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Iván Prado: "El payaso es un espejo donde la humanidad se ve reflejada"

El miembro de 'Pallasos en Rebeldía' lleva cuatro años en una gira le ha llevado desde los campamentos de refugiados sirios en Idomeni a Chiapas (México) para dar apoyo moral a "aquellos que nada tienen" y que luchan "contra la barbarie del liberalismo"

Iván Prado en la redacción de Público.- JAIRO VARGAS

ALEJANDRO TORRÚS

MADRID.- Iván Prado (Pallasos en Rebeldía) es un circo ambulante. La función, como la profesión, la lleva por dentro. Donde está hay risas y él está donde hay injusticia, dolor y sufrimiento. Lleva los últimos cuatro años recorriendo medio mundo, o más, de conflicto en conflicto. Completa una especie de "Google Maps de la rebeldía" que le ha llevado desde los campamentos de refugiados saharauis en Argelia al de los sirios en Idomeni. Ha convivido con guerrileros, con comunidades zapatistas, con víctimas de la guerra, con supervivientes de masacres controladas. Se ha despertado en casas donde no sabía qué idioma se hablaba, ni en qué país estaba. Ha huido de las balas en Líbano, en Río, en Palestina... pero, sobre todo, ha hecho reír a niños. A muchos. 

¿Qué hace un payaso en una zona de conflicto?

Primero, intentar que la gente que más sufre se ría. Esa es una gran vacuna contra el miedo y, por tanto, contra el sistema. Segundo, abrazar las causas de aquellos colectivos que se enfrentan vitalmente contra el sistema global de terror. Tercero, demostrar que el arte sirve para transformar el mundo. Cuarto, conectar experiencias y realidades diferentes. Por ejemplo, el año pasado nos acompañó al Sáhara, que es la gran vergüenza del Estado español junto a la falta de memoria, un payaso palestino. Que esto ocurra es una constatación de que pasan cosas, de que hacemos cosas. Está muy bien teorizar, es maravilloso e imprescindible, pero la vida es otra cosa. La vida es praxis. De repente, que Pepe Viyuela se venga con Pallasos en Rebeldía al Sáhara es una constatación de que algo está pasando. Estuvo en Colombia, en Palestina. Hay una especie de internacionalismo de la alegría. 

También hay quién le dirá que lo que le ocurre a usted es que está loco.

Obviamente que estoy loco. Sin locura no podemos soñar un mundo igualitario, feliz, bello y en democracia. Sin locura no habría utopía y sin utopía no hay humanidad. Venimos de un sueño. Alguien soñó que en este planeta se podría pintar el Gernika, escribir El Quijote, hacer la película El Dictador... Somos como los hijos de Julio Verne. Somos hijos de esos sueños utópicos y transformadores. Por ejemplo, sin locura es imposible imaginar un festival de cine en pleno desierto bajo las estrellas y rodeados de un ejército y millones de minas como el Fisahara ¿Cómo se hacen las cosas sin locura?

"Los payasos somos alquimistas de las emociones y chamanes de la alegría. Recordamos que todo lo cotidiano tiene un punto de especial y todo lo especial tiene un punto de cotidiano"

¿Existe un Iván Prado payaso y otro más personal? 

Hay muchos personajes dentro de Iván Prado. En realidad, el personaje del payaso es una especie de calidoscopio que según vas girando vas viendo todas las posibilidades y todas las formas. El payaso es un espejo donde la realidad se ve reflejada. Se reconoce en la posibilidad que es el ser humano. Somos alquimistas de las emociones y chamanes de la alegría. Recordamos que todo lo cotidiano tiene un punto de especial y todo lo especial tiene un punto de cotidiano. El Iván Prado que habla ahora no es el mismo que se emborracha por las noches o el que se enamora y escribe una carta de amor o el que se pone delante de un tanque en Israel. Pero todos esos Iván Prado representan esa posibilidad. En el fondo, esto es un juego de espejos. No somos un solo ser. No somos solo una sola persona con un solo rol. Somos todas las posibilidades del ser humano que hay. Y recordar eso es la función del payaso. Recordar que no somos aquello figura que el sistema, la sociedad, la educación, el consenso social o tu tara mental te ha llevado a creer que eres. Finalmente es un juego. 

