Edu Galán: "Si alguien da 'likes' a Iker Jiménez, probablemente en su tocadiscos esté sonando Taburete"
El autor del ensayo sobre la fama 'Más famosos que Jesucristo' analiza el odio a Pedro Sánchez y denuncia la explotación de los 'influencers' y la dictadura de los algoritmos.

Madrid--Actualizado a
Edu Galán (Oviedo, 1980) analiza el fenómeno de la fama en el ensayo Más famosos que Jesucristo (Debate). En esta entrevista, por la que desfilan Iker Jiménez, Elon Musk, Ibai Llanos, Donald Trump, Shakira, Taburete, Woody Allen o Belén Esteban, el escritor asturiano reflexiona sobre la dictadura de los algoritmos, la esclavitud de los youtubers, instagramers y tiktokers, el odio de la derecha a Pedro Sánchez, la necesidad de votar a la izquierda para frenar a Vox y la política convertida en espectáculo.
Aunque había oficios para gustos —policía o bombero, profesora o enfermera—, hace décadas muchos niños querían ser de mayores futbolistas o modelos. ¿Por qué ahora quieren ser famosillos, sin oficio pero con beneficio?
Eso se ve muy bien en los valores de uno de los primeros realities de la televisión, The Real World, donde los participantes creían que el programa les serviría para abrirse camino en otra carrera, algo que hoy suena naíf. Las redes sociales han cambiado las formas de relacionarnos y los jóvenes adquieren los valores que estas promulgan. Si ves quiénes son los dueños y qué destaca el algoritmo, percibes que esos valores son el dinero y la ideología neoliberal. En esta época presentista y cortoplacista, no debería sonar raro que los niños quieran ser famosos. Y lo sé porque me lo cuentan muchos padres.
Pese a la educación recibida, alguno se ha sorprendido con el viraje de sus hijos…
Las propias redes romantizan a los influencers, pero la realidad es bien distinta: su sistema de trabajo es esclavo. Solamente lo consiguen unos pocos, que acatan las cifras y visualizaciones que les facilitan sus propios empleadores. Además, nunca escucharás, precisamente por la dinámica en la que están instalados, la palabra "sindicato" de youtubers o influencers. No entiendo por qué las grandes corporaciones de medios no fríen a denuncias a Meta, a X o a TikTok, cuando ellas tienen unas regulaciones muy rígidas. En cambio, ¿por qué la Inspección de Trabajo no interviene ante un youtuber que asegura que trabaja catorce horas al día?
¿Ahora no hace falta talento —saber cantar, bailar o jugar al fútbol— o los talentos son otros? Porque usted defiende que ser tronista es un curro…
Es un talento o una habilidad. La primera persona que fue famosa no por sus méritos, sino por su propia fama, fue Zsa Zsa Gabor. Esta gente tiene que trabajar mucho, porque están todo el día mostrándose y creando narrativas —por ejemplo, "me separo de esta", "me caso con este", etcétera—. Emocionalmente es agotador, pues no hay un solo momento en que puedas escapar de ti.
"Dime a quién das likes y te diré quién eres", comenta en el libro.
Sin ninguna duda. Si alguien da likes a los comentarios de Iker Jiménez, probablemente en su tocadiscos esté sonando Taburete.
Usted sostiene que el famoso, para no pasarlo mal, debe aceptar e integrar en su vida que la gente lo sabe casi todo sobre él.
Ser famoso es básicamente una relación asimétrica, porque al famoso lo conoce muchísima gente, mientras que el famoso no conoce a nadie. Si te cruzas con Belén Esteban, ella acepta que sabes más de ella que de tu primo de Oviedo. Y te habla con naturalidad, porque como tú ya conoces su vida, ella quiere saber algo de la tuya. "¿Qué tal estás? ¿Tu familia está bien?". Es una profesional, aunque ha tenido una vida muy compleja y no lo ha pasado bien, porque la gestión de la fama no es tan fácil como parece.
¿Entiende que cualquiera pueda ser famoso como un fenómeno democratizador porque no necesita de los mecanismos y peajes anteriores del mundo, digamos, analógico?
No, eso es una cháchara. Hay menos barreras porque el ciberespacio es más amplio que el número de páginas que se pueden imprimir. Sin embargo, no es democrático, porque la fama siempre está mediada: sí hay alguien entre esa persona y el público. Más que de democratización, deberíamos hablar de viralización de la fama. O sea, te puedes contagiar de ella más fácilmente que hace tiempo, pero llegar arriba sigue siendo tan complicado como antes. O incluso más costoso, porque antaño se valoraba la distancia frente al público y ahora, la cercanía, lo cual es muy trabajoso. Por ejemplo, el discurso de Ibai Llanos empezó con ciertos valores y luego terminó poniéndose a los pies de su público y haciendo La Velada del Año. En el fondo, Elon Musk es el dueño de todos estos, el que paga la minuta, el que marca el estilo y el que moldea con su algoritmo a seres viles.
¿El odio hoy en día proporciona la fama? Cuanto más cabrón, ¿más famoso?
Según los algoritmos, hay gente que tira por ese lado en determinados sitios y otra que no, pero es verdad que existe una primacía de la declaración estrambótica. Eso es la cultura de la atención y, como en el mundo actual la fama ya no es cualitativa sino cuantitativa, y además está sometida a una competencia durísima, una de las tácticas es convertirte en una persona odiosa.
Hay gente progresista que no tiene televisión pero está todo el puñetero día viendo Instagram
¿La fama, gran herramienta del capitalismo?
