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Olga Khokhlova, la mujer que quiso deformar Picasso

Una exposición en el CaixaForum se sumerge en la vida íntima de la primera esposa del pintor a través de sus lienzos y de los recuerdos y documentos personales hallados en un baúl.

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Pablo Picasso (1881-1973), 'Olga Khokhlova con mantilla', Barcelona, verano-otoño 1917. Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte, Madrid. © Photo: Equipo Gasull. Sucesión Picasso, VEGAP, Madrid, 2019.

Se conocieron en 1917, cuando Pablo Picasso se encontraba en Italia para presentar, con la Compañía de los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, el ballet Parade. Él tenía 37 años, ella 25. Surgió el amor entre bastidores y el resto es historia. Una historia turbulenta hecha de amor, desamor y melancolía que no cabe bajo ese lacónico epígrafe llamado «período Olga».

La bailarina Olga Khokhlova se convirtió en musa y esposa. Su mirada, a veces perdida, otras tantas afligida, testimonió la eterna búsqueda del pintor, copó su periodo más cercano al neoclasicismo y, de paso, documentó un periplo sentimental provisto de celos, desencuentros y muerte. Un viaje a través de los lienzos del genio que, pasado un siglo, pueden ser cotejados con la versión de ella. 

Pablo Picasso (1881-1973). 'Paulo vestido de arlequín', 1924. Musée national Picasso-Paris. ©RMN-Grand Palais / Adrien Didierjean. © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP: Madrid, 2019.

Todo fruto de uno de esos hallazgos peliculeros. Un elegante baúl parisino que encontró Bernard Ruiz-Picasso, nieto de Pablo y Olga, desveló los recuerdos y sinsabores de su abuela. Cientos de fotografías, unas 700 cartas en francés y en ruso, junto con algún que otro tutú, conforman un hallazgo único que nos permite conocer los desvelos de una joven angustiada por la delicada situación de su familia en Rusia. Olga era hija de un coronel de la armada y su relación con el pintor se formaliza justo al inicio de la Revolución Rusa.

La muestra Olga Picasso, que presenta CaixaForum Madrid, establece un diálogo entre esas dos miradas, la que capta Picasso en sus lienzos y la que aguardó a ser descubierta en ese viejo baúl. Un recorrido que va de la inquietud inicial por su familia, a los celos que sintió por la relación de Picasso con su amante, Marie Thérèse Walter, 28 años más joven. 

Es a través de esas fotografías, pinturas y dibujos, como descubrimos, por ejemplo, el lado más cómplice de Picasso con su esposa. Muestra de ello es Olga pensativa, una obra en la que el genio regresa al clasicismo y la figuración representando a su pareja ensimismada en su tristeza. También en Paulo vestido de arlequín, fiel reflejo de una paternidad que unió a los dos esposos, pero no hizo desaparecer la melancolía latente de Olga, que se debatía continuamente entre su vida cotidiana y las penas evidentes que le provocaba la lectura de las noticias que le llegaban de su familia, cuya vida iba de mal en peor.

La mirada más cruel

La figura de Olga se transforma, sin embargo, después del encuentro de Picasso con MarieThérèse Walter en 1927, una joven de 17 años que se convertirá en su amante. Es entonces cuando Picasso comienza a deformar a Olga a través de sus representaciones, un juego de espejos motivado por la crisis matrimonial que atraviesan como pareja y los celos de Olga, que ya conocía la infidelidad del pintor.

Pablo Picasso (1881-1973). 'Gran desnudo en un sillón rojo', 5 de mayo de 1929. Musée national Picasso-Paris. ©RMN-Grand Palais / Mathieu Rabeau © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP: Madrid, 2019.

 A principios de los años treinta, Picasso se identifica en su obra como un minotauro para simbolizar la complejidad de sus relaciones con las mujeres. Tal y como explica la comisaria Emilia Philippot, "el minotauro picassiano es salvaje y cruel, y asume su destino trágico, pero también se representa ciego, víctima del embrujo de Marie-Thérèse Walter". Su turbulenta experiencia conyugal se expresa también mediante crucifixiones y corridas de toros.

Los cónyuges se separaron en 1935, hecho que se precipitó debido al nacimiento de Maya, la hija de Picasso con Marie-Thérèse. Las dos últimas representaciones de Olga son de 1936, y en ellas Picasso pinta a su aún esposa como una mujer que mira su imagen en un espejo negro. Legalmente, la pareja siguió casada hasta la muerte de Olga en 1955. Ella, sumida en la soledad y el dolor, no dejó de escribirle casi diariamente.