Miriam Reyes: "No escribo desde la certeza, yo escribo y vivo desde la duda"
Premio Nacional de Poesía 2025, la escritora gallega debuta en la novela con La edad infinita tras publicar el elogiado poemario Con.

Madrid-
Miriam Reyes (Ourense, 1974) escribe sobre el territorio de lo mutuo y la relación con el otro “desde la desnudez de la conciencia y del cuerpo”, según el jurado que encumbró el poemario Con (La Bella Varsovia), merecedor del Premio Nacional de Poesía 2025, concedido por el Ministerio de Cultura. Una geografía de lo recíproco también presente en la novela La edad infinita (Tránsito), donde el yo-tú se convierte en un nosotros-ellos.
Si el cuerpo para la poeta es herramienta y territorio, Venezuela es para la narradora atajo y personaje, allí donde llega una niña de ocho años que deja atrás la vida con sus abuelos en Galicia para vivir con sus padres emigrados y forjarse, desde la adversidad, una nueva identidad. Hay verdad en el verso y valentía en su prosa, donde zurce heridas y conflictos, aunque reniega de la etiqueta autobiográfica porque entiende que debe primar la novela.
En el poemario Con se abre mucho, al igual que en La edad infinita, aunque de una forma diferente, menos carnal y más confesional. ¿Dónde se desnuda más y se siente más vulnerable?
Siempre he escrito desde un lugar de desnudez, que se puede entender de muchas maneras, pero sobre todo tiene que ver con un deseo de llegar al fondo de algo. Es decir, de quitar capas, donde aparece esa desnudez. En un poema de Bella durmiente (2004) digo: "Mi cuerpo desnudo está aquí / y no en otra parte. / Pasa y verás lo que hay / tras el esmalte de dientes". Ahí planteo que es el propio lugar de la escritura donde está esa verdadera desnudez, no la de quitarse la ropa. Eso ha estado siempre presente en mi escritura.
En la novela hay otro tipo de exposición desde ese otro lenguaje de la narrativa. Por más que se vea la novela como muy poética, no es un poema, por lo que el lenguaje resulta más comprensible para quien lo lee. La poesía, en cambio, trabaja más con el misterio. Por esa razón siento una mayor exposición en la novela, donde los personajes expresan sus opiniones de una manera mucho más clara que las que se pueden inferir de mis poemas.
En la novela hay territorios y en Con su cuerpo es territorio.
El cuerpo es territorio, como el poema y la escritura, que quieren ser un territorio de libertad para quien escribe y también para quien lee. El de la novela es muy concreto, donde hay una relación de amor-odio a esa hostil llamada que primero es Caracas y luego, por extensión, Venezuela.
El cuerpo está presente en todos mis libros, porque es algo sobre lo que indago. Donde mejor hablo de él es Fragmentos para una poética, incluido en Extraña manera de estar viva. Poesía reunida (2001-2021): "Mi escritura parte del cuerpo (de todo el cuerpo, no sólo de la herida). El cuerpo es mi materia, lo que soy".
¿Qué es el cuerpo? Yo todavía no lo sé. Me lo sigo preguntando, también en Con: "Todo cuanto puedo llamar mío / este cuerpo que habla y gesticula / que conoce lo que puede y desea como puede / que se encierra en sí mismo y encierra en sí / mismo". El cuerpo sigue siendo un territorio de indagación y muchas otras cosas.
En Con el cuerpo también se entiende como un choque de placas tectónicas con el otro.
Sí, eso está presente en libros anteriores. Con trata sobre cómo nos transformamos con la otra persona —y cómo transformamos a la otra persona— y cómo nos construimos, nos destruimos, nos deconstruimos y nos volvemos a construir. Y, al final, cómo construimos lo mutuo. O sea, tanto cómo afecta cada persona a la otra, como qué se puede hacer juntos. Aquí hay más interés o foco en el vínculo que en otros poemarios. Por eso se titula Con.
¿Qué une a ambos libros?
Son muy diferentes, aunque ahora están coincidiendo en el tiempo por el Premio Nacional de Poesía 2025, porque Con fue publicado el año pasado. Sin embargo, sí que los une un deseo de pensar la alteridad. En el poemario es más una alteridad yo-tú y en La edad infinita, nosotros-ellos. Llevaba tiempo dándole vueltas y en la novela me quedo pensando en eso a partir de la historia de la migración: cómo se construyen esos nosotros y esos ellos, que para mí es un gran problema. En algún momento del libro se explicita ese problema que supone que aquello que te acerca a unos te distancia de otros.
Y hay otro personaje que es la propia tierra.
Que también es otra alteridad. ¿Qué es el territorio? Algo muy complejo. Un espacio, una serie de personas, una historia común.
¿Y qué es la infancia? ¿Lo es todo? ¿Acaso una fragua? ¿Todo está en ella?
No creo que todo esté en la infancia, pero muchísimas cosas se forman y se deforman allí. Es una etapa de gran fragilidad y, para mí, una etapa muy difícil de la vida. No creo que sea fácil ser niña.
¿Usted era introvertida y hermética? ¿Esa forma de ser alimenta la lectura y, por extensión, la escritura?
