Tipos Infames, la librería que no resistió en Malasaña: "El barrio ya no es para quien vive sino para quien viene y se va"
La gentrificación, la turistificación y los altos alquileres fuerzan el cierre de un espacio cultural que abrió hace quince años en el centro de Madrid.

Madrid--Actualizado a
Tipos Infames, la librería independiente fundada hace quince años en Malasaña por Alfonso Tordesillas, Gonzalo Queipo y Curro Llorca, cerrará a mediados de febrero por culpa de la gentrificación, la turistificación y los altos alquileres en este barrio de Madrid. Más que una librería, un espacio cultural por el que estos días desfilan clientes, curiosos y escritores de la casa como Patricio Pron, Elizabeth Duval o James Rhodes, mientras Alfonso Tordesillas atiende a Público.
- ¿Qué ha supuesto Tipos Infames para Malasaña y Madrid?
- La inauguración en 2010 —cuando estábamos en plena crisis económica, cerraban las librerías y el panorama era muy negativo— fue una bocanada de aire fresco. La idea de que otra ciudad era posible: tres jóvenes podían sacar adelante un proyecto y vivir de ello. En su momento transmitió una sensación de esperanza y, con el tiempo, nos hemos convertido en un espacio cultural que ha vertebrado parte de la vida del barrio, hasta el punto de formar parte de la identidad de Malasaña.
- No solo abrieron tras la gran recesión de 2008, sino que después atravesaron una pandemia y la gentrificación del barrio, que les ha dado la puntilla. Una crisis tras otra.
- Claro, eso es lo que nos ha llevado al cierre. Quienes vienen a pasar temporadas muy cortas y llenan el centro de las ciudades tienen unos hábitos de consumo diferentes. O sea, no consumen cultura. Ese cambio en el modo de entender la ciudad, la gentrificación y los alquileres altos que pagamos nos han forzado a tener que marcharnos del barrio.
- Menos vecinos y, por tanto, menos clientes.
- Y aunque los vecinos fuesen los mismos en número, son distintos. El barrio se modula cada vez más para el gusto del que llega, no del que habita aquí. O sea, ya no es para quien vive, sino para quien viene y se va. Por ejemplo, el piso de arriba era de una señora que vivía con sus dos hijos. Cuando falleció, lo dividieron en —digamos— tres unidades habitacionales para personas que pasan temporadas. Que vienen y se van, por lo que no pertenecen al barrio ni a la ciudad: hacen un consumo muy determinado y desaparecen. A eso se suma que la gente que antes vivía en el centro ha tenido que marcharse y ya no vuelve, porque ya no le apetece, por rechazo o por lo que sea. Todo eso afecta directamente a las ventas. No es un solo factor, sino un cúmulo de circunstancias que hacen inviable seguir en el barrio.
- ¿El alquiler ha sido determinante?
- Sí. Pagamos un 50% más de alquiler que cuando empezamos hace quince años, pero los sueldos no han subido ese porcentaje.
- ¿Con otra subida del alquiler a la vista?
- Sí, lo que nos impide poder invertir y mejorar el local. Esa es la realidad.
- Un gasto doble, porque enfrente a Tipos Infames abrieron otra librería, Menudos Infames, centrada en la literatura infantil y juvenil, la poesía, el teatro y la novela gráfica.
- Sí, también se ha visto afectada por esta situación. Son distintos propietarios, pero la misma avaricia. Eso no cambia.
- ¿Hoy en día se puede mantener un proyecto cultural independiente en el centro de Madrid, cada vez más orientado al turismo?
- No lo sé. Nosotros no hemos sido capaces. O, visto desde otra perspectiva, hemos aguantado quince años, que no es poco.
- Tipos Infames siempre fue más que una librería. Abajo, presentaciones, conciertos, talleres, catas de vino y exposiciones. Arriba, punto de encuentro, una cerveza o un vino y, claro, libros. ¿Cómo se concibe una librería diferente?
- Hay que partir de la idea de que una librería es un espacio donde se cuida el libro y todo gira en torno a él, porque debe ser el objeto primordial. Eso nunca se nos ha olvidado. Lo que intentamos nosotros fue quitarle cierta seriedad o solemnidad a la librería tradicional, donde podías sentir más tensión al entrar. En Tipos Infames podías hojear las novedades, pero también tomarte una cerveza, ver una exposición, escuchar un concierto o asistir a una presentación. Eso dinamiza mucho el local y lo convierte en un espacio distinto, porque la cultura se mezcla con otros placeres, como un café o una charla.
- ¿Las consumiciones y la venta de botellas de vino suponían una fuente de ingresos significativa?
- Nunca superaron el 10% de los ingresos, aunque dinamizaban el espacio y ayudaban a que la gente se acercara a Tipos Infames. Cuesta menos entrar a un bar que a una librería, porque esa aureola de templo a alguna gente le da apuro, pero si ve una barra…
- Con los márgenes de beneficio para los libreros, ¿es complicado que subsista un nuevo negocio?
