Maria Rodés: "Elegimos pareja para intentar sanar traumas de la infancia"
La cantante reivindica en su último disco, Lo que me pasa, el amor romántico frente al individualismo narcisista, aunque también critica las relaciones tóxicas y la presión ejercida sobre las mujeres.

Madrid--Actualizado a
Apasionada, íntima y sin temor a mostrarse vulnerable, Maria Rodés (Barcelona, 1986), relata el viacrucis de una relación sentimental en su último disco, Lo que me pasa (Elefant), producido por Joel Condal y la propia artista, quien deja claro que es un relato de ficción, aunque a lo largo de su prolífica carrera haya acumulado experiencias propias y ajenas suficientes para trazar el camino de la efervescencia al desengaño.
Tampoco teme ensalzar el sentimiento exaltado y el amor romántico —que no tóxico— frente al individualismo reconcentrado. Reivindica a las mujeres que amaron sin freno, atropelladas o a salvo de una educación machista y una sociedad patriarcal, como antes rescató a las brujas como símbolo de la independencia, la transgresión y la libertad. Y lo hace con un nuevo envoltorio musical, como acostumbra, donde explora géneros que no había transitado.
Sus sueños alumbraron el libro Duermevela (Alpha Decay). ¿Con qué sueña últimamente?
Hoy he soñado que se difundían las listas de los discos del año y que el mío no aparecía porque lo había publicado demasiado tarde y la gente no se enteró [risas]. Hay épocas en las que sueño más y otras, menos. A veces también sueño de forma temática, o sea, todo el rato la misma cosa. Una teoría sostiene que la gente que no sueña es porque está reprimiendo algo de su inconsciente que no quiere ver.
La Maria experimental (Sin Técnica), la Maria onírica (Sueño triangular), la María dramática (Maria canta copla), la Maria luminosa (Eclíptica), la María bruja (Lilith), la María íntima (de Una forma de hablar a Fuimos los dos). Ahora, la María…
¿Igual la María romántica?
¿Qué le pasa en Lo que me pasa?
Pese a que es ficción, recurro a mi historial romántico y al de mis amigos y amigas para construir las canciones, aunque de alguna forma siempre pongo parte de mí.
Un historial nutrido. ¿También tormentoso?
Sí, ha habido de todo: experiencias tormentosas y luminosas.
¿Hay que amar, aunque una se termine estrellando?
Es casi inevitable. Seleccionamos a las personas de las que nos enamoramos de forma inconsciente, sin entender muy bien por qué nos enamoramos de ellas. Un misterio que tiene que ver con el lugar del que venimos y el tipo de vínculos que hayamos tenido con nuestros familiares, que intentamos resolver a través de las relaciones que establecemos luego. Por eso en psicología se ve tanto a mujeres que han tenido un padre alcohólico y luego buscan parejas que repiten ese patrón de alcoholismo, por poner un ejemplo al azar.
¿Quizás para cambiarlo o salvarlo, algo que no pudo conseguirse con el padre?
Quizás para salvarlo, quizás para conseguir esa validación que no tuvieron del padre a través de la pareja, quizás para vengarse… Hay un montón de hipótesis, aunque creo que a través de la selección de las parejas estamos intentando sanar posibles traumas o resolver los temas que se hayan quedado pendientes en nuestra infancia. En ese proceso hay un aprendizaje, de modo que quienes han tenido familias, entornos o ejemplos de pareja más sanos, lo resuelven más rápido.
La dramaturga Violeta Gil plantea en su poemario Andábamos maravillados que "no hay que desmontar el amor romántico, sino destruir el capitalismo", porque fomenta el individualismo. Usted, de alguna manera, también resignifica el amor romántico y lo contrapone al individualismo.
Muestro la otra cara de la moneda. Ahora está muy denostado el amor romántico y se promueve ese discurso de "no dependas de nadie, el apego es lo peor que te puede pasar, sé totalmente autónomo". Sin embargo, eso implica promover el individualismo. Si estás tan centrado en ti que no puedes ver al otro, poco vas a amar. Hay que poder vincularse, porque depender en cierto grado no es negativo, pues forma parte de los vínculos. Si hay una fusión extrema, se generan unas dependencias que pueden ser insanas, pero cierta dependencia forma parte del juego. De lo contrario, no hay amor.
