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“Los jóvenes españoles que se han unido al yihadismo sufren una crisis de identidad”

Periodista de la televisión pública catalana, Anna Teixidor publica 'Combatents en nom d'Al•là', un trabajo para comprender las razones que han llevado a miles de jóvenes criados en Europa a desplazarse hacia Siria o Iraq los últimos años para combatir.

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Anna Teixidor, autora del libro 'Combatents en nom d'Al•là'

BARCELONA.- Coautora del reportaje A la recerca del paradís (En busca del paraíso), una investigación a fondo sobre el yihadismo que emitió TV3, Anna Teixidor ha profundizado en la cuestión con el libro Combatents en nom d'Al•là. De Catalunya al Gihad (Combatientes en nombre de Ala. De Catalunya al Yihad).

Periodista de la televisión pública catalana, Teixidor da voz a combatientes y simpatizantes de grupos como el Estado Islámico o Jabhat al-Nusra. Con el trabajo intenta comprender las razones que han llevado a miles de jóvenes criados en Europa -al menos 140 en España- a desplazarse hacia Siria o Iraq los últimos años para combatir. No esconde que se trata de un fenómeno “complejo”, advierte de los peligros que conlleva la creciente islamofobia y apuesta por aplicar planes contra la radicalización que combatan la narrativa yihadista.

¿Cómo empieza a investigar este tema?

En mayo de 2014 tuve una conversación con un policía y me explicó que hubo homenajes a mártires en el área metropolitana de Barcelona. Me llamó mucho la atención y me pareció que debía tirar del hilo. Yo había trabajado sobre todo temas de inmigración, de prostitución y también una serie de piezas para el informativo de niños de Catalunya a los que los padres mandan a Gambia para estudiar en madrasas. Otra cuestión es la incapacidad que tienes con las notas de prensa del Ministerio del Interior cuando hay detenciones de presuntos yihadistas, porque no hay manera de contrastar ni de hablar con los detenidos, ya que todos acaban entre rejas. Y me pareció importante dar voz a la gente que simpatizaba o decidía hacer el viaje para unirse a lo que ellos entendían como yihad.

Una de las grandes dificultades del libro es contactar con los testimonios. Supongo que son horas de trabajo para ganarse su confianza.

Perseverancia y paciencia. En Facebook hicimos unas 300 solicitudes de agregaciones de amistad y de éstas hablamos con unas 30 personas que nos respondieron. Nos interesaba sobre todo personas que hablaran catalán o castellano para tener la perspectiva de aquí. Quisimos contrastar si estaban en la zona de conflicto o simpatizaban desde aquí. Y fuimos a buscarlos a sus casas para conocer a su entorno, ganarnos su confianza y que nos dieran una entrevista para que expusieran que pensaban sobre los grupos yihadistas y sus acciones.

¿Qué ha llevado a unas 140 personas del Estado español a trasladarse a Siria o Iraq en los últimos años para unirse al Estado Islámico o a otros grupos como Jabhat al-Nusra?

En la falta de identidad hay un sentimiento de exclusión, de humillación y de injusticia, no es tanto por una cuestión socioeconómica, porque entre los que han marchado ha habido quien tenía buenas nóminas.

No es fácil establecer denominadores comunes, porque hay muchas casuísticas, pero sí que vemos que entre la gente más joven hay una crisis de identidad. No terminan de sentirse de aquí, porque les dicen que son de fuera, ni tampoco se sienten del país de sus abuelos cuando van de vacaciones. Al final su referente es la umma, la comunidad musulmana, y su patria acaba siendo el islam. En él encuentran una respuesta y un elemento de pertenencia. En personas mayores ha habido un largo proceso de reflexión, en el que han contrastado lo que les llega de las redes yihadistas con sus lecturas, como el Corán o la Sunna y a partir de esta reflexión han decidido viajar, a veces con mujer e hijos. En la falta de identidad hay un sentimiento de exclusión, de humillación y de injusticia, no es tanto por una cuestión socioeconómica, porque entre los que han marchado ha habido quien tenía buenas nóminas. En la decisión de irse también está la voluntad de ir a defender a sus hermanos musulmanes ante un dictador como Bashar al Asad,...Es un fenómeno complejo, en el que existe el tema de sentirse excluidos y humillados por determinados episodios de la historia y sobre todo con el papel de diversas potencias, como Estados Unidos con la guerra de Iraq y el engaño de las armas de destrucción masiva.