Sin duda, la fama es la gran herramienta de la sociedad de consumo.
¿Los famosos son productos y los influencers, youtubers, instagramers y tiktokers, esclavos?
Claro, Shakira o Dua Lipa son productos y escaparates de marcas, pero no pueden ser consideradas esclavas. Sin embargo, en la microfama de internet, en general son esclavos porque no tienen derechos laborales.
Reivindica a los fans y denuncia el clasismo de quienes desdeñan la prensa del corazón y los realities. ¿Por qué nos parece culturalmente respetable venerar a un escritor o a un cineasta, pero ridículo admirar a una concursante de Gran Hermano? ¿Hay un desprecio de clase escondido detrás de nuestros gustos culturales?
Sí, aunque trascienden las clases sociales, porque en la calle Serrano de Madrid hay gente que ve realities sin parar. Más que de clase, creo que hay un desprecio intelectualoide, o sea, una especie de superioridad intelectual: "Yo no veo eso". Me parece absurdo, porque creo que forma parte de nuestro mundo. De hecho, me encuentro con gente progresista que me dice que no tiene televisión, pero que está todo el puñetero día viendo Instagram, que es mucho peor porque no hay editores.
¿Pero no existe un sesgo de clase y hasta de género: si soy rica de toda la vida, puedo mostrar mi vida, pero si soy una mindundi me expongo a mayores críticas?
Lo que nos venden las redes sociales es que no hay clases sociales, o sea, que tú puedes enseñar tu casa igual que un rico. La gente cree que los famosos son como ellos, porque los famosos también se han empeñado en parecer como ellos, pero qué va… ¿Cómo es posible que millones de personas se traguen el eslogan de Shakira "las mujeres facturan" cuando es una evasora de impuestos?
Decía Josele Santiago, el líder de Los Enemigos, que "está muy bien acampar en la Puerta del Sol, pero luego hay que ir a votar". ¿Espera un giro en las urnas?
Viendo cómo actúan el poder judicial, mediático y económico, la única forma que tenemos los demócratas de parar esto es votando para que vuelva a haber un gobierno de izquierdas. Nunca hay una opción política perfecta, pero hay que acudir a las urnas. Creo que Pedro Sánchez perderá, pero aguantará el envite, por lo que necesita un Frente Amplio potente. Y sí, el líder del PSOE es el mal encarnado, pero la alternativa es Vox, que está ahogando al PP.
Ya que ironiza con la fama negativa de Pedro Sánchez, ¿a qué se debe ese odio?
Yo creo que es acción y reacción. Eso lo ha sabido manejar muy bien Sánchez, porque ha entendido que no se puede ser un político actual sin generar una cierta reacción negativa a uno mismo, que le viene bien. Sin ninguna duda, es el político más importante de los últimos ocho años.
La derecha odia a Pedro Sánchez porque cree que España es suya
¿Pero por qué lo odian tanto?
La derecha vive en un shock permanente porque no aceptó no gobernar en 2023. Hay un trauma psicológico muy grande. Están muy nerviosos, porque llevan ocho años sin gobernar y creen que España es suya.
Si uno persigue la fama, ¿la consigue? Y no me refiero a la fama que otorga haber cometido un magnicidio, por ejemplo.
No necesariamente, porque la fama depende de muchos actores externos.
¿Usted ha buscado la fama?
No. La fama de nicho que tengo es consecuencia de mi trabajo.
¿No lo ha hecho a través de la confrontación en redes?
Sí, pero eso va en mi ADN. No lo hago para ser famoso, sino porque me divierte. Piensa que fui árbitro con doce años…
¿Por qué sigue en X?
Porque me jode dejar espacios. En el futuro, yo no quiero que mi hija vea que hubo la más mínima duda de que yo confrontaba con estos hijos de puta, hombre, porque si no me levanto en la tumba y me muero otra vez.
¿La fama también se cancela?
No. Sin embargo, como escribí en El síndrome Woody Allen (Debate), el cancelado, sin ser condenado legalmente, sufre las consecuencias de un condenado legalmente.
Presenta a Trump como la desembocadura del individualismo de Thatcher y Reagan, con los códigos de un programa de entretenimiento. ¿La extrema derecha está ganando porque ha entendido mejor que la izquierda que hoy la política es, ante todo, un espectáculo?
En parte, sí. Y también porque el mundo ha cambiado totalmente. No se valora a un político por lo que hace, sino por cómo suena. Los de izquierdas decíamos que el humor es el mejor antídoto contra el poder, pero de tanto repetirlo el poder se ha adueñado del humor. Y de pronto Trump cuelga un vídeo cagando y resulta tierno y gracioso.
La fama de los actores del cine de Hollywood en blanco y negro se debía a la distancia, pero hoy al famoso se le exige la cercanía, aunque sea a través de las redes o de la televisión.
La fama de principios del siglo XX servía como una evasión de los problemas cotidianos, pero al salir del cine todo volvía a ser una mierda. En cambio, la fama actual sirve para evadirte, pero sobre todo para decirte que todo va bien y para inocularte la ideología del dinero, o sea, que no vas a ser pobre para siempre y que en algún momento vas a ser igual que yo.
Rollo cryptobro. Sin embargo, en la actualidad hay menos misterio, glamour y, si nos remontamos en el tiempo, heroicidad o gesta.
Sí, la fama de la antigüedad era la gloria. La trascendencia se acabó: nadie piensa en morirse para ser famoso. Como decía David Bowie en Rebel Rebel, "You want more and you want it fast". Lo quiero ahora y lo quiero todo, no un poquitín.



Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.