¿Le parece valiente reivindicar ahora el amor romántico? O, al menos, a contracorriente.
Es como yo lo percibo. Por lo que he vivido y por las actitudes que he visto, siento la necesidad de decir: "Así tampoco vamos bien". Ahora parece que el mundo se ha convertido en un decorado del selfie, donde tú eres el protagonista y el resto es atrezo. Y, de la misma manera, me da la sensación de que en algunas relaciones el otro es un complemento de ti mismo. O sea, narcisismo puro, sin posibilidad de amor. Por eso es tan importante no situarse en el centro y recuperar al otro.
Habrá incluso quien, en una relación, se enamora de sí mismo o del propio amor.
Como el hombre mayor que se cree más importante por tener a su lado a una mujer joven y guapa, lo que le hace sentirse incluso más joven y atractivo. Un ejemplo típico de cuando buscamos en el otro alimentar nuestro ego y agrandar nuestra imagen. En todo caso, hay una tendencia contraria que lo está revirtiendo, porque cada vez ves a más mujeres con hombres menores que ellas.
En ese viacrucis del amor al desengaño también reivindica a la amante sin frenos señalada por el dedo implacable de la sociedad. ¿Subyace una reivindicación feminista, ya presente en discos como Lilith?
Sí. Muchas veces se juzga a la amante o a la femme fatale desde un lugar negativo, cuando tal vez esa mujer ha sido utilizada por un hombre que se aprovechó de su vulnerabilidad tras haber sido adoctrinada para vivir el amor romántico. Es decir, desde niñas nos educan para gustar, para encontrar a alguien, para ser elegidas y para casarnos, de modo que el romanticismo acaba constituyendo la identidad femenina. Eso es peligroso, porque si luego una mujer está sin pareja o sufre muchos desengaños, puede llegar a tener consecuencias psicológicas complejas, porque hay una presión estructural y social muy fuerte. No es lo mismo para una mujer el rechazo de un hombre que para un hombre el rechazo de una mujer. El impacto es mucho más profundo, porque estamos educadas para recibir la validación externa, sobre todo de la mirada masculina. Por eso reivindico a la amante y denuncio la tendencia de llamarla intensa, obsesionada o acosadora. ¿Por qué no dejamos de culparla por "destrozar una familia" cuando quizás es la víctima del juego de un hombre? ¿No deberíamos poner el foco en el origen de su vulnerabilidad?
Hija de una bruja, amiga de Lorca y Dalí, erotómana y obsesionada con Eugenio d'Ors, Lídia de Cadaqués también sobrevuela su disco: qué figura.
Hay otra lectura más allá de la perspectiva feminista: la clase social. Las mujeres que sufren erotomanía muchas veces se enamoran de alguien de un estatus superior —económico o intelectual— porque su obsesión es una forma de querer estar en el lugar del otro. Ella era pescadera y, cuando se enamora, pretendía ser él y gozar de sus privilegios.
Como artista, ¿se considera intuitiva e irracional?
Soy muy intuitiva y creo que no se me ha educado para escuchar más a la intuición. Como mi educación es racionalista, a veces pongo en duda mi intuición. Como no hay pruebas, desconfías, pese a que supone otra forma de conocimiento que a veces es mucho más sabia. Y, a nivel creativo, te permite hablar de lo necesario en cada momento.
Cuando alguien la cataloga, usted publica un nuevo disco que se escurre de las etiquetas como un pez. Lo que me pasa: pellizco electrónico, eco rumbero, flamenco, brasilero, sutilmente reguetonero… También hay bachata, etcétera.
Sí, pero no lo hago tanto huyendo de las etiquetas, como buscando la diversión. Un disco exige mucho curro y energía, por lo que la única forma de sacarlo adelante es disfrutándolo. Cambiar de género y fijarme pequeños retos —como ahora la electrónica— son estímulos lúdicos.
