Entrevista a Ana Penyas"Las desigualdades de clase influyen en cómo duermes"
La ilustradora y Premio Nacional del Cómic analiza la realidad social a través del insomnio en su nueva novela gráfica 'En Vela'.

Madrid-
Es 4 de noviembre de un año indeterminado. Es de noche y Juan, un hombre de unos 35 años, mira la televisión sin realmente escuchar. Cuando decide irse a dormir, apaga la luz y los pensamientos aparecen. "Tu rate (en español, "tasa de productividad laboral") ha bajado esta semana", dice su supervisor. A pesar de estar tumbado en su cama, la mente de Juan vuelve a su trabajo en un almacén. El insomnio llega, ya son las 2.58 de la madrugada y no puede volverse a dormir: "Cada vez duermo peor y voy más lento. Como me echen, ¿qué hago?".
A él se unirán otros personajes como un rider o una madre de familia. En una historia que transcurre en seis noches y un día, Ana Penyas (València, 1987) hace una radiografía social a través del insomnio en su nueva novela gráfica En Vela (Salamandra Graphic). La ilustradora comenzó su carrera obteniendo el Premio Nacional del Cómic en 2018 por su primer proyecto Estamos todas bien, publicado en 2017. Fue la primera mujer en recibir el galardón tras su creación en 2007. Desde Sevilla, donde la valenciana reside actualmente, habla con Público de sus comienzos en pleno 15-M, la denuncia social a través del cómic y cómo creó su nueva obra.
¿Cómo comenzó su interés por el cómic como herramienta de denuncia social?
Yo primero estudié Diseño Industrial. No me gustaba, pero es la típica decisión de 18 años que acabas terminando. Cuando acabé, pasé un año en Barcelona buscando trabajo y no encontraba. Esto fue en plena crisis económica, antes del 15-M. Entonces me apunté a un curso de ilustración que daban en una escuela pública, en la Escola de la Dona. Siempre me ha gustado dibujar pero fue sin ningún afán profesional, y de repente me enamoró aquello.
Ahí decidí empezar Bellas Artes y volverme a València de nuevo. Yo tenía 23 años y se juntó con el 15-M. Fue un año donde mi aprendizaje político y el comienzo de esa formación fueron de la mano y ya no se despegaron. Yo me veía al principio como ilustradora, y al final de Bellas Artes ya apareció la idea de narradora de cómic. En un principio no me veía como narradora, no creía que se me daba bien.
Mi aprendizaje político y mi formación fueron de la mano y ya no se despegaron
En tus obras tratas temas sociales y de actualidad. ¿Existe una percepción del cómic como un género solo para la infancia y centrado en temas de ficción?
Hay una mezcla. Esa concepción del cómic es bastante común. Venimos de referentes de la infancia como Mortadelo y Filemón. Sí que hubo un momento en que estaba mucho más asociado a las aventuras, la infancia, la adolescencia… Aunque puntualmente siempre ha habido cómic de adulto, y de hecho el arranque de su historia viene por ahí, lo que era más popular era ese tipo de cómic.
En la cultura mainstream, sí que es más reciente que el cómic se ha abierto a más temáticas. Yo también tenía esa concepción y fue a raíz de leer mientras estudiaba que vi que es un medio como el cine o la literatura, puedes hablar de cualquier tema. Tanto desde los propios autores como desde el propio público se ha ido sacudiendo ese prejuicio. En España también está muy ligado al tema de la memoria histórica y hay bastantes autores que la han tratado. Vamos, que no soy la única.
Debido a esto, ¿crees que el cómic está infravalorado o has visto que en estos últimos años ha cambiado esa percepción en el público?
Puede seguir arraigado en ciertas personas, pero cada vez se va cambiando esa idea. Ya deja solo de asociarse a superhéroes y aventuras. Hay cada vez más un sector que, dentro de su limitado poder, va creciendo en lectores, y en lectoras. Eso también es muy importante. El cómic estaba muy asociado a los hombres, también a nivel autoral. Estaba muy ligado a un público masculino, pero se está sacudiendo eso.