¿Cómo funcionan las redes de captación?

El principal mecanismo de captación son las redes sociales. Sabemos que en muchos casos, y sobre todo a principio de la guerra, había un encuentro entre captador y víctimas. Ahora a raíz de las operaciones policiales los captadores ya no se fían y no los hacen porque creen que pueden esconder policías o confidentes. Con todo, nos hemos encontrado en algún caso, en el barrio del Príncipe, en Ceuta, en el que una persona de la familia habría captado a sobrinos y primos y los habría enviado a Siria. No está claro si habría recibido una cantidad económica por cada persona reclutada. Estamos hablando de personas que pueden estar aparentemente muy integradas en la sociedad y que llegan a tener cargos públicos en la administración.

De hecho, en el libro habla de un miembro de los cuerpos de seguridad.

Sí, parece que además de ser reclutador estaría haciendo de confidente de los cuerpos policiales y que jugaría un poco entre todas estas partes. Algunas de las personas que forman parte de la red de reclutamiento están muy inseridas socialmente y por esto es difícil detectarlas. En Francia o Inglaterra, donde hay segundas o terceras generaciones [de musulmanes], todavía lo es más. Las herramientas de captación son muy sofisticadas y saben muy bien a quien se dirigen.

Después de cada atentado en Europa aparecen discursos populistas e islamófobos que estigmatizan a la población musulmana. ¿Alimentan la radicalización teniendo en cuenta que contribuyen a aumentar el sentimiento de exclusión?

Es un gran problema. Lamentablemente la islamofobia está aumentando y en algunos países vemos como crecen los partidos xenófobos. Cuando hablas con los cuerpos de seguridad ves que una de las principales preocupaciones de las instituciones públicas es el miedo a la islamofobia. Y cuando explicamos el fenómeno del yihadismo quizás sin querer la estamos alimentando.

¿Y cómo se debería explicar para evitarlo?

Tenemos que intentar ser muy prudentes y no hacer afirmaciones a la ligera que no estén alimentadas con datos cualitativos y también cuantitativos. Es una asignatura que creo que está pendiente. Se debe abordar con mucho cuidado.

Combatientes terroristas del autoproclamado Estado Islámico

Sólo el 10% de los detenidos en España acusados de terrorismo yihadista ha sido condenado. Pero la simple detención ya marca a la comunidad. ¿Puede ser peligrosa esta justicia preventiva?

Sí. Lo que vemos es una justicia muy preventiva y una actuación de los cuerpos policiales en la que sólo con indicios ya actúan y detienen. Y muchas veces estigmatizan. En uno de los casos localizamos a una chica que intentó ser captada por Estado Islámico, pero se opuso frontalmente y lo colgó en Facebook. Un cuerpo policial se dio cuenta, contactó con ella y durante seis meses colaboró con ellos, haciendo informes exhaustivos. Pero otro cuerpo policial la detuvo y acabo yendo a prisión. Finalmente la causa se archivó y salió en libertad, pero todavía hoy sus vecinos piensan que es una terrorista. Y no ha habido ningún comunicado oficial del ministerio ni de ningún cuerpo policial en el que digan públicamente que hubo un error. Es evidente que hay disfunciones.

¿Cómo se debe actuar en barrios como el Príncipe, en Ceuta, principal punto de origen de las personas que desde España se han unido al Estado Islámico?

El plan nacional contra la radicalización se aprobó en febrero del año pasado y en estos momentos sólo está en fase de diseño. Ha habido algunos cursos de formación a cuerpos de seguridad, pero estamos en el inicio.

