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Ouarzazate, ‘Hollywood’ del desierto

La ciudad marroquí tiene los estudios de cine más grandes de África. Orson Welles y Martin Scorsese rodaron allí sus películas.

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Tres estudios internacionales, más de 150 hectáreas de decorados, una escuela de de cine, unas 500 películas rodadas por los más grandes, entre ellos Orson Welles y Martin Scorsese. Con un globo del que emanan fotogramas de color a la entrada de la ciudad, Ouarzazate puede enorgullecerse de ser la capital del cine en el continente africano. Nada que envidiar a Hollywood. Con un matiz: no hay ninguna sala de cine.

Ouarzazate es una ciudad del desierto, como cada uno se la imagina. Plana, seca, construcciones de barro, dominada por el color rosa cuando se pone el sol. Grandes arterias de asfalto dibujan barrios artificiales de una ciudad que parece sin vida. Sólo hace falta levantar los ojos para entender cierta atracción. Ouarzazate separa las montañas del Alto Atlas, cuyas cimas siempre están cubiertas de nieve, del Gran Sur de Marruecos, puerta del Sahara. Una situación geográfica única, una luz única.

Una estatua de un dios egipcio

El inventor del cine, Louis Lumière, supo verlo y rodó allí, en 1897, Caballero marroquí. Desde entonces, Ouarzazate no ha parado de rimar con cine. Situados a siete kilómetros al oueste de la ciudad, los Atlas Corporation Studios son los más grandes estudios de la ciudad. Una estatua de Dios egipcio da la bienvenida y abre el paso a 30 hectáreas de decorados perdidos en el desierto.

Lo que en las películas parecían palacios de lujo quedan reducidos a montajes de yeso. El ingenuo no puede evitar preguntarse cómo lo hicieron. Porque aquí rodaron y actuaron los más grandes: Michael Douglas en La joya del Nilo; Gladiator, de Ridley Scott; Alejandro, de Oliver Stone; Brad Pitt en Babel. Todos tienen su foto en el restaurante de moda de la ciudad, el Dimitri.

Y el palacio de César que Cleopatra mandó construir, en la versión del francés Alain Chabat de Astérix y Cleopatra. Todo para decepcionar a los enamorados de la antigua civilización egipcia; todo para fascinar a los enamorados del cine. Los secretos de los directores quedan a descubierto. A lado del palacio de César, se halla una casa tibetana, como arrancada de la cima del Himalaya. Es la habitación y la biblioteca del Dalai Lama en la película Kundun, de Martin Scorsese. Los libros son falsos, dejaron los andamios para sostener el decorado. Ouarzazate se había convertido en el Tibet.

Sin el cine, la miseria

'Sin el cine, sería la miseria'. Bernard Rose, el gerente de los Atlas Corporation Studios, no tiene otras palabras para ilustrar la importancia del séptimo arte para la economía local.

Sólo para Astérix y Cleopatra, participaron 2.500 figurantes (se habían presentado unos 10.000 candidatos) y trabajaron 900 técnicos marroquíes. Las producciones extranjeras generan cada año más de cien millones de euros; se considera que 90.000 personas, desde los artesanos hasta los empleados de hoteles y sus familias, viven del cine.

Y muchos son los que esperan las próximas producciones en las puertas del cine El Atlas, que cerró en 2004. Ironía de Ouarzazate, una ciudad que no puede dedicarse a nada más que al cine. Su nombre, en lengua bereber, significa silencio.