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Música Bandas de melenudos con el sello del Opus Dei

Chapa Discos acogió a los abanderados del rock urbano y publicó los elepés de Asfalto, Bloque, Obús, Barón Rojo o Leño.

Barón Rojo, una de las bandas de Chapa Discos.
Barón Rojo, una de las bandas de Chapa Discos.

Antes de la movida hubo un movidón. Y si el concierto fundacional de la movida fue el homenaje a Canito en la Escuela de Caminos de Madrid en 1980, el del movidón bien pudo ser el que duró 15 horas en Burgos, rebautizado por La Voz de Castilla en 1975 como La invasión de la cochambre. A saber: Triana, Gualberto, Burning, Tílburi, Alcatraz, Goma…

Era el embrión de lo que luego sería el rock urbano, aunque no todos los grupos encajan en la aspereza del asfalto y las diferentes denominaciones también dejan a algunas bandas fuera: rock bronca, rock duro, rock obrero… Sea como fuere, en el mismo saco llegaron a convivir el rock progresivo, el rock andaluz y hasta el rock festivo de, por ejemplo, Tequila.

Hay un pegamento, en cambio, que unió a casi todos ellos: Vicente Mariscal Romero (Isla Cristina, 1948), locutor radiofónico y productor roquero, además de ideólogo y fundador de una discográfica clave en el desarrollo de una nueva escena alejada de la canción de autor y de la incipiente nueva ola.

Chapa fue el sello dependiente de Zafiro que dio cobijo a las bandas de rock en castellano desdeñadas por las multinacionales, más centradas en sus estrellas extranjeras y en los cantantes melódicos nacionales. Vicente Mariscal intentó venderle la idea a otras disqueras, pero todas la rechazaron, hasta que dio con unos empresarios con ojo. Eran del Opus Dei.

"En el nacimiento de Chapa hay dos nombres clave: el que se ha jugado su dinero y todo, que es Antonio Ortega, y Luis Soler, que ha sido el hombre que ha puesto los pies a nivel de currar", le explicaba Romero —encargado de seleccionar a los grupos— a Jesús Ordovás en una entrevista publicada por Disco Expres, incluida en su libro Fiebre de vivir (Efe Eme).

El pistoletazo de salida lo dio Asfalto, con su álbum homónimo, en 1978. A la banda madrileña le siguió la cántabra Bloque, que también titularon su debut con su nombre. Rosendo Mercado publicó el primer elepé de Leño —de nuevo homónimo— con Chapa Discos, que abrazaría el heavy de Barón Rojo (Larga vida al rock and roll) y de Obús (Prepárate).

Aquellos melenudos tenían prohibido acercarse a las oficinas de Zafiro. Más allá de la amenaza capilar, algunos de ellos militaban en el PCE, como los hermanos Armando y Carlos de Castro, quienes formaron Barón Rojo tras abandonar Coz, que ondeaba la bandera comunista en El rock de la legalización (1977), firmada por Víctor Manuel.

El grupo de Juan Márquez no llegó a integrarse en la escudería de Chapa, aunque una canción suya, El blues del crítico, fue incluida en la banda sonora de la película Nos va la marcha, editada por el subsello de la discográfica del Opus Dei, cuyos directivos se tapaban los ojos, los oídos o la nariz con tal de hacer caja. La pela, entonces como ahora, era la pela.

Aquellos primeros discos fueron un éxito de ventas. A las bandas iniciales se fueron sumando otras: Ñu —ya sin Rosendo—, Topo —que surgió al rebufo de Asfalto—, Cucharada —el grupo de Manolo Tena, que también figuró en el cartel de la Fiesta del PCE—, Paracelso con El Gran Wyoming, Mermelada, Crack, Santa, Mezquita, Tapiman, Panzer, Sobredosis...

Moris, recién llegado de Buenos Aires, publicó cuatro discos. Ariel Rot y Julián Infante, quienes le prestaron su guitarra y su batería durante la grabación de Fiebre de vivir, fundaron Tequila e iban a ser fichados por Chapa, pero su hermano mayor se los birló. Su primer álbum, Matrícula de honor (1979), fue editado por el subsello Novola —que se había estrenado con Los Brincos— y los tres siguientes, por Zafiro.

Tanto Moris como Tequila no encajaban con la etiqueta de rock urbano, porque el sello fundado por Mariscal Romero se abrió a otros estilos. Así, Los Elegantes, de ascendencia mod, publicaron su sencillo No charles más, aunque sus elepés posteriores serían editados por Zafiro. La disquera grande también lanzó Para ti, de Paraíso, producido por Chapa.

Lideraba esta última banda Fernando Márquez, el Zurdo, quien había militado en Kaka de Luxe, cuyo epé homónimo fue publicado por Chapa. Al combo de Carlos Berlanga y Manolo Campoamor se sumarían Enrique Sierra, Alaska y Nacho Canut. Apadrinados por Ordovás, no pegaban ni con cola, como tampoco sus herederos Pegamoides y Dinarama, abanderados de la movida.

En todo caso, sorprende más que una empresa con altos cargos de la Obra le hiciese sitio en sus oficinas a tanta greña. "Yo les decía a las multis que venía una revolución, que se iba a cantar en castellano. Zafiro era del Opus, es muy curioso eso, pero es que Zafiro vio negocio. Punto. Nada más", le confesaba Mariscal Romero a Fernán del Val Ripollés, autor de la investigación Rockeros insurgentes, modernos complacientes: juventud, rock y política en España (1975-1985).

"Era gente que no tenía nada que ver conmigo. No había choques, sólo nos decían que no hablásemos de la Iglesia. Pero primaba el dinero. Zafiro me dio libertad absoluta, pero decían que no hubiera palabrotas. Por eso no salió Kaka de Luxe [...]. Escuchaban puta y no querían...", añadía el productor. No obstante, en 1983, cinco años después del primer epé, editó Las Canciones Malditas, que incluía sus maquetas, hasta entonces inéditas.

Adrián Vogel cuenta cómo se gestó Chapa en el libro Bikinis, fútbol y rock&roll (Foca): "El poder de persuasión de Vicente Romero empezó a formar parte de la leyenda cuando convenció a Zafiro para poner en funcionamiento un sello de rock en una discográfica dominada por miembros del Opus. El presidente y socio García Morencos era supernumerario, Torcuato Fernández Miranda —clave en la Transición y en el ascenso de Adolfo Suárez— era miembro del Consejo de Administración, y Carmen Grau —la tercera directora artística que aparece y la segunda en Zafiro— era numeraria".

Chapa recurre a Teddy Bautista, excantante de Los Canarios y futuro presidente de la SGAE, para que ejerza como productor... y firma los tres primeros de Leño. Por lo demás, los de la Obra procuran tener la fiesta en paz: "Avisan de que no quieren líos, desórdenes ni conflictos, y acuerdan un tope de 50 horas por álbum entre grabación y mezcla", escribe Vogel. Por su parte, Mariscal Romero siempre ha defendido a los responsables de Chapa por una visión para el negocio musical de la que carecieron las multinacionales.

El autor de Bikinis, fútbol y rock&roll destaca que la discográfica marcó la transición del rock urbano al heavy, así como el surgimiento del punk en Madrid y en Catalunya. "No se puede hablar del rock en España sin mencionar al sello que nos trajo a Leño, Asfalto, Topo, Barón Rojo, Obús, al argentino Moris y a Tequila, que conectaron espectacularmente con las ganas de juerga del país y con las de quitarse la caspa de encima con una fórmula stoniana directa y contundente", concluye Vogel.