En Ceuta la situación es mucho más compleja porque tienen la frontera al lado. Lo que pasó es que llegaron imanes salafistas de Marruecos que cruzaban la frontera, daban una charla por la tarde y volvían. Se cree que en abril de 2012 marcharon los primeros ceutíes a Siria, que se inmolarían al cabo de pocas semanas. Y hay las grabaciones de estas charlas de imanes, en las que se ve claramente que hay un llamamiento a la yihad. En el caso de Ceuta era como una célula hispano-marroquí en la que reclutaron a mucha gente. En el norte de Marruecos, en el triángulo entre Tánger, Tetuán y Castillejos, han captado a centenares de personas. La influencia en Ceuta es brutal. Sólo del barrio del Príncipe se han marchado unas 20 personas. Se está trabajando, pero no sé si una manera lo bastante decidida. Pensad que el plan nacional contra la radicalización se aprobó en febrero del año pasado y en estos momentos sólo está en fase de diseño. Ha habido algunos cursos de formación a cuerpos de seguridad, pero estamos en el inicio.

¿Cómo funcionan los planes contra la radicalización en otros países?

En Inglaterra tienen mucha experiencia con esta tema y tienen una gran diversidad de planes y quién lidera el proceso es la sociedad civil. En Francia se han encontrado el problema de cara y están intentando implantarlos a contrarreloj. Cada país lo afronta de la manera que puede, siempre teniendo en cuenta su radiografía social y económica. Las recetas que se utilicen en Francia, Dinamarca o Inglaterra no necesariamente tienen que funcionar en España. Los que trabajan en este tema en las instituciones españolas dicen que se deben encontrar fórmulas concretas para el caso español, porque hablamos básicamente de primeras generaciones y en el resto de países hablamos de segundas y terceras.

En alguna otra entrevista ha defendido la necesidad de reinsertar a los combatientes arrepentidos qué vuelvan. ¿Cómo se debería hacer?

Deben tener una segunda oportunidad aquellos que han ido, que no han cometido delitos de sangre y existe la posibilidad que se reinserten socialmente.

Ya se está haciendo en Inglaterra, Francia o Países Bajos. En España se dice que no todavía no hay. En Catalunya hay sospechas de retornados, pero no se ha podido demostrar que estuvieran en zona de conflicto. Yo digo que deben tener una segunda oportunidad aquellos que han ido, que no han cometido delitos de sangre y existe la posibilidad que se reinserten socialmente. Con los que han cometido delitos de sangre el proceso será mucho más largo y primero se deben arrepentir. En Europa vemos que hay arrepentidos. Si realmente es así y han pasado un proceso, se deben poder reinsertar socialmente. ¿Qué haremos con ellos, ponerlos todos a la prisión?

Se le puede rebatir desde que si vuelven y siguen radicalizados pueden estar tentados de atentar aquí.

También puede ser que los pongamos a la prisión, se les acuse de formar parte de una organización terrorista, no hagamos nada y atenten cuando salgan. Lo que creo que se debe hacer es trabajar con ellos para desradicalizarlos y combatir la narrativa yihadista. Es un debate pensar que se debe hacer con la figura de los retornados. Se tiene que contrarrestar la información que les llega a los jóvenes desde las redes sociales. Pero no es fácil hacerlo y tampoco sabemos quién debe hacerlo. En el caso de España sí que se ve que como de momento no tenemos retornados que hayan cometido delitos de sangre y estén arrepentidos no tenemos referentes autóctonos que puedan hacer esta contranarrativa, los tenemos que ir a buscar fuera. Y esto es una situación que se debe resolver. La pregunta es ¿cuando tengamos estos retornados, se estará preparado para afrontarlo? ¿Se habrá trabajado ya previamente? Nos están cogiendo todas las políticas a contrapié. Y faltan apoyos para poder dirigir a los jóvenes radicalizados a sus familias para que les ayuden y sobre todo combatir las ideas que les llegan a través de las redes.