- Es complicado. Nosotros no hemos sido capaces y, además, el coste personal ha sido muy elevado. En todo caso, ahora surgen librerías de autor, más pequeñas y muy especializadas. Nosotros éramos tres socios y apostamos por algo grande, con un fondo amplio y con una narrativa determinada.
- A lo largo de los años, por aquí han pasado desde Remedios Zafra hasta Sara Mesa. ¿Qué acto recuerdan con más cariño?
- Son demasiados recuerdos, pero ha habido actos muy bonitos: cuando José Guirao fue Librero por un día antes de ser ministro de Cultura; presentaciones emotivas como la de Carmen Alborch, que era una persona muy querida; o momentos compartidos con amigas y grandísimas escritoras como Lara Moreno.
- Pensaban que Malasaña, entonces, era el barrio ideal para montar Tipos Infames.
- Pese a que Gonzalo Queipo y yo no vivíamos en el barrio, lo teníamos muy trillado y era nuestra zona de ocio. Sin embargo, no abrimos la librería a lo loco, sino que antes pensamos en otras zonas e hicimos un plan de empresa. Y sí, en aquel momento Malasaña era el lugar ideal, aunque ahora ya no lo es. Nosotros hemos cambiado poco y Madrid, mucho.
- En 2011, The Economist elogió el proyecto y una década después recibió el Premio Librería Cultural.
- Tienen valor e incluso te pueden generar más pena, porque la trayectoria ha sido muy bonita, pero me reconforta saber que lo hemos hecho todo bien, lo que también supone un reconocimiento.
- ¿De qué se sienten más orgullosos?
- De seguir siendo amigos. El trato es exquisito y yo soy el padrino de los hijos de Gonzalo. Esa relación tan íntima es maravillosa, como también haber creado un proyecto de la nada y situado una librería en el mapa de Madrid, porque Tipos Infames es una referencia en la selección de libros y en el buen trato y servicio. También me quedo con la cantidad de gente que ha venido por aquí, ha disfrutado en algún momento determinado y guarda un recuerdo bonito, porque para ellos ha sido parte de su vida emocional. Eso es impagable.
- ¿Cuál es el secreto para que no se deteriore una relación después de quince años?
- El mérito es de Gonzalo y Curro [risas].
- Curro Llorca dejó en su día la librería para fundar la editorial Las Afueras. Precisamente, más allá de Anagrama o Tusquets, ustedes apostaron por editoriales independientes y contribuyeron a descubrir a nuevos escritores.
- Anagrama forma parte de nuestra formación lectora, pero hemos ido muy de la mano del grupo Contexto (Libros del Asteroide, Impedimenta, Nórdica, Periférica y Sexto Piso) y de editoriales como Caballo de Troya, Galaxia Gutenberg, Tránsito o Las Afueras, que hemos visto nacer y apoyado porque creíamos en ellas.
- En este rato han pasado por la librería Patricio Pron, Elizabeth Duval o James Rhodes, entre otros autores.
- Es gente querida que ya venía por aquí y con la que hemos compartido momentos y presentaciones.
- Cuando cierra un negocio, todo el mundo lo lamenta y llora, sobre todo en las redes sociales. Quizás habría que haberlo frecuentado antes de que se viese forzado a echar la persiana.
- Como dijo Lola Flores cuando tenía problemas con Hacienda: "Si una peseta diera cada español, pero no a mí, a donde tienen que darla, quizás saldría de la deuda". Vivimos en una sociedad tan digitalizada que pensamos que un like o un comentario ayudan. No lo hace directamente, aunque se agradece sentir el calor humano.
- ¿Les ha afectado el libro electrónico y Amazon?
- Cuando abrimos en 2010, cada Navidad iba a ser la del ebook, que iba a desplazar al libro de papel. Sin embargo, quince años después conviven ambos. Amazon afecta a muchos sectores. Ahora bien, si pensamos en el nuestro, las editoriales también venden por internet sin cobrar gastos de envío, y nadie pone el grito en el cielo. Nosotros hemos hecho lo posible por subsistir, pero por causas externas no hemos sido capaces.
- ¿Qué tres libros les recomendaría a los lectores que se acerquen estos días?
- Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel; La vida instrucciones de uso, de Georges Perec; y Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa.
- Precisamente, su selección refleja su apuesta por el fondo, porque son más de estantería que de mesa de novedades.
- Cierto, aunque nosotros los podemos tener en la mesa y recomendarlos, lo que es un lujo. Por eso abrimos Tipos Infames, porque pensábamos que nuestras propuestas eran interesantes. Montamos la librería que nos hubiese gustado como lectores. Además, también nos hemos fiado de las recomendaciones de los parroquianos: una confianza mutua muy bonita.
- ¿Han pensado reabrir la librería en otro local?
- Ahora mismo, no. Para que hubiese una continuidad, tendría que llegar un socio inversor, porque nosotros no tenemos capacidad.
- ¿Adónde irán a parar todos estos libros?
- Espero que a muchas casas. Después de leerlos, en la biblioteca de cada uno es donde mejor están. Al final, los libros encuentran su sitio, por lo que acabarán siendo la lectura de cabecera de alguien.


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