El cómic ya deja solo de asociarse a superhéroes y aventuras
También ha habido ciertos cambios institucionales, como incluir el cómic en las ferias del libro. Ahora te ponen en una charla que no es solo de cómics, sino del tema que has tratado, y tú estás en una conversación de igual a igual con alguien que ha escrito una novela. Empieza a haber ciertas cosas que hacen que esos prejuicios se sacudan, aunque queda camino por recorrer.
Ganó el Premio Nacional del Cómic en 2018 con su primera obra Estamos todas bien. ¿Supuso un gran cambio en su carrera?
Para mí el premio fue particularmente rompedor porque me pilló realmente empezando. Es un premio a la mejor obra, pero es verdad que normalmente se daba a gente que tenía ya una trayectoria. Yo llevaba tres años intentando arrancar. Fue un cambio de cero a cien. Ese año la obra estaba vendiéndose bien y me estaba yendo mejor, pero el premio elevó esto a otro nivel. Me cambió la vida.
Pasando a hablar de su nueva novela gráfica En Vela, ¿cómo nace la idea de explorar el insomnio? ¿Desde un principio tenía la idea de usarlo para hablar también de desigualdades sociales y precariedad?
Fue una mezcla. Tras haber hecho dos cómics, Estamos todas bien y Todo bajo el sol, hice una exposición en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) con una amiga antropóloga sobre cómo se había transformado el trabajo del hogar y los cuidados. Yo venía de esa experiencia de investigación social y quería volver al cómic.
Estaba buscando ideas y leí un prólogo del libro El año que tampoco hicimos la revolución del Colectivo Todoazen. Hace un retrato del año 2006, un momento donde la gente estaba perdiendo poder adquisitivo pero las empresas estaban ganando, desde una estructura de collage narrativo. Muchas noticias económicas, de repente un relato, fragmentos de prensa…
Entonces me vino esta idea de collage para hacer un retrato de cómo estamos, y se me cruzó la noche. Yo creo que se me cruzó porque a mi alrededor cada vez la gente estaba durmiendo peor. Gente que siempre había dormido bien me contaba que tenía problemas de sueño. También veía que de repente había mucha gente que consumía ansiolíticos de diferentes maneras.
Juntándolo con que yo tampoco he dormido siempre super bien, no soy una persona insomne pero sé lo que es pasar esa angustia de no dormir bien, pensé desde el inicio que podía ser muy interesante hacer una radiografía social a través de una historia coral y de la noche. Me pareció que el insomnio me daba mucho juego tanto gráfica como narrativamente.
¿Ser capaz de dormir bien se ha convertido en un lujo?
Digamos que cuando cierras los ojos te vienen los problemas. La noche está ligada a la tranquilidad, pero también a la vulnerabilidad. Históricamente en la noche siempre hemos sido más vulnerables, porque tienes que relajar tu sistema nervioso para descansar. Cuando estás muy alterado, pues ese sistema nervioso no se relaja.
He hecho entrevistas a gente que duerme mal desde siempre y no tiene problemas sociales o a gente que tiene situaciones de precariedad y duerme bien. Están las dos caras, pero a mí lo que me lo que me interesaba entender es por qué cada vez dormimos peor, porque eso sí que sale en los estudios, por qué cada vez estamos más medicados y por qué cada vez hay más malestar.
Ante eso tenía que tratar los temas que nos quitan el sueño, como la inestabilidad vital, laboral, emocional… Vivimos en un mundo que cada vez cambia más.
¿Cómo acaba afectando esta inestabilidad vital al sueño?
Ahora se empieza a hablar de la higiene del sueño. Para dormir bien tienes que irte antes a la cama, no hay que ver nada de pantallas, el tema del ruido… Pero es que no todo el mundo se puede permitir tener esa higiene del sueño.
