La verdad sobre el 14 de abril: por qué fue legítima la Segunda República
El 14 de abril fue proclamada la II República en España tras las elecciones municipales celebradas dos días antes, que supusieron un referéndum sobre la monarquía, y en las que las candidaturas antidinásticas arrasaron en las principales ciudades.
Vicente Clavero desmonta las críticas al origen de la Segunda República en España 1931. La legitimidad de la República.

Madrid-
Este martes 14 de abril se cumplen 95 años de la proclamación de la Segunda República. Las elecciones municipales de 1931 dejaron claro que la mayoría de los españoles estaban hartos del rey Alfonso XIII. Sin embargo, casi un siglo después la legitimidad de su origen sigue siendo puesta en duda, lo que ha llevado al periodista y escritor Vicente Clavero a desmontar las críticas en España 1931. La legitimidad de la República (Trea).
“Me provoca rubor leer y escuchar opiniones, incluso de responsables políticos, que revelan un gran desconocimiento o que directamente tergiversan lo ocurrido en ese periodo, por eso me propuse escribir un libro que explique lo que pasó realmente en aquellas fechas”, explica Vicente Clavero, quien analiza a continuación cómo unos comicios locales se convirtieron en un plebiscito que supuso el fin de la monarquía.
¿Pueden considerarse un plebiscito las elecciones del 12 de abril?
Los principales actores políticos y mediáticos de la época lo entendieron así porque pensaban que el resultado iba a ser el más conveniente para sus propósitos o intereses. Es decir, las elecciones del 12 de abril de 1931, pese a ser oficialmente municipales, desde el punto de vista político y mediático fueron consideradas antes de su celebración como una manera de refrendar o no la continuidad de la monarquía en España.
¿Todos sabían que las urnas decidirían el futuro de la Corona?
Los monárquicos no podían ni sospechar que se les iba a venir encima un resultado desfavorable y, confiados, quisieron darle a las elecciones un carácter plebiscitario para reforzar la Corona. Y los republicanos también las contemplaron como un plebiscito porque consideraban que ya se había producido un cambio en la opinión pública y que las elecciones serían el reflejo del rechazo popular a las políticas y a la figura del rey.
¿Quién ganó las elecciones?
Obviamente, las perdió Alfonso XIII, como declaró en su manifiesto de despedida a la nación, firmado el 14 de abril y publicado el 17: “Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”. No puede haber un mayor reconocimiento de la victoria de la coalición republicana y socialista, porque el propio rey consideraba inequívoco el resultado. O sea, políticamente no le cabía ninguna duda.
Ahora bien, desde el punto de vista numérico hay controversia. Aunque los resultados definitivos nunca fueron proclamados formalmente, no cabe duda de que las candidaturas antidinásticas arrasaron en capitales como Madrid y salieron victoriosas en el conjunto de los grandes municipios españoles. Sobre lo que ocurrió en el resto del país hay opiniones encontradas, pues los datos ofrecidos por el Ministerio de Gobernación y por el Anuario Estadístico de España podrían estar sesgados a favor de los monárquicos y de los republicanos, respectivamente.
Sea como fuere, hay hechos incontrovertibles, como el triunfo republicano en los grandes núcleos de población, donde se supone que el sufragio fue más sincero por la ausencia de influencias caciquiles. Además, sacar un acta en esas circunscripciones requería más respaldo popular que en los pueblos pequeños, por lo que es posible que los monárquicos obtuvieran más concejales en el cómputo total, pero menos votos.
¿Por qué se exilió Alfonso XIII?
Alfonso XIII se retira porque comprende que no tiene respaldo suficiente ni político ni armado para oponerse al cambio de régimen. Además, desde las elecciones, en la mente del rey gravita el trágico final de los Romanov tras la Revolución rusa. Es decir, le tenía pánico a que, si oponía resistencia, se desatara una revuelta. Por eso se marchó de España deprisa y corriendo.
¿Cómo reaccionó el Ejército y la Guardia Civil?
Ni el ministro de la Guerra, el general Dámaso Berenguer, ni el director de la Guardia Civil, el general José Sanjurjo, movieron un solo dedo para ponerse a disposición del rey y ayudarle a resistir el embate de las fuerzas republicanas en las urnas. La noche de las elecciones del 12 de abril, Berenguer mandó telegramas a todas las capitanías generales para que nadie se moviera porque había que respetar la voluntad popular. Y el general Sanjurjo, en una nota de servicio del día siguiente, ordenó que no se reprimieran las manifestaciones de júbilo, de apoyo a la República o de desprecio al rey, siempre y cuando fueran pacíficas. Es decir, ni el general Sanjurjo ni el general Berenguer hicieron el más mínimo gesto para salvar la Corona.
¿Por qué el rey y la Restauración estaban tan debilitados?
Estaban muy debilitados porque el rey aceptó, si no propició, el golpe de Miguel Primo de Rivera y un régimen dictatorial muy severo. Una vez que dejó el poder, Alfonso XIII tuvo la pretensión de hacer tabla rasa con la dictablanda de Berenguer. Había que depurar responsabilidades y una forma de hacerlo fue electoralmente, el 12 de abril, cuando la gente votó en su contra.
El sistema de la Restauración estaba desgastado porque no había sabido dar cauce a la voluntad de apertura política y porque tenía un sistema electoral muy corrupto, con grandes caciques haciendo y deshaciendo a su gusto. Tampoco supo dar respuesta a las ansias de autonomía de algunos pueblos de España, como el vasco y, sobre todo, el catalán. Y, además, la situación económica no era buena y el paro había aumentado: un clima social adverso que se unió al malestar político.
¿La salida del rey invalida el proceso?
No. El rey no abdicó, pero dejó en suspenso el ejercicio del poder. O sea, dejó a la Corona en el arroyo y se marchó. Que abdicara o no, desde el punto de vista político, carece de relevancia.
¿La República se proclamó bajo presión?
No cabe mayor presión que los resultados de las elecciones del 12 de abril. Además, los líderes republicanos hicieron ver al rey que debía irse ante la voluntad que el pueblo había expresado en las urnas. Y en las calles hubo manifestaciones importantes, sobre todo en Madrid, donde la gente pedía que el resultado de las elecciones se tradujera en un cambio de régimen. No fue una revolución violenta, sino un cambio de régimen ejemplarmente pacífico: la República se proclamó bajo la presión de los votos.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.