Entrevista a Juan Tallón, escritor"En todas mis novelas hay una expresa intención de confundir"
Sostiene Juan Tallón que, quizá, "lo mejor de la literatura es ir directo hacia la dificultad y ver si consigues sortearla". Y así, de complicación en complicación, el escritor orensano tiene ya en su mochila varias novelas que han sorprendido siempre. La última se titula "El mejor del mundo"

Pontevedra--Actualizado a
Sostiene Juan Tallón que, quizá, "lo mejor de la literatura es ir directo hacia la dificultad y ver si consigues sortearla". Y así, de complicación en complicación, el escritor orensano tiene ya en su mochila varias novelas que han sorprendido siempre. La última se titula El mejor del mundo y, según el propio autor, "habla de la ambición, la extrañeza, la identidad, el peso del pasado". El resultado es un libro impactante, que interpela y nos plantea una pregunta eterna: ¿"uiénes somos? Más aún, ¿quiénes seríamos si, de pronto, cambiaran drásticamente las circunstancias de nuestra vida? ¿Quién podríamos haber sido y no somos? Quizás las 300 páginas de esta novela se resuman en una sola, la dedicatoria que recoge una cita de El Rey Lear de Shakespeare: "¿Quién puede decirme quién soy yo?".
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Algunas páginas de esta novela podrían ser una terrible pesadilla por lo extraño y sorprendente de un argumento que se escapa a la razón.
Me interesa el efecto que produce la extrañeza, lo imprevisto en las personas. A partir de la sorpresa, de lo que no esperamos, surge la necesidad de buscar la identidad. Esto es lo que le ocurre al personaje de El mejor del mundo, pero también creo que está presente en casi todas mis novelas. Es cierto que esa sensación de extrañeza tiene su origen en un sueño que tuve cuando estudiaba en Santiago de Compostela. En aquel momento vivía solo y, en mi sueño, llegaba a casa y me encontraba con que allí había dos personas que resultaban ser mi mujer y mi hija. Recuerdo una sensación de impotencia porque no podía rebelarme ante esa situación y debía asumir el rol de marido y padre, convertir la extrañeza en algo cotidiano. Este es el germen de esta novela, un sueño que tuve hace 15 años.
El protagonista es propietario de una empresa de ataúdes, de hecho, "el mejor del mundo" es un ataúd de oro, lujosísimo. Es curioso que elija esa profesión peculiar para muchos, pero creo que relativamente conocida para un orensano.
En Ourense la industria funeraria es bastante importante. Mi ciudad es pujante en las fábricas de ataúdes y, de hecho, hay una feria relevante a nivel internacional de elementos funerarios. Cuando estaba decidiendo a qué quería que se dedicara el personaje vi que era una opción interesante y que, además, me resultaba conocida. Entiendo que a muchos lectores les pueda resultar chocante, y eso pretendía también, pero para los orensanos es bastante familiar.
Dirigir esa empresa es la ambición del protagonista de la novela y, de hecho, la ambición es un tema recurrente en muchos de sus libros. ¿Somos lo que ambicionamos? ¿Nos definen nuestros anhelos?
Creo que la ambición es el gran argumento de la vida, un impulso que nos mueve a todos. El deseo de alcanzar un propósito, y lo que estás dispuesto a hacer para alcanzarlo, marca en cierto modo la escala moral individual. Y el abanico de propósitos es infinita. En esta novela he intentado profundizar en la ambición desmedida, algo que ya abordé en Salvaje Oeste. La vida es una carrera de acumulaciones y, en la novela esta historia está construida sobre una exageración, pero a veces es esa exageración la que nos permite ver de una forma más clara. Creo que lo que más nos define no es tanto lo que ambicionamos sino el cambio, los cambios que anhelamos, en nuestras ideas. Pensamos que se trata de cuestiones firmes e inamovibles, pero lo cierto es que están en constante movimiento.
"Lo que nos define no es lo que ambicionamos sino los cambios que anhelamos en nuestras ideas. Pensamos que se trata de cuestiones firmes e inamovibles, pero están en constante movimiento"
Entonces, ¿la naturaleza del hombre es el cambio?
Uno no es como es de una vez y para siempre, tenemos la posibilidad de ser distintos en cada momento. Cambiamos todo el tiempo y a veces no somos conscientes, pero, al final, somos muchos dentro de la misma persona. La naturaleza del hombre es no ser el mismo durante mucho tiempo. Por eso, en literatura nunca está todo dicho. Como estamos cambiando constantemente, siempre habrá nuevas formas de abordar la realidad, seguirá habiendo libros nuevos. Y este cambio constante no nos exime en sucesivos momentos del dolor. De hecho, descubrir la fragilidad es una experiencia que todos tendremos. Algo de esto intenté plasmar en Rewind: hay un momento en nuestra vida, en la juventud, en la que nos sentirnos indestructibles, pero nos corresponde asumir que tenemos que enfrentarnos a hechos para los que no estábamos preparados, y que nos van a poner la vida patas arriba.
