De iconos gais a víctimas de Hamás: Eurovisión, un arma de propaganda para Israel en pleno genocidio
El Gobierno y la televisión israelíes usan a sus cantantes para blanquear su imagen y proyectar al mundo un país moderno, inclusivo, tolerante y progresista.

H. M. / Pablo de la Serna (gráficos)
Madrid--Actualizado a
Israel lleva lavando su imagen en el Festival de Eurovisión, cuyas semifinales se celebrarán este martes y jueves en Basilea (Suiza), desde que debutó en 1973. Es más, su mera presencia en el certamen musical supone un blanqueamiento del país y de sus políticas contra Palestina, aunque ha habido ediciones en las que incluso incurrió en la provocación directa.
Así, tras ganar la edición de 1978 con A-ba-ni-bi, una canción sobre el amor interpretada por Izhar Cohen & The Alphabeta, decidió organizar la gala del año siguiente en Jerusalén, una elección simbólica, pues la capital es Tel Aviv. Gali Atari y Milk and Honey volvían a triunfar con Hallelujah, un canto a la belleza. Un año después, pese al contenido amable de sus letras, se producía la anexión de Jerusalén Este.
Desde entonces, Israel ha ganado Eurovisión en otras dos ocasiones y la elección de sus representantes ha tenido una intención clara. Aunque criticada por los ultraconservadores de su país, en 1998 Dana International fue la primera mujer transexual en presentarse al concurso, donde se proclamó vencedora con Diva, que rinde homenaje a las mujeres, desde la reina Cleopatra hasta las diosas Victoria y Afrodita.
Israel y su imagen en Eurovisión
Israel ha intentado proyectar así una imagen abierta, inclusiva, tolerante, moderna y progresista. Un arma propagandística que responde a una estrategia en la que el pinkwashing tiene un peso fundamental, pues al tiempo que se presenta como un país gay-friendly, con Tel Aviv como referencia y destino LGTBIQ+, viola los derechos humanos del pueblo palestino.
Netta, ganadora en 2018 con Toy, también comparecía como un icono gay y lanzaba un mensaje inclusivo a favor de la diversidad, incluida la de los cuerpos que, como el suyo, no encajan en el canon impuesto. La canción, sobre el empoderamiento femenino, también suponía una denuncia del acoso y del bullying. Aunque desde el colectivo LGTBIQ+ arreciaron algunas críticas por el pinkwashing, contaba con el favor del público.
Los jurados de los países participantes le concedieron a Netta el tercer lugar en la final, con 212 puntos, pero los fans de Eurovisión la catapultaron a la victoria con su liderazgo en el televoto, con 317 puntos. Los gráficos que acompañan este texto, con datos de YouGov, reflejan que Israel compite en un ecosistema que lo protege, pues los aficionados al certamen penalizan menos la línea política del país que la población general.
Así, Noa Kirel fue tercera con Unicorn, un canto al empoderamiento femenino, en mayo de 2023, meses antes de la guerra de Gaza, desatada el 7 de octubre. De nuevo, los 185 puntos del televoto superaron a los del 177 jurado. El público de Armenia, Azerbaiyán, Chipre y Resto del Mundo le concedió 12 puntos; el de Francia, Moldavia y San Marino, 10; y el de España, 7. Por su parte, el jurado de Armenia, Azerbaiyán, Francia, Italia y Polonia le otorgó 12 puntos, cuatro más que el de Croacia, Grecia y España.
Más polémico, sin duda, fue el quinto puesto de Eden Golan con Hurricane en 2024. Originalmente titulada October Rain (Lluvia de octubre), en referencia al ataque de Hamás de octubre de 2023, la canción fue rechazada por su contenido político explícito y criticada por lavar la imagen de Israel en plena guerra contra Gaza. Para rebajar su tono, la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del festival, exigió su reescritura.
Mientras las manifestaciones a favor del boicot a Israel se sucedían en Malmö, sede del certamen, y en otras ciudades europeas, algunos participantes en el Festival de Eurovisión denunciaban el trato recibido por su posicionamiento crítico. La irlandesa Bambie Thug aseguró que la UER le obligó a borrar en la primera semifinal dos mensajes que se había maquillado en la cara: "Libertad para Palestina" y "Alto el fuego".
Antes, la organización había cargado contra el sueco Eric Saade por lucir durante apertura un pañuelo palestino en su muñeca, una imagen que fue cancelada en las redes sociales. "Lamentamos que Eric Saade haya optado por ignorar el carácter apolítico del evento", afirmó la UER en un comunicado. Además, antes de comenzar la final fue descalificado el neerlandés Joost Klein, uno de los más críticos con Israel, por una acusación que luego no pudo ser demostrada.
Israel y los aplausos enlatados de Eurovisión
Cuando Eden Golan subió al escenario, la organización enmascaró los abucheos con aplausos enlatados, aunque el momento más controvertido llegó con el televoto. La cantante solo había rascado 52 puntos del jurado (8 de Noruega, Alemania y Chipre; 5 puntos de Bélgica y Estonia; 4 de Lituania; 3 de Malta, Georgia, Moldavia y Francia; y 2 de Letonia), pero sumó otros 323 gracias a apoyos de los espectadores.
