son el inicio de una matanza en la que correrán litros de sangre –Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003)-. Se han contado bodas para cubrir las apariencias –El banquete de bodas (Ang Lee, 1993)- y otras que no cubren los requisitos del todo. Mary Kate (Maureen O’Hara) llevará el anillo de Sean Thornton (John Wayne), cocinará, lavará, trabajará la tierra, pero hasta que no tenga su dote con ella, no se considerará casada. “Entre nosotros no habrá puertas ni cerrojos, Mary Kate, excepto los que tú pongas en tu mezquino corazón” (El hombre tranquilo, Jon Ford, 1952). Y hay bodas que son la última boda –Melancolía (Lars von Trier, 2011)-.

'El hombre tranquilo'

Y bodas grotescas

Incluso hay bodas grotescas, macabras, hirientes... en las que los invitados apartan los ojos para no mirar al novio humillado e insultado. Así es el banquete de Hans (Harry Earles) y Cleopatra (Olga Baclanova), bajo la carpa de ese circo de tullidos, deformes y amputados –La parada de los monstruos (1932)- donde Tod Browning ambientó una de las películas más valientes de la historia. Y, por supuesto, hay bodas que no tendrían que haberse celebrado nunca, bodas por despecho, que resultan, paradójicamente, perfectas para cerrar algunas películas. Ben (Dustin Hoffman) corriendo como un loco a la iglesia donde Elaine (Katharine Ross) se ha casado. “Elaine! Elaine!”. Y la novia alejándose del recién casado, volando hacia Ben, mientras éste se defiende del novio, padres y padrinos airados agitando una cruz con la que sella las puertas del templo. Por la ventanilla de atrás del autobús se ve un velo de novia que se aleja. El graduado (Mike Nichols, 1967).

'El graduado'