Público
Público

La larga vida de un globo rojo

Hou Hsiao-Hsien adapta uno de los mejores cortometrajes de la historia del cine

SARA BRITO

En 1956, Albert Lamorisse filmó a su hijo Pascal en las calles del barrio Ménilmontant de un París gris. Era el protagonista de un mediometraje inolvidable, que ganó La Palma de Oro en Cannes y el Oscar a mejor guión original. Era El globo rojo, la historia de la amistad de un niño y un globo, que funcionaba como una poderosa metáfora de la imaginación, en serio riesgo en un mundo cruel.

Cincuenta años después, el prestigioso director taiwanés Hou Hsiao-Hsien ha traído de vuelta a París aquel globo rojo. “El globo es como un un alma vieja de los años cincuenta que viene a echar una mirada a la modernidad y a los niños de hoy. Como cuando Buñuel dice en su autobiografía que querría levantarse de su tumba cada 100 años para leer los diarios y ver cómo va el mundo. Es una emoción profunda hacia el mundo que compartimos todos”, responde en entrevista desde Taiwán.

“El sabe muy bien que estos niños no le harán caso, porque tienen demasiado, pero el globo aporta una mirada”, aclara.

También Hsiao- Hsien aporta una mirada externa al París de hoy, uno dominado por el estrés, los coches, la prisa y el individualismo. El es un extranjero en Francia, que ni siquiera entiende la lengua y que fue invitado por el Museo d’Orsay para realizar un filme en el que éste apareciera. En la película su mirada está encarnada por la de una estudiante de cine asiática que entra en la vida de la desquiciada y tierna Suzanne (Juliette Binoche, enorme) y su hijo, para ser testigo, como la cámara del director, de sus pequeños temblores cotidianos.

Hou Hsiao- Hsien (Café Lumiere, El maestro de marionetas, Millenium Mambo), director aclamado en festivales como Venecia, Berlín o Cannes, pero de limitada difusión en España, realiza en El vuelo del globo rojo, recién estrenada en salas, una revisión de la película de Lamorisse sin atarse al original, que vio poco antes de escribir el guión. “Para mí El globo rojo dibuja una realidad cruel. No creo que la película de Lamorisse muestre la alegría de la infancia”, opina.

El taiwanés toma sólo el icono del globo y el impulso documental sobre la vida cotidiana de París que ya practicó Lamorisse, para realizar una película que contempla el presente y sus misterios bajo la mirada melancólica de un globo que sobrevuela los tejados de París.

No se puede esperar de El vuelo del globo rojo, como de ninguna de las películas del director, una trama dramatizada y cargada de clímax. Se trata más bien de contemplación, urdida a partir de largas tomas y un guión abierto, que deja en las manos de los actores las líneas y la carne de los personajes. “Me rijo siempre por el mismo método, excepto cuando hago una película de época: elijo los lugares donde los personajes viven y se mueven cada día, los detalles de su vida, cosas que me ayuden a dibujar un personaje”.

Algo que le permite no hacer ensayos y proveer a los actores de una situación sin diálogos precisos. Los actores usan, entonces, el lenguaje de la vida real. “Yo sólo les miro”, reconoce, “porque lo que busco es que los personajes estén vivos. Quiero que sean reales”.

En la película de Hsiao- Hsien, al contrario de la de Lamorisse, la interacción entre el niño y el globo es fugaz y ocasional, una decisión del taiwanés bajo la que yace una reivindicación política: “Estamos amarrados a la realidad. Y lo que tenemos muchas veces es de segunda mano, ideas de otra gente, como la television. Nos proveen de ideologías, de opiniones. Desde pequeños, nos han lanzado en una trampa”, de la que quizás sólo un globo rojo podrá sacarnos.

Es misterioso que el autor de un cortometraje tan fascinante como El globo rojo (1956) haya caído en el más absoluto olvido. Como lo es que ni siquiera se le recuerde por haber inventado a principios de los cincuenta el popular juego de estrategia Risk o por ser uno de los autores más originales del cine con niños (El globo rojo, Crin blanca).

Documentalista, fotógrafo y director de ficción, Lamorisse murió también de forma misteriosa: en un accidente de helicóptero mientras rodaba un documental en Irán (El viento de los enamorados). Antes, en 1956, Lamorisse había contado la historia de un niño que entabla una curiosa relación con un globo rojo. La película, con apenas diálogos, persigue las correrías de ambos, documenta la vida cotidiana del París de la posguerra y nos cuenta que la maginación puede sobrevivir a una ciudad gris, represiva y envidiosa.

 

El maestro de marionetas (1993)

Gran premio del Jurado en Cannes. La historia de un maestro de marionetas que sirve para contar la Historia de Taiwán desde 1909 cuando Japón ocupa la isla.

Millenium Mambo (2001)

Un fragmento de la vida de Vicky. Un pedazo de la existencia claustrofóbica de unos jóvenes en el Taiwán contemporáneo. Contada en flashback (con un presente en elipsis), que profundiza la melancolía.

Café Lumiere (2003)

El homenaje de Hou Hsiao Hsien a Yazujiro Ozu. Una joven escritora investiga la vida de un compositor taiwanés de los años treinta, a la vez que un librero amigo de ella investiga acerca de los sonidos del servicio de trenes de la ciudad. Una historia sobre la incomunicación.