La ciudad que expulsa a sus librerías: "Pérgamo cierra porque los alquileres se lo están llevando todo"
La librería más antigua de Madrid baja la persiana en su 80º aniversario después de que las dueñas del local no hayan renovado el contrato. Sus responsables critican un modelo de ciudad que excluye a quienes la habitan y advierten de que la presión inmobiliaria amenaza la supervivencia de otros pulmones literarios.

Madrid--Actualizado a
"Busco un libro agotado", comenta un señor nada más entrar en el local. "Por el placer de entrar en una librería", añade, consciente de que no lo va a encontrar.
La novela La larga espera del ángel, de Melania G. Mazzucco, fue publicada por Anagrama en 2011 y está descatalogada.
Él lo sabe. María Treviño, también.
Sin embargo, en vez de limitarse a responderle que no lo tiene, ella abre una pestaña en el ordenador, entra en TodosTusLibros.com —la web de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías— y le confirma que no está disponible.
"Lo sé", contesta el señor, que ha abierto la puerta por el placer de entrar en una librería, aunque esta no es precisamente una librería cualquiera, algo que a buen seguro también sabrá. María Treviño, socia del negocio junto a Pablo Cerezo, despega la vista de la pantalla, se dirige al cliente y le recomienda que busque en una web especializada en libros usados, antiguos y descatalogados: "Ahí lo encontrará".
- ¡Enhorabuena por los ochenta años! —se despide.
- Ahí va un pobre hombre que no sabe nada —comenta María cuando ya ha salido del local.
Pérgamo, sí, celebró el 26 de septiembre ochenta años de vida.
Pérgamo es la librería más antigua de Madrid.
Y, dos semanas después del histórico cumpleaños, Pérgamo acaba de anunciar su cierre.
Es martes. A Madrid ha vuelto el sol. El goteo de clientes es incesante.
- ¿Esto qué es? —pregunta crípticamente una vecina del barrio.
- Así es, amiga —responde Pablo, sin necesidad de más explicaciones.
Pérgamo cerrará sus puertas el 17 de noviembre. Luego, sus responsables vaciarán el local y el 1 de diciembre devolverán las llaves a sus propietarias, Lourdes y Ana Serrano, hijas de un catedrático de Lengua y Literatura en la Universidad de Alcalá que no pudo llegar a ejercer porque un generalito que se creyó generalísimo dio un golpe de Estado, arrastró al país a una guerra civil y depuró a los que no se habían sumado a la rebelión.
Para buscarse la vida, a mediados de los años cuarenta, Raúl Serrano abrió la librería en la madrileña calle de General Oráa, al norte del barrio de Salamanca, y comenzó a despachar ejemplares proscritos por la dictadura en la caverna de la tienda.
Sus hijas tomaron el testigo hasta su jubilación, hace casi cinco años, cuando un inversor desconocido evitó el cierre de la histórica librería y puso al frente a Pablo y María, quienes revitalizaron Pérgamo con sus clubes de lectura, talleres y vermuts literarios, donde cada sábado los lectores se encuentran con editores y otros profesionales del sector. Un fenómeno de éxito que, de repente, se ha visto truncado, pues las dueñas no les han renovado el contrato de alquiler.
Lo que no consiguió la censura franquista ni el peligro de vender libros prohibidos en la trastienda lo ha logrado la presión inmobiliaria, aunque en esta ocasión ha sido ejercida por las propias hijas del fundador de "la reserva roja del barrio de Salamanca", como la definió en su día un editor. "No llegaron a poner sobre la mesa una subida del alquiler, sino que directamente no nos renovaron el contrato porque querían recuperar el local", explica María Treviño, quien prefiere no valorar la decisión de las hermanas Serrano.
"Nosotros hemos intentado continuar su legado", afirma la librera, convencida de que con una hipotética subida del alquiler y los márgenes del negocio, de un 30%, también se verían obligados a bajar la persiana. "Una librería da para ir justito y, después de pagar los gastos y los salarios, no genera beneficios". A los dos sueldos de Pablo y María habría que sumar el de una empleada, Nicole Duggan. "Es la gran paradoja: las actividades se llenan y los clientes nos felicitan por lo bien que nos va, pero no es suficiente", advierte él. "Pérgamo cierra porque los alquileres se lo están llevando todo".
Pablo Cerezo va más allá del adiós. "Estamos entrando en un modelo donde el rentismo lo capta absolutamente todo. Un modelo rentista es parasitario, porque consiste en lucrarse del trabajo de otros. La presión inmobiliaria es tal y los alquileres suben tanto que resulta imposible mantenerse. A nosotros no nos han renovado el contrato de alquiler, aunque este es el momento perfecto para que entendamos que lo que está en juego no es tanto nuestro futuro en particular, sino la ciudad que queremos construir".
La librería podría tener una segunda vida en otra ubicación. "Queremos transmitir el mensaje de que vamos a volver, porque nuestro entusiasmo no ha decaído. Será difícil quedarnos en el barrio, pero lo importante es el proyecto, que ya ha trascendido el local de Pérgamo y se ha convertido en la comunidad que nos rodea, gente que viene de todos los puntos de Madrid e incluso de España", comenta María Treviño entre clienta y clienta, como la que le pide libros al tiempo que se interesa por el futuro de la librería.
Un libro de María Rosa Menocal en inglés: "¿Tienes una nueva dirección?", pregunta. "Ya les iremos comentando", le responde María.