Hay que diferenciar: la protagonista tiene cosas de mí, pero no soy yo. Aunque sí, es cierto, soy introvertida y un poco hermética. No sé si eso, en todos los casos, favorece la lectura o la escritura, pero en el mío fue así. La escritura es una compañía y una manera de entenderte. Y todavía siento la necesidad de traducirme en palabras.
¿Traducirse en palabras la ha ayudado a ser traductora?
No necesariamente, aunque te da muchísimo. He traducido poesía, sin embargo me da un poco de pudor que me presenten como traductora, porque no tengo una larga trayectoria y hay personas que han traducido muchísimo más que yo.
La perspectiva de la novela es interesante, porque no se trata de la española migrante, sino de un personaje de ida y vuelta, con un pie aquí y otro allá, que se siente extraño en un sitio y en otro, sometido al vaivén en pleno proceso de configuración de la identidad: una niña que es observada con una mirada "entre el desprecio y el deseo".
La experiencia de la migración produce un quiebre, algo queda escindido. Por eso hago una escisión en la voz narrativa, también para poder moverse en el tiempo y cambiar de perspectiva. Hay todo un trabajo con la voz narrativa para que sea coherente con el proceso psicológico y formalmente. La migración es una experiencia con muchas aristas, porque ese quiebre nunca es limpio. Siempre va a haber un borde dentado en el que estamos un poquito para aquí y un poquito para allá. A veces te sientes de una manera y a veces, de otra, pero lo que suele repetirse es una sensación de no acabar de pertenecer a ninguna parte, de no ser completamente de ningún sitio. Siempre sientes que no es del todo verdad cuando dices "soy de aquí" o "soy de allí", porque no eres exactamente eso. Hay siempre una falla que te desmiente.
¿Qué perdió y que ganó usted cuando de niña dejó Galicia y llegó a Venezuela? ¿Y, ya adulta, cuando regresó a España?
La experiencia de la migración al principio es dolorosa, porque implica una pérdida muy grande, pero luego ganas muchísimo, porque conoces otra manera de vivir. Yo tuve la suerte de llegar a Caracas cuando había gente de todas las partes del mundo, que procedía de otras realidades. Eso te abre muchísimo la consciencia, porque a veces rechazamos lo diferente simplemente porque no lo conocemos. Luego, volver a salir y llegar a otro sitio te hace sentirte otra vez desubicada, porque no sabes a dónde perteneces y debes adaptarte, aunque al final son experiencias vitales que te permiten vivir muchas vidas dentro de esta.
¿Le gustaría no haber salido nunca de Galicia o cree que su periplo ha sido enriquecedor?
Claro que ha valido la pena. Ahora bien, cuando veo a gente que nunca se ha movido de su lugar de origen, pienso en lo bonito que es eso. Una experiencia que yo no voy a tener nunca, porque no hay vuelta atrás.
¿También es bonito no haber visto nunca el mar?
Eso es diferente. Me refiero a tener unos vínculos muy arraigados, aunque todo tiene un lado positivo y negativo.
"Hay que escribir sin miedo y olvidándote de quién te va a leer"
Para contar todo eso, ¿la poesía se le quedaba corta? ¿Necesitaba más espacio?
Me pregunto por qué tanta insistencia en preguntar sobre el salto de género.
Dicho de otro modo, ¿qué le ha dado la novela que no encontraba en la poesía?
En general, la novela te permite estar continuamente dentro del libro durante más tiempo. Es decir, el proceso de escritura dura más. Aunque puedo tardar más años en escribir un poemario, no es el mismo tipo de proceso. En la novela hay una constancia y una continuidad mayor, necesaria para poder desarrollar una narración. En la poesía, el proceso de inmersión funciona de otra manera. Si te gusta y deseas escribir, la novela te permite disfrutarlo durante más tiempo. Y sufrirlo, porque a veces también se sufre. Desde pequeña, la novela estaba ahí, pero lo intenté varias veces y no llegaba a alcanzar esa tensión que conseguía en la poesía. Continuamente me decía a mí misma que era otra forma de traducir el mundo y que no era la mía. Aún así, cada década lo volvía a intentar, hasta que en 2020 fui capaz de llevarla hasta el final.
¿No tenía miedo a abrirse tanto?
Tienes que escribir sin miedo, porque si no te quedas a medias y no funciona. Debes hacerlo olvidándote de que hay un mundo exterior y de que lo va a leer alguien, desde lo que la historia necesita y desde lo que estás buscando, porque de lo contrario nadie escribiría. El miedo llega cuando la novela va a imprenta y te preguntas qué le va a parecer, por ejemplo, a la emigración gallega o a la diáspora venezolana. Es entonces cuando te asaltan las preocupaciones, porque en el momento de escribir intentaste ser lo más libre posible y plasmar lo que necesitaba la historia para que la novela funcionase. Eso te lo dice el libro, no se lo dices tú al libro.
¿Pero cuando escribe nunca piensa en el otro?