El personaje de "El mejor del mundo" se mueve en dos mundos empresariales muy diferentes: los ataúdes y la cultura, pero en ambos hay cierta dosis de corrupción.
La cultura es un campo donde hay mezquindad como en cualquier otro sector profesional. Me interesaba el contraste entre dos profesiones muy diferentes que ocasionan dos situaciones casi antagónicas. En una el personaje lo tiene todo: un buen trabajo en el mundo de la cultura, éxito, aprobación, incluso los afectos y, sin embargo, es tan mezquino o más como el otro personaje. No sé si la cultura nos protege de la mezquindad.
Lo imprevisto, la extrañeza, ¿por qué este alejamiento de la tierra firme de lo racional?
Tiene que ver con la forma en la que un autor mira al mundo. Yo estudié la carrera de Filosofía, una disciplina en la que uno se está cuestionando las cosas continuamente, planteando preguntas y buscando respuestas. Supongo que eso influye en los acontecimientos que van a experimentar mis personajes. Encuentro muy interesante conocer cómo van a ser capaces de acercarse a los conflictos, de convertir lo extraordinario en normal, o al revés, cómo van a intentar proporcionar un estatus cotidiano a lo que se sale absolutamente de la normalidad. Es una apuesta literaria.
"La naturaleza del hombre es no ser el mismo durante mucho tiempo"
Una apuesta complicada sobre todo después de "Obra maestra", una novela demasiado real.
Sí, es una especie de bandazo. Yo intento que no haya repetición ni pautas ya exploradas en los nuevos proyectos. Siempre busco la ruptura con lo anterior. Después de Obra maestra me sentí impelido a alejarme radicalmente de la sombra de ese libro que había tenido más repercusión que los anteriores. Me temía que seguramente lo que hiciese a continuación se compararía y por eso necesité escribir algo que no facilitase esa comparación. Es entonces cuando encuentro en la extrañeza un nuevo camino que recorrer y dejo aflorar ese sueño que tuve en el pasado.
Sin embargo, ese elemento sorpresa está muy presente en todas sus novelas
Sí, es cierto. Siempre aparece un conflicto que estalla y a partir de ahí hay que gestionar todos los cambios que eso supone. En Rewind es una explosión en sentido literal la que desordena las vidas de mucha gente y las obliga a reconstruirse y a salir adelante. En el caso de Obra maestra vuelve a aparecer un acontecimiento también sorprendente: lo extraordinariamente pesado, una escultura de 38 toneladas, se esfuma con la estrategia de lo ligero y lo portátil, y eso genera una cascada de reacciones y testimonios que reflejo en la novela. Ese suceso fue la excusa para contar muchas otras cosas que ocurrieron durante esos años en España: cómo era el país, cómo funcionaba la Administración, cómo se enfrentaba un individuo al aparato del Estado… Pero también quise centrarme en el hecho artístico, en cómo se crea una obra de arte desde que solo es un pensamiento en la cabeza del artista hasta que se constituye en objeto de valor a los ojos de los espectadores. En El mejor de mundo también aparece ese cambio inesperado en el estatus de la realidad que dispara los hechos en direcciones imprevistas.
En medio de esta avalancha de realismo, de autobiografías ¿no es muy arriesgado esta deriva casi fantástica?
Yo tenía el propósito de escribir una historia que se alejara de ciertos clichés, de libros que se parecen a otros libros. Intentar escribir una obra que demande de ti más de lo que tú incluso eres capaz de dar, que te sitúe al borde del no sé si podré sacarla adelante. Creo que hay que intentar escribir un libro nuevo, aunque no sea bueno, con las dificultades que eso impone. Cuando uno toma la decisión de alejarse del realismo y exige del lector una arriesgada suspensión de su credibilidad, te sitúas en un terreno resbaladizo en el que el problema ya no es solo entrar en él, sino salir. Conduces a tu personaje a una circunstancia que nunca se ha dado en el mundo real y eso supone asumir un riesgo. Para muchos ese riesgo es innecesario, pero yo creo que el escritor debe trabajar con el problema, abandonarse a situaciones desconocidas porque ahí él va a aportar lo mejor de sí. Creo que todo escritor debe enfrentar una gran dificultad. Ya juzgarán otros el resultado.
"En todas mis novelas hay una expresa intención de confundir, de derribar la frontera entre lo que es real y lo que es inventado"
Por otro lado, nunca se aparta del todo de la realidad. La ciudad de Ourense está en cada página del libro descrita con gran minuciosidad.