Un libro de Leonardo Padura: "¿Qué se puede hacer para ayudar?", pregunta. "Lo veremos sobre la marcha", le responde María.
Reserva ambos libros y compra otros dos.
Cuando cierra un bar, una sala de conciertos o una librería, la gente llora a moco tendido en las redes sociales. Sin embargo, ¿cuándo fueron por última vez a El Palentino? ¿Y al Café Central? ¿Y a la librería de la esquina? Quizás esta señora que se va de lleno y se interesa por la futura ubicación del local tenga todas las respuestas.
"Estamos construyendo ciudades no para la gente que las habita, sino para quienes vienen de turismo o con estancias muy cortas. Hablamos incluso de ciudades fantasma, porque en verano este barrio se vacía", reflexiona Pablo sobre la zona norte del barrio de Salamanca, donde residen numerosos alumnos de másteres de negocios que desaparecen cuando llega julio. "Está en juego el modelo de ciudad que queremos", añade el socio de Pérgamo, quien critica que las grandes fortunas y los fondos de inversión especulan al comprar viviendas y edificios que luego no son habitados, lo que según él provoca que aumenten los precios de los pisos al tiempo que hay menos residentes.
En barrios más céntricos, como Malasaña, han cerrado librerías como Tipos Infames. "Sin embargo, el local permanece vacío y sin alquilar, porque no hay quien ocupe ese espacio", añade respecto a la dificultad de sacar adelante un negocio. "Para que el proyecto sea sostenible a corto plazo, hay que dejarse la piel. Mis compañeras y yo hemos volcado nuestras vidas en Pérgamo, muchísimas horas de dedicación, esfuerzo y estrés. Ahora bien, para que sea sostenible a largo plazo es necesario tener una estabilidad, porque una librería es una comunidad y un fondo editorial, y ambos implican una longevidad que no nos conceden los actuales alquileres. Hemos normalizado mudarnos de piso dos o tres veces al año, cuando es algo insostenible, al igual que cambiarse de local. Un proyecto de esta envergadura necesita tiempo, pero no nos lo dan. En cambio, la vida debería plantearse a largo plazo".
Los clientes y amigos siguen entrando a saludar. Esta mañana han escuchado cómo Pablo Cerezo anunciaba el cierre a Aimar Bretos en el programa Hoy por Hoy, de la Cadena Ser. Luego subirán un comunicado a la cuenta de Instagram: "Pérgamo empezó siendo la librería más antigua de Madrid. En los últimos cuatro años, se ha convertido en mucho más: un enclave cultural, un lugar de encuentro y, sobre todo, una gran comunidad de lectores y lectoras. Ese crecimiento es precisamente lo que ahora impulsa la búsqueda de un local capaz de acoger todo lo que Pérgamo es hoy y todo lo que quiere llegar a ser. Siempre hemos dicho que una librería es una conversación en torno a una lectura, así que allí donde haya dos sillas y un libro, Pérgamo continuará".
Cuando celebraron el 80º aniversario, Pablo ya sabía lo que se les venía encima. En agosto, las propietarias del establecimiento les habían emplazado a hablar a la vuelta del verano. En septiembre, recibieron la noticia. Sus palabras, pronunciadas en la acera ante los invitados, rendían homenaje al fundador: "En las paredes que hay detrás de mí se alberga la historia de todo lo que fuimos y también de todo lo que quisimos ser. Y lo que nos cuenta esta librería en la que estamos es que la historia de nuestro país es también la historia de Raúl Serrano, de una librería como baluarte de la libertad, el encuentro y la solidaridad, y también la historia de un pueblo valiente. Y que si merece la pena preservar este espacio, es porque en él late todavía esta parte de nuestra historia".
Durante el discurso, titulado ¿Cuántos años son ochenta años?, insistió en la importancia del local, cuyo legado intentaron respetar, reconocer y expandir "para que los que vengan después de nosotros hagan lo mismo". Quizás ahí sembraba una pista, aunque entonces era un momento de celebración, como también lo es ahora, pues ambos socios dejan claro que durante las próximas semanas "hay que disfrutar de nuestra comunidad y despedirse" antes de buscar otro espacio lo antes posible para que "no se quede huérfana".
Ya lo decía Pablo en el aniversario: "La tradición no es la adoración de las cenizas, sino la preservación del fuego", que más que la propia librería son sus lectores. "En el fondo sois los que habéis entendido mejor que nadie que el libro es una excusa, que lo importante es y será siempre el encuentro con el otro [...]. Siempre hemos dicho que esta librería es, ante todo, una conversación en torno a un libro".
Una charla que no se apagará, pese a que María Treviño advierte de que la presión inmobiliaria está afectando a muchas otras librerías. "A nosotros no nos han renovado el contrato, pero el alquiler que veníamos pagando ya era inaccesible. O sea, teníamos que trabajar quince días para poder sufragarlo", asegura la socia de Pérgamo, quien recuerda que "el 80% de las librerías no sabe si va a poder continuar exclusivamente por el tema del alquiler". Alude a un informe de la Asociación de Librerías de Madrid, donde solo un 14,3% de ellas considera garantizada su continuidad en el local que ocupan en la actualidad. Su presidente, Luis M. Tigeras, calcula que entre el 30 y el 40% de los ingresos de los negocios se destinan a pagar el alquiler, aunque en algunos casos "aumenta considerablemente".
Entra una clienta. Habla con Pablo y María. "La rabia te va y te viene", comentan, "pero este mes será para disfrutar con vosotras, amigas y lectoras".



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