No puedes estar escribiendo y pensando al mismo tiempo en la mirada ajena. En ese momento, me concentro en el texto, aunque sí me hago muchas preguntas, como si estoy llegando al fondo o siendo justa con lo que digo. Hay mucha duda en la escritura y tampoco la quiero ocultar. No escribo desde la certeza: yo escribo y vivo desde la duda. Por lo tanto, esas voces que hablan en la novela son una ficción, por lo que en determinados momentos pueden ser mucho más contundentes y despiadadas.
¿Ha tenido menos miedo a hacer daño con sus poemarios?
Sí, porque la poesía es menos explícita y, además, la lee mucha menos gente.
"El cuerpo sigue siendo un territorio de indagación"
Venezuela, años ochenta y noventa: crisis económica, deuda externa, fuga de capitales, suspensión de derechos y libertades, golpes de Estado, violencia e inseguridad… Y [el personaje de] un padre duro que se niega a aceptar que se ha equivocado al dejar España atrás y mudarse a un país en declive. ¿Tanto nos cuesta rectificar y aceptar que nos hemos equivocado?
Ahora resulta fácil verlo, pero entonces era difícil saber que se estaba equivocando, porque las personas nos vamos adaptando a la situación.
La novela termina sin abordar el chavismo.
No quería hablar de algo que no conocía de primera mano, aunque en la novela se ve cómo la sociedad está preparada para que algo así suceda.
¿Qué le han contado sus compañeros y amigos que se quedaron atrás? ¿Qué fue de aquellos jóvenes revolucionarios universitarios que menciona en la novela?
Abrazaron el chavismo y trabajaron para Hugo Chávez, pese a que con los años algunos se arrepintieron. La primera vez que ganó las elecciones le votó gente que nunca imaginarías que lo apoyaría. En el caso de los personajes de la novela, mis amigos, ya están trabajando para que triunfe la revolución. La llegada de Chávez dividió muchísimo a la sociedad: ideológicamente dividió a las familias, a los amigos, etcétera. Y perjudicó a la sociedad: "Estás conmigo o contra mí".
Y sus amigos le dicen que Venezuela ahora está… ¿mejor o peor?
Hay una diáspora tremenda: muchos de mis amigos están fuera. Los que siguen en Venezuela dicen que ahora mismo está mejor que hace unos años —aunque no tanto como cuando yo me fui—, pero es que entonces no había electricidad, ni agua, ni comida…
"Los [militares] rebeldes quieren cambiar lo que hay por algo que consideran mejor. Cuando consiguen la victoria, dejan de ser rebeldes para convertirse en la nueva autoridad y tienen que controlar que no salgan por ahí otros rebeldes a lo suyo", escribe en La edad infinita.
De repente, en la novela hay muchas ideas políticas o se explicitan determinados asuntos que tienen que ver con un análisis social. Eso no está en mi poesía, lo que me hacía sentir un poquito nerviosa por cómo se iba a entender. Esas frases también son una síntesis de algo y resumen lo que sucede con frecuencia en estos casos.
"Más que el amor hace / el simulacro". Volvamos a Con: ¿qué significa haber ganado el Premio Nacional de Poesía 2025 tras más de veinte años como poeta? ¿La ha cambiado? ¿Y a ojos de los otros? ¿Qué es el éxito?
Yo no te puedo decir cómo cambio yo a ojos de los otros, pero si fuese así es un cambio en la percepción que se tiene de mí y del poemario que ha ganado el premio, porque yo sigo siendo la misma persona y el libro también. Yo no suelo pensar en términos de éxito. Por mi parte, todavía sigo en la etapa de gratitud asombrada. Significa mucho para mí, porque es un reconocimiento enorme, aunque insisto en que sigo siendo la misma.
Tanto en la novela como en su poesía hay un poso feminista, pero nada panfletario ni maniqueo.
Porque no parte de la ideología, sino que procede de la experiencia vital. Ser y tener cuerpo de mujer ha tenido unas consecuencias en mi vida: en cómo me han mirado, en cómo me han tratado, en cómo he estado sometida a una serie de injusticias sociales… El feminismo, aunque yo no soy una experta en la materia desde un punto de vista teórico, tiene toda una experiencia práctica que figura en todos mis libros y que va a seguir estando presente, porque no podría ser de otra manera.
"Siento la necesidad de traducirme en palabras"
Su poesía se adentra en la performance y en los lenguajes digitales y audiovisuales. ¿Ya no basta solo con la lectura o el recital?
Lo entiendo como una experiencia diferente. Yo empecé a trabajar todo el tema performativo, sin pretenderlo, desde mi primer recital en Caracas. Mi poesía, en su mayoría, es una poesía escrita, por lo tanto está hecha para ser leída. Sin embargo, en el momento en que tenemos un público —no una serie de lectores y lectoras en la intimidad—, hay una experiencia diferente, ante la que propongo dejar el poema escrito en el libro y hacer de los versos otra cosa, para que sea una experiencia que funcione en ese contexto diferente. Además, para mí significa otra posibilidad de creación, como una reescritura a través de otros medios.
Una doble vida.
Eso mismo.
Por cierto, ¿cómo llamamos a eso que pasó hace 500 años?
Ah, no lo sé. ¿Cómo lo llamamos?






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