De Joaquín Sabina a Extremoduro, estos son los 20 grupos que le han cantado al barrio de Carabanchel
Miguel Ríos, Burning, Luis Eduardo Aute, La Excepción o Biznaga le han dedicado alguna canción al distrito madrileño, que sorprendentemente no es citado por su músico más ilustre.

Madrid--Actualizado a
Miguel Ríos fue detenido en 1972 por fumar marihuana y encerrado 26 días en el hospital penitenciario de Carabanchel, donde coincidió con Iván Zulueta. Durante su reclusión, al cineasta vasco le impresionó la lectura de Drácula, cuya sangre alimentaría su película Arrebato. Doce años después, el músico granadino rememoraba su estancia en prisión en El ojo del huracán: "Hacinados en el patio de Carabanchel / ignorantes en maldades en la facultad del delito".
Su paso por el penal madrileño también inspiró a Natxo Etxebarrieta, arrestado en 1988 en el aeropuerto de Barajas por posesión de speed cuando regresaba del entierro de su hermano, el Polvorilla, en Ámsterdam. De aquella "experiencia de la hostia" entre rejas surgió La 204, celda en la que vivió el cantante de Cicatriz hasta que el dinero recaudado en un par de conciertos solidarios le permitió dejar atrás los muros entre los que Eloy de la Iglesia rodó El pico 2. Enganchado a la heroína, Etxebarrieta murió de sida en 1996.
"Carabanchel, La Modelo, Herrera de la Mancha", cantaba Robe Iniesta en Pepe Botika, aquel "honrado traficante" que se preguntaba ¿Dónde están mis amigos?, la misma frase que tituló el cuarto disco de Extremoduro, ilustrado en su portada por dos manos aferradas a sendos barrotes. Todavía en libertad, en cambio, el obrero Gato López de Ska-P, que "tiene veinte hermanos en ¡Carabanchel!", donde esperan el ingreso del carterista artrósico que sigue "preparando oposiciones a Carabanchel" en ¡Al Ladrón, al ladrón!, de Joaquín Sabina.
Demolida en 2008, la cárcel de Carabanchel ya es solo recuerdo y memoria, pero sus rincones y calles siguen nutriendo el cancionero. De Mägo de Oz (La ultima cena) a Niña Polaca (Infanta), una veintena de grupos han hecho referencia en sus composiciones a un distrito "eminentemente obrero y reivindicativo", como lo describe Miguel Martín Cruz, autor de un libro en el que recoge cientos de canciones que aluden a Madrid. Aunque la Gran Vía es el espacio más citado, el territorio al sur del Manzanares tiene un peso específico.
Ahí van unos cuantos grupos y sus temas: Carroña (Amor y asco en Carabanchel), Kaydy Cain (Carabanchel llora), Quique González (Romeo y Julieta), Luis Eduardo Aute (Mira que eres canalla), Belo y los Susodichos (Golfo y Manuel), Desastre (La princesa de Usera), Midas Alonso y Zamoranobeatz (Mariví Bilbao), Natos (Cuestión de fe) o Waor (Aquí estamos). Omitimos habaneras, chotis y demás clásicos para no extendernos. También las alusiones a la plaza de toros, al Manzanares y a San Isidro, sea pradera, ermita o fiesta.
"Me quedo con Todo por nada, porque soy muy de Burning", reconoce Miguel Martín Cruz, cuya debilidad contemporánea es Biznaga, con canciones como Madrid nos pertenece, Domingo especialmente triste y su preferida, Réquiem por un rider, que atravesaba como un rayo General Ricardos hasta que chocó con la furgoneta de reparto. Lúcido y crítico portavoz de su generación, el grupo madrimalagueño ensaya en un local de Carabanchel situado a unos pasos de la sala Gruta 77, mencionada por Burning en Willie Dixon.
Un "referente del underground" que ha sido considerado Patrimonio Cultural de la Ciudad, escribe Miguel Martín Cruz en De Carabanchel a Barajas en 500 canciones, que no solo hablan de los distritos de Madrid sino también de sus bares, de sus paradas de metro, de su extrarradio y de los pueblos de la comunidad autónoma. "Si las sumase todas, superarían el medio millar, aunque probablemente haya más porque cada día surgen nuevos grupos y guiños", afirma el autor de un libro autoeditado que ya ha agotado su primera edición.
"Mi intención era trazar una ruta musical de Madrid a partir de referencias concretas, porque la ciudad en general me interesa menos", explica el excolaborador de Rock Estatal. Así, Los Punsetes ubican a Dos policías en la Vía Carpetana y Torzzzío cita en Urgel la parada de metro homónima y la pradera de San Isidro. También hay letras que "reflejan un ambiente combativo", como las de Biznaga, "la banda actual más reivindicativa", y las de La Excepción, cuyos ejemplos son Infectado distrito, Es lo que queda o El Besolla F.S.
En ellas, El Langui cantaba a Pan Bendito, una zona situada entre los barrios de Abrantes y Puerta Bonita, que conforman el distrito de Carabanchel junto a los de Comillas, Opañel, San Isidro, Vista Alegre y Buenavista. Increíblemente, tras rebuscar en cada esquina, Miguel Martín Cruz no ha encontrado ninguna mención en las canciones de Leño. "Es algo que me sorprendió mucho. Incluso las referencias de Rosendo Mercado a Madrid se cuentan con los dedos de la mano", añade el autor del libro.
El único testimonio de su lugar de origen, pues, sería su disco en directo Siempre hay una historia, grabado en la antigua cárcel años después de entonar "es una mierda este Madrid / que ni las ratas pueden vivir". En cambio, Joaquín Sabina lo llama "guitarra carabanchelera" en El blues de lo que pasa en mi escalera, mientras que Marea celebra en Jindama que "la ciencia llegó de Plasencia [en referencia a Robe Iniesta y Extremoduro] y de Carabanchel". Resulta curioso que su músico más ilustre no haya mentado su cuna.
"Rosendo es la punta de flecha de Carabanchel y lleva el nombre del barrio por bandera, aunque hay más grupos que encarnan su espíritu", deja claro Miguel Martín Cruz. "Por ejemplo, me parece muy representativo La Excepción, que siempre tenía en la boca a Pan Bendito. Ahora bien, como sucede en todas las zonas de la ciudad, siempre hay uno que sobresale, por eso se recurre siempre al fundador de Leño. Lo mismo le pasa a Porretas en Hortaleza o a Burning en La Elipa".


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