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"Las palabras hacen daño"

Juan Manuel Romero ha obtenido el Premio Internacional de Poesía Emilio Prados con el poemario ‘Médula'.

PAULA CORROTO

Voz lánguida, pero una pluma valiente. Un exterior tranquilo, pero un interior arrebatado de fuerza y de coraje. Seguidor de la pureza de Cernuda y de la humanidad de Machado. Así es Juan Manuel Romero (Sevilla, 1974), una de las voces más interesantes de la actual poesía castellana. Médula, poemario con el que ha ganado el Emilio Prados, será publicado en abril por Pre-textos.

¿Qué reflejas en ‘Médula'?

Es un libro de 33 poemas que aborda la crisis que sufrí al llegar a los 30. Se habla mucho de la de los 40, pero yo la sufrí a los 30. Y en un plano
formal, en comparación con mis otros poemarios, en este creo que hay mayor despojamiento de todos los adornos. Camina hacia una mayor austeridad, sencillez.

Hacia la poesía pura.

No me gustaría etiquetarme tan pronto, pero es cierto que me gusta la poesía pura, y también la humana, al estilo de Antonio Machado. Me gustaría crear una mezcla entre poesía pura y humana, pero puesta al día, actualizada.

Y tratar temas de tu tiempo como la citada crisis.

Claro. Lo que más me interesa es hablar de mi tiempo. Parece que en poesía sólo se habla del paso del tiempo, del amor o de la muerte, pero hay otras cosas que nos preocupan a la generación actual, como la independencia, la búsqueda de la pareja y la comunicación.... Yo no sé si mi poesía es compartible, pero es verdad que me interesa que lo sea. Me