Hay gente que no puede dormir sola porque no hay espacio en la casa, hay casas que no tienen un aislamiento de la calle y se escucha todo o no tienen un confort térmico. Hay muchas razones por las que las desigualdades de clase se van filtrando en cómo duermes.
Hay muchas razones por las que las desigualdades de clase se van filtrando en cómo duermes
La crisis de la vivienda por supuesto también está muy presente. El tema de género se ve en la carga de cuidados y en todo ese peso mental que llevan las mujeres de estar pendiente de todo el mundo. Todo eso evidentemente merma el sueño.
¿Cómo eligió a los diferentes personajes que aparecen en cada noche?
Ese fue el mayor reto. Yo empecé a leer y pronto me di cuenta que con las lecturas no estaba aterrizando nada. Entonces decidí hacer un cartel que ponía "¿Qué es lo que te quita el sueño?", y lo lancé entre personas conocidas para que lo mandaran a otros conocidos. Estuve haciendo un montón de entrevistas telefónicas y presenciales.
También fui a la Unidad del Sueño del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla con una doctora que se prestó a que estuviera una mañana escuchando a los pacientes que venían. Intenté salir de mi mundo, de la gente que se parece más a mí.
Ningún personaje es nadie en concreto de las entrevistas. Por ejemplo, yo no entrevisté a ningún rider, pero sabía que quería que hubiera uno porque me permitía hablar del mundo del trabajo sin horarios, de la noche, de las redes sociales… Decidí este personaje y luego le fui poniendo cosas, como si fueran un poco un Frankenstein, de lo que me han contado y de lo que voy leyendo.
También estuve hablando con una psicóloga, con una amiga que trabaja con personas sin hogar… Así cada personaje tiene su propia historia. La que es diseñadora, podría ser yo misma o mi amiga, y para la que es más mayor entrevisté a bastantes mujeres de esa edad. El objetivo era que hubiera diferentes clases sociales, de género… Hice ese intento de equilibrar.
¿Ha cambiado mucho su manera de ilustrar en comparación con sus otros libros?
Sí, claro. Tenía que recrear la noche y como había diferentes personajes tenía que crear una paleta de color para que no se perdiera el lector. Eso también fue un reto. Realmente a nivel cromático es el que más me ha hecho tomar decisiones, el más pensado. El color acompaña al lector, es comunicación. Tenía que haber diferentes colores, pero a la vez que todos estuvieran un poco apagados.
Muy pocas veces ves el blanco, siempre hay una capa como azulada o grisácea que está por encima de la imagen y que da esa atmósfera como cuando tienes la luz apagada, es de noche, estás en casa y todo se oscurece. Solo aparece el blanco cuando hay una pantalla de móvil o una luz eléctrica.
¿Quería qué las pantallas tuvieran un papel destacado en las ilustraciones?
Sí, las pantallas y las redes sociales tenían que estar porque forma parte de todo este malestar. Atraviesan el libro, como no podía ser de otra manera. Más allá del insomnio, tiene que ver con todo. No llevamos tantos años con smartphones y ha sido una transformación brutal.
Están hechos para que nos enganchemos y, aunque tú sepas como adulta que eso no tiene sentido y te sienta mal, pues ahí vamos. No solo la juventud se pone a ver reels en bucle. Lo podemos hacer también gente con espíritu crítico.
No solo la juventud se pone a ver ‘reels’ en bucle. Lo podemos hacer gente con espíritu crítico
Yo lo que intenté es también personalizar esas redes. No todas las capas sociales ven lo mismo. Para crear al personaje joven del repartidor, me creé una cuenta de TikTok sin filtrar que yo era una chica de 30 y tantos para ver qué me llegaba. Veía cosas de desocupación, antifeminismo, un montón de consejos baratos de cómo llegar al éxito…



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