Ha compuesto la banda sonora de También esto pasará, de María Ripoll. Música incidental e instrumental, también bossa y canzone. Aunque ya había prestado sus canciones a un par de películas, ¿cómo encaró su primera BSO?
Conté con la experiencia de Simon Smith y apliqué una serie de técnicas para acompañar con diversas propuestas musicales los diferentes hilos emocionales de la película, componiendo una especie de anagrama extraño. En el caso de las instrumentales, como lo que sé hacer son canciones, me puse a ello y luego prescindía de las letras y me quedaba con las melodías.
Usted es muy visual, pero aquí el proceso es al contrario, porque parte de unas imágenes ajenas, no de la película que se imagina cuando compone un trabajo personal.
Bueno, en realidad compuse las canciones a partir del guion y, cuando pude ver las imágenes, las adapté. Puede parecer más complejo, aunque al mismo tiempo es más abierto, porque te permite llegar a lugares que, si hubieses tenido la imagen desde el principio, te habrían limitado más.
"El gran aprendizaje de la vida es saber dejar ir el amor cuando ya se terminó, aunque la gente no lo acepta"
En su día colaboró con Nacho Vegas, Refree, Jorge Drexler, Christina Rosenvinge, Coque Malla o The New Raemon; y en este disco ha contado con Bronquio, Soléa Morente, La Bien Querida, Delafé, La Tremendita… ¿Tal vez la llaman más los hombres y usted requiere más a las mujeres?
No lo había pensado, pero es cierto. Creo que me han llamado más hombres porque es más típico el dúo hombre-mujer, pues se complementan más las voces. Respecto a este disco, me parece chulo cantar con mujeres con timbres distintos.
Su tío bisabuelo, el astrónomo Lluís Rodés, permaneció durante la batalla del Ebro en su observatorio. Él confirmaba que las estrellas seguían en su sitio tras los bombardeos y se quedaba tranquilo. Un personaje singular que inspiró su disco Eclíptica: el mundo se derrumba y a él solo le importa que no se caiga el cielo.
En su diario escribió que no estaba a favor de unos ni de otros y que la guerra civil le parecía una barbarie. Sin embargo, como era cura jesuita, sin quererlo ya estaba posicionado. Con esa imagen tan bella denuncia cómo el egoísmo humano rompe la armonía.
¿Ahora tenemos los pies demasiado en el suelo o, más bien, enterrados en el barro?
A lo mejor tiene que ver con la pirámide de Maslow: priorizamos determinados asuntos que nos impiden mirar al cielo.
¿Cree que no nos escuchamos?
Ahora todo es muy inmediato y hay una falta de reflexión y de perspectiva. Cuando era pequeña y mi padre tenía que tomar una decisión, decía: "Me lo voy a pensar". Entonces daba un paseo y meditaba antes de decidir qué hacer. Esos espacios de reflexión se han perdido.
¿Y usted piensa antes de componer o es un proceso inmediato y sin filtro donde todo fluye?
No medito mucho y, cuando cojo un instrumento, las letras me vienen solas, aunque hay un período previo de investigación y documentación.
"A las mujeres nos educan para gustar y ser elegidas, por eso el rechazo amoroso nos afecta más que a los hombres"
En fin, hay que amar, pero sin que el amor se pase de cocción, ¿no?
Hay que amar sin volverte loco ni llegar a obsesionarte, sabiendo dejar ir el amor cuando ya se terminó. Cuesta mucho, sin embargo es el gran aprendizaje, porque hasta la propia vida se va. En cambio, la gente no acepta que se termine el amor, sobre todo cuando la ruptura no es mutua.
¿Qué queda de aquella niña que abraza el poste en la portada del disco?
Esa niña es la que se entrega cuando ama y de la que procede la ilusión de crear canciones y de generar pequeños mundos imaginarios.
Próximos conciertos de Maria Rodés
- Viernes 20 de febrero. Sala Clamores. Madrid.
- Miércoles 25 de febrero. La 2 de Apolo. Barcelona.







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