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Joan Fuster La Generalitat declara el 2022 como Año Fuster: "El mayor intelectual valenciano del siglo XX"

La declaración de 2022 como Año Fuster por parte de la Generalitat supone reparar un agravio comparativo hacia un personaje que desde la derecha se ha intentado criminalizar y hacer caer en el olvido.

Museu de Joan Fuster en Sueca
Una de las salas del Museu de Joan Fuster en Sueca. Museu Joan Fuster

Durante años, mencionarlo fue como mentar el demonio. Las instituciones valencianas, los grandes medios de comunicación y algunos institutos culturales intentaron silenciarlo, como si nunca hubiera existido. Pero parece que enterrar Joan Fuster no era tan fácil. Su legado, con el paso del tiempo, más que olvidarse, se va agrandando. Cien años después de su nacimiento y 30 después de su muerte, la Generalitat ha declarado el 2022 Año Fuster, y ha creado una comisión para coordinar las decenas de actos, publicaciones y otras iniciativas que se realizarán durante doce meses.

"La declaración del Año Fuster es muy positiva, tiene que servir para normalizar su figura y permitir acceder a su obra a lectores a quienes, durante muchos años, la parte más política del autor los ha disuadido a hacerlo", explica Salvador Ortells, director del Espai Joan Fuster, una casa-museo ubicada en Sueca, población natal del escritor y donde residió hasta su muerte, y que no pudo abrir las puertas hasta el 2017, ya con el cambio político realizado.

Releer Fuster

En el País Valencià, Joan Fuster es "la medida de todas las cosas –tal como lo describe la escritora Gemma Pasqual, empleando el título de uno de sus ensayos.- Es uno de los grandes ensayistas europeos del siglo XX. Un humanista y el principal introductor de la modernidad en nuestra sociedad". Intelectual en la forma clásica del término, Fuster se interesó por multitud de temas, desde la historia hasta la música, pasando por la filosofía, la filología o el turismo, como ensayista y periodista, pero también cultivó la poesía, el género epistolar, los dietarios y los aforismos, una especie de tuits avant la lettre y que hoy en día son ideales para configurar memes. "También fue un articulista y opinador incansable, que cuando lo vetaron en la prensa valenciana escribió en cabeceras como La Vanguardia, El País, El Norte de Castilla, entonces dirigido por Miguel Delibes, o la revista Destino. De hecho fue su obra periodística la que le permitió profesionalizarse", explica el también escritor Toni Mollà, autor de diferentes ensayos sobre el pensamiento de Fuster.

"Sin Fuster ahora mismo no habría valencianismo ni sería posible articular nada en este sentido, ni cultural, ni políticamente", resume el escritor y periodista cultural Xavier Aliaga, en una línea similar a la que planteaba Pasqual. "Incluso aquellos sectores que reniegan de Fuster tendrían que ser conscientes que su actividad cultural o política no sería posible sin él. Es una figura fascinante que su dimensión política no puede anular, hay que normalizarla definitivamente", continúa Aliaga, autor de una antología de textos titulada Fuster per a ociosos.

Joan Fuster nació en Sueca (València) en 1922, en el seno de una familia carlista adicta al régimen franquista. Estudia derecho en plena posguerra y va haciéndose un espacio en la exigua vida cultural de aquellos años. Sus reflexiones sobre los valencianos le llevaron a alejarse cada vez más del régimen y "evolucionar hacia un concepto del País Valencià y los Països Catalans, y también hacia la izquierda, al darse cuenta que la derecha valenciana nunca asumiría la cuestión nacional", explica Mollà. 1962 marca el punto de inflexión. Aquel año escribe dos de sus ensayos más fundamentales: Nosotros los valencianos y Cuestión de nombres. Y también otro libro aparentemente muy inocente: una guía turística de la colección Guías de España editada por Destinoy titulada El País Valenciano.

"La leyenda dice que el entonces director de Las Provincias, José Ombuena, quería escribir la guía, y en desquite inició una campaña de prensa contra Fuster y su trabajo. A Fuster nunca lo crucificaron por Nosotros los valencianos, entra otras cosas porque tuvo mucha menos repercusión", asegura Mollà. Sea cual sea, a partir de entonces Fuster queda vetado en la prensa valenciana y en la derecha local nace un odio profundo hacia él, que aun hoy continúa. Paralelamente, su perfil más cívico y activista gana más peso. "Es impresionante cuando ves todas las grandes iniciativas culturales de la época –la editorial 3i4, los Premios Octubre, Acció Cultural del País Valencià...- y como resulta que Fuster siempre estaba detrás", explica Pasqual, quien coordinó el libro Nosaltres les fusterianes, donde diferentes mujeres dels Països Catalans reivindican su figura. El editor Eliseu Climent recordaba en un acto reciente como Fuster los cedió su biblioteca personal para llenar la librería 3i4 en su inauguración.

Un activismo que lo llevaría a sufrir una campaña creciente de amenazas y agresiones por parte de la extrema derecha durante la Transición, incluidos dos atentados con bomba –el 1978 y el 1981- que nunca han sido aclarados por la policía. Era la época de la llamada Batalla de València, durante la cual, la extrema derecha atacaba impunemente activistas e intelectuales de izquierdas y valencianistas. También los poetas Vicent Andrés Estellés y Manuel Sanchis Guarner sufrieron atentados "Además, con la llegada de la democracia, Fuster se convierte en una figura muy incómoda y es aislado también por los nuevos poderes", detalla Pasqual. Una situación que lo llevaría a un enclaustramiento voluntario durante sus últimos años.

Normalizar Fuster

"Parte de las prevenciones con Fuster son comprensibles –concede Aliaga,- sobre todo desde la política, si se conoce la configuración sociológica del País Valencià, pero incluso sus detractores tendrán que aprender a convivir con él, como Catalunya han aprendido a convivir con Josep Pla o Xènius". Desde Sueca, Salvador Ortells defiende la tarea pedagógica realizada desde la Casa Museos que "ha contribuido a normalizar su figura y seguramente ha ayudado a que hoy pueda haber un Año Fuster".

Por ahora, la derecha mediática y política valenciana ha pasado bastante por alto la celebración del Año Fuster, a pesar del giro anticatalanista del PP de Mazón que busca la polémica en espacios como este. "No es cierto que la derecha odie Fuster, es básicamente el fascismo, que odia cualquiera que no piense cómo ellos", defiende Pasqual, quien, en referencia al PP, asegura que "tendrían que estar contentos que un personaje de su importancia sea valenciano".

Para Toni Mollà, el pecado de Fuster fue precisamente "evolucionar desde el establishment hacia posiciones de izquierdas, nunca le perdonaron la traición, y por eso sufrió tanta represión. Él mismo escribió que siempre había buscado alguien que le contestara y solo había encontrado gente que le insultaba". Quizás ahora es una nueva oportunidad para contestar Fuster. Previa lectura, obviamente.