Segundo clasificado en el televoto, Australia, Bélgica, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, San Marino, España, Suecia, Suiza y Reino Unido le concedieron 12 puntos; Albania, Austria, Chipre, República Checa, Irlanda, Moldavia y Eslovenia, 10; y así hasta Ucrania y Croacia, los únicos países donde no contaron con ningún soporte del público.
Sin embargo, la votación tenía truco. Por primera vez en la historia, el sistema de votación de la UER permitía emitir 20 votos a la vez, a un precio de 0,99 céntimos cada uno, desde la web y la aplicación. A la facilidad para dopar el voto proisraelí habría que sumar la campaña del propio Gobierno de Benjamín Netanyahu, que reconoció haber invertido dinero para fomentar un mejor resultado.
Yuval Raphael, víctima de Hamás
Este año, en Basilea, Israel ha vuelto a usar con fines propagandísticos a su representante, Yuval Raphael, que comparece como una superviviente del ataque de Hamás. Además, la canción New Day Will Rise (Un nuevo día amanecerá) alude al 7 de octubre de 2023, si bien en esta ocasión no ha sufrido la tijera de la UER. "La vida continuará. Todo el mundo llora, no llores solo. La oscuridad se desvanecerá, todo el dolor pasará, pero nosotros nos quedaremos aunque digas adiós", reza la letra.
Como la Unión Europea de Radiodifusión insiste en el carácter apolítico de Eurovisión y subraya que la participación de Israel responde a los criterios de la organización —por lo que, según esta, no compiten los Gobiernos, sino los artistas y las cadenas televisivas—, Irlanda, Eslovenia, Islandia y España han exigido que los miembros de la UER puedan debatir sobre la participación de Kan, la televisión pública israelí, en el festival.
Sin embargo, la respuesta a la carta de RTVE ha sido negativa: "Todos los miembros de la UER son elegibles para competir en el Festival de la Canción de Eurovisión". No obstante, pese a la respuesta de la entidad organizadora, hay que recordar su veto a la participación de Rusia desde 2022 a causa de la invasión de Ucrania. Una doble vara de medir que ha beneficiado a Israel. ¿Por qué motivo?
Además de su proximidad con Europa y del peso de su aportación económica a la UER, el principal patrocinador de Eurovisión es Moroccanoil, una empresa israelí de cosméticos. "Israel tiene la fuerza suficiente para impedir que lo saquen del evento y Rusia, que para la UE es ahora el nuevo enemigo, no. El doble rasero es clarísimo", razona Fernando Flores, profesor de Derecho Constitucional y autor del ensayo Derechos humanos (Tirant Humanidades).
"Israel participa en Eurovisión porque tiene una capacidad de influencia a distintos niveles —en buena medida, de carácter económico— que impide que los Estados lo dejen fuera", añade Flores. "Es como el abusador del colegio al que muchos alumnos no desprecian ni lo echan fuera de clase porque les puede pegar. Cuando lo que tendrían que hacer es unirse y hacerle frente, sufriendo las consecuencias y repartiendo las pérdidas entre todos, porque la primera reacción del abusón es siempre la violenta".
Fernando Flores se declara "un gran admirador de la cultura judía" (música, literatura, cine), pero al mismo tiempo le da "vergüenza que se blanquee constantemente a Israel cuando está cometiendo un genocidio en Gaza", subraya. "Es decepcionante que Europa no sea capaz de impedir que Israel esté en Eurovisión y en muchos otros sitios en los que no debería estar", concluye el profesor de Derecho Constitucional.
Presiones para que Israel no participe en Eurovisión
Como él, muchos otros han alzado la voz contra Israel. Más de 70 exconcursantes han firmado una carta en la que piden a la UER la expulsión de Kan por su "complicidad en el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza". Entre los firmantes de la misiva, impulsada por la oenegé Artists For Palestine y el movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), figuran Charlie McGettigan y Salvador Sobral, quienes alzaron el Micrófono de Cristal en 1994 y 2017.
Sin embargo, entre los participantes de esta edición ha cundido el silencio. Atrás quedan los tiempos en los que los artistas se mojaban, como cuando Islandia fue multada en 2019 después de que el grupo Hatari exhibiese la bandera palestina en la final de Eurovisión celebrada en Tel Aviv. Ahora, esos colores lucen en las calles de Basilea, como sucedió durante la ceremonia de apertura y ante la presencia de Yuval Raphael.
¿Qué sucederá en el estadio St. Jakobshalle, sede de la final de Eurovisión, el próximo sábado 17 de mayo? Todo está por ver, incluida la influencia del Gobierno de Israel en el televoto. Por lo demás, la opinión sobre el país acusado de llevar a cabo un genocidio en Gaza y su presencia en el festival varía en función del tipo de encuestados, como refleja el sondeo Eurotrak realizado por YouGov en 2024.
Así, quienes ven Eurovisión son ligeramente más propensos que la población general a que se permita competir a Israel. Y, entre las razones por las que no debería participar, los fans anteponen a la guerra contra Gaza otra más peregrina: su ubicación geográfica, es decir, que no está ubicado en Europa. De cara al resultado de la final, habría que dilucidar si quienes ven el festival recurren al televoto y cuántos votos proisraelíes son más ideológicos y propagandísticos que musicales.




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