¿Y todos esos Iván Prado que te conforman han pasado miedo a lo largo de estos años de conflicto en conflicto?

Alguno que otro no. El que golpea los cristales en un check-point en Kalandia, en la frontera entre Cisjordania y lo que llaman Israel, no. El que sale corriendo en Gaza para ayudar a heridos cuando caen bombas, no. Estos no tiene miedo. El que sale a hacer reír en el tribunal de los pueblos en Ciudad Juárez ante 500 personas que llevan todo el día contando violaciones, maltratos, desapariciones... Ese tampoco. Ese Iván Prado está conectado con el payaso en un sentido espiritual y no tiene miedo. Pero hay muchos yo que sí sienten miedo. 

¿Cuándo? 

En una situación de violencia cotidiana. Ivan Prado tiene miedo cuando su madre sufre. O cuando alguien se pega en el metro con otra persona o cuando soy incapaz de entender a otra persona y esa situación de incomprensión lleva a una distancia. 

¿No hay ningún Iván Prado que eche de menos un hogar? Es decir, no te has despertado nunca y has pensado: 'Joder, ¿yo por qué no me hice funcionario de correos?'

(Risas) No, no. Me veo y me siento nómada. Obvio que me canso, pero no soy capaz de parar de momento. Me siento muy feliz, normalmente. Claro que me siento cansado, que echo en falta cierta intimidad... A veces no sé en qué país me despierto o qué lengua se habla en la zona donde estoy. Pero me siento feliz. Siento que no hay mayor felicidad en el mundo que ser coherente con el papel que vienes a representar. Para eso te tienes que vestir de mucho ego y de mucho consenso social y abrazar tus gilipolleces, tus contradicciones, tus taras mentales.... y hacer un caldo gallego. Todo mezcladito, mucho amor y a fuego lento. 

Me veo y me siento nómada. Obvio que me canso, pero no soy capaz de parar de momento. Me siento muy feliz

¿Y qué siente cuándo está delante de decenas de niños que esperan que
les haga reír?

Amor. Cada vez siento más amor. No sé si es una cosa de la edad. Al principio era una cosa de militancia, de activista, de monitor de tiempo libre, de El Club de los poetas muertos. Pero cada vez siento más amor y reconocimiento. A esa edad temprana de la vida la esencia está más presente. En español se dice dar a luz y no es una casualidad. Cuando nace alguien se trae un poco de luz de estrella del cielo y se mete en un cuerpo que camina, habla, anda, ríe, sufre, llora y tiene orgasmos. Esos seres que están más cerca del inicio están más vivos. Están más cerca de la esencia. Me despiertan mucho amor, mucha ternura y mucha confianza en el ser humano. 

¿Qué le piden?

Jugar. Piden jugar y que los escuches. Dos cosas fundamentales para los seres humanos. 

¿Hay elementos comunes entre el niño saharaui, el mexicano y palestino, por ejemplo?

Muchos. Las ganas de jugar. Las ganas de reconocer que la tragedia, la desgracia, el genocidio es un juego. Una metáfora de una posibilidad de la vida. Pero también diría que entre el comandante clandestino revolucionario zapatista y un hombre y una mujer siria en Idomeni hay mucho en común. No sólo entre los niños. Aquellas personas que se juegan la vida a diario o que su vida no está garantizada están más cerca del núcleo de la vida. Están más vivos. Son más generosos, asertivos, despiertos, abiertos... Es el mejor público para el payaso. Puede ser una favela de Río, un campo de refugiados en Calais, en el Sáhara, en la Selva Lacandona. Esa gente está más cerca del origen de la vida y nos recuerda que todo es posible. Incluso en medio de la guerra. 

"Siento que no hay mayor felicidad en el mundo que ser coherente con el papel que vienes a representar"

En los campamentos de refugiados eres prácticamente un héroe para los más pequeños. Te he visto, de hecho, disfrazado de súper héroe. Cuando regresas a la sociedad occidental, ¿has sentido clasismo cuando dices que eres payaso?