Yo no quería hacer una novela fantástica, en todo caso un realismo imposible. Se produce una situación de la que no tenemos conocimiento, pero lo quise resolver como si se tratara algo común y eso es lo que genera la extrañeza. El marco es realista y he procurado ese exhaustivo detalle. Por eso aparecen los nombres de las calles de Ourense, la descripción, incluso, del mobiliario urbano. He intentado capturar una parte de la ciudad en la que vivo, por eso también aparecen los vecinos, personajes reales que uno puede encontrar en mi ciudad. Supone una especie de alivio en medio de tanta extrañeza.
La vuelta del pasado es otro de los ejes de esta novela. Hay dos guiños muy extremos: una es el recuerdo del lugar donde nació, Vilardevós, pero otro es el propio apellido del protagonista, Hitler.
Incluso en las ficciones más radicales uno se aprovecha de sus experiencias vitales, y todo ese caudal lo aprovecha para aportar verosimilitud. Vilardevós fue el pueblo donde yo viví hasta los 18 años. Es un municipio con 40 kilómetros de raia seca [frontera terrestre] con Portugal. La frontera seca tiene cierto simbolismo porque es una confusión, no hay una línea clara que demarque y es más fácil la influencia de una parte sobre la otra, todo es muy permeable. Los años que viví allí tenía la sensación de que nunca estaba claro qué era qué. Creo que en todas mis novelas hay una expresa intención de confundir, de derribar la frontera entre lo que es real y lo que es inventado. La idea es que se dude continuamente y mi pueblo fronterizo es ya de por sí un juego metafórico.
¿Y por qué Hitler?
La novela es un perseverante juego de extrañezas y me pareció que apellidar a mi personaje Hitler proporcionaría una capa más de sorpresa. No se me ocurrió otro apellido más extemporáneo en un momento como el actual. Es una provocación, y desde luego no gratuita. Y además favorece la caracterización automática del protagonista, le aporta una identidad, aunque sea prejuiciosa. Por otro lado, creo que un personaje con este nombre genera un shock del que solo te repones con información. Necesitas leer para superar esta sensación de extrañeza, uno quiere seguir la historia para conocer el origen de ese apellido, las capas que hay en una persona que se llama así.
Al lector le cuesta empatizar con este personaje, algo que nos ocurre con el resto de los protagonistas de sus novelas.
Es cierto que es un personaje depravado, violento con un umbral moral casi inexistente, con muchos rasgos que lo convierten en odioso, pero de pronto, la irrupción de lo extraordinario te permite empatizar con él porque necesitas entender lo que hace y por qué lo hace. Yo creo que hay que aspirar siempre a personajes con muchos ángulos. Antonio Hitler lo tiene todo, pero él necesita mucho menos, porque lo que realmente anhela es su empresa familiar, incluso la figura odiada del padre. El motor de la vida no son solo los afectos y los amores, también los aborrecimientos y los sentimientos negativos nos impulsan y nos hacen sentirnos más vivos, aunque nos hagan peores personas. La mezquindad está en nosotros, por eso el personaje quiere seguir cultivando una especie de odio de estirpe que lo separaba y a la vez lo unía a sus seres queridos. Es ese peso del pasado.
"El éxito es poder seguir escribiendo lo que me apetece"
Decía Emil Cioran: "Un libro debe ser un peligro" ¿Cree que la literatura también debe interpelar al lector?
Ojalá sirva para que uno sea más consciente de las decisiones que debe tomar. Si un libro sirve para curar una herida o para formularse una pregunta, creo que está haciendo bien su cometido.
El éxito es otro de los temas que aparece en la novela ¿Cómo convive Juan Tallón con el éxito de tus novelas?
Yo en eso ni siquiera pienso, me produce mucho pudor el concepto éxito. Para mí el éxito es poder seguir escribiendo lo que me apetece. Es verdad que uno quiere que lo que haga tenga cierta aprobación, pero mi triunfo es lo feliz que me hace escribir, el hecho casi ingenuo de escribir sin pensar en lo que va a venir después. ¿Qué habría pasado si no se hubieran vendido mis novelas? No lo sé, pero yo fui igualmente feliz escribiéndolas.
Empezó a escribir en gallego, ¿por qué este cambio al castellano?
Por una razón muy sencilla: no encontré editor para mi primer libro y decidí traducirloz al castellano. El problema desapareció y lo publiqué enseguida. Ahora no siento la necesidad de volver al gallego, porque mi necesidad es escribir y que lo que escriba encuentre quien lo lea. Y, si es posible, convertir ese intercambio en una forma de vida.




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