No me considero más que nadie y, por lo tanto, menos que nadie. Desconozco ese lugar. Desconozco el lugar de la autoridad militar, de la autoridad política, institucional y desconozco el lugar de la autoridad moral o cívica que pueda decirme dónde estoy yo. Como no reconozco ese espejo, no me leo ahí. Desde que he decidido ser payaso nunca he sentido una discriminación porque no doy lugar a sentirla. No doy ese poder. No se lo doy a los que me metieron preso en Israel, ni al Guardia Civil que me pide el DNI, ni al que en una conversación se cree en un lugar mejor. 

Acabas de nombrar el día en el que Israel te hizo preso. ¿Qué hacia un payaso en una cárcel de Israel?

¿Qué hace un payaso en una cárcel? Pues lo que hacía era desmontar este sistema global de terror. Demostrar que el sistema no es tan justo ni es tan lógico. Cuando se mete preso a un payaso que sólo quiere hacer un festival para niños en un campo de refugiados se está desenmascarando todo el discurso sionista. Supongo que me encarcelaron por varios motivos. Había una cuestión de inteligencia militar: nosotras alimentamos la resistencia palestina en la medida en la que alimentamos la esperanza. No llevamos armas, pero llevamos vacunas contra el miedo y hacemos más fuerte la resistencia desde la esperanza y la alegría. Había también una miopía absoluta desde el nivel político al pensar que a los payasos se nos podía maltratar. Y, por último, un componente puramente arbitrario, circunstancial, de unos humanos que se han vuelto mesas, armarios, que se han cosificado, en ese lugar de la represión que es Ben Gurión, que no es un aeropuerto, que es un check-point, quizá el más grande del mundo.

"No llevamos armas, pero llevamos vacunas contra el miedo y hacemos más fuerte la resistencia desde la esperanza y la alegría"

Que alguien se niegue a abrir su correo electrónico en un ordenador los descoloca tanto que inmediatamente les hace desplegar todas las pantallas del Mario Bross de la represión. Primero te desnudan, después te hacen la foto y después te quitan el móvil y el pasaporte. Te meten en la lechera, en la prisión, después golpean los barrotes para que pienses que están torturando a tu compañera palestina. ¿Qué hace un payaso en un prisión israelí? Pues desmontar la teoría de que Israel es un país. Israel es un ejército de ocupación. Los países modernos después de la Revolución Francesa se dotan de ejércitos para defender la población e Israel se dota de una población, que son los colonos, para defender al ejército. No es una democracia, no e sun Gobierno, no es un Estado... Es un ejército de ocupación. 

¿Fue está tu peor experiencia o no estuvo ni cerca?

¿Qué hace un payaso en un prisión israelí? Pues desmontar la teoría de que Israel es un país. Israel es un ejército de ocupación"

No, no. Ni cerca. He tenido varias que no desearía a nadie. Pero te voy a contar una que viví en Palestina. Pasé la noche en Kalandia, era mi primer Festiclown en 2011, y tenía que pasar de vuelta a Jerusalén. Había una cola inmensa y tenían abierto en esos boxes que tienen como la ventanilla 2 y la 3 para poder pasar al otro lado. De repente, cerraron estas colas y abrieron como otra ventanilla. La gente comenzó correr hacia la nueva cola atropellándose, golpeándose para volver a colocarse en la fila, pero a la inversa. El que antes estaba el último ahora estaba el primero. Una militar israelí maltrataba a la gente que acudía y dejaba pasar a unos y a otros no. Yo empecé a golpear el cristal y a insultar. En ese momento veía que Israel estaba venciendo. Nos estaba convirtiendo en animales. Fue una derrota brutal ver cómo la represión cotidiana, lo que que no son bombardeos, torturas... que es solamente jugar con la gente en un check-point, puede llevar a un ser humano, en este caso al pueblo palestino, a un estado de salvajismo y de animalismo. Fue muy duro. Salí muy destrozado de allí. Había visto como se había roto el espacio de dignidad con el mero gesto de apretar un botón. 

¿Qué parte de la indumentaria del payaso es imprescindible para usted?

Esto es un secreto, ¿vale? Hay una cosa en la que soy muy fetichista: los calcetines de rayas. Si me faltan los calcetines de rayas entro en pánico. En Idomeni trabajé incluso descalzo. Los niños me traían sus zapatos para que el payaso no estuviera descalzo. He trabajado sin nada, pero si me faltan mis calcetines de rayas de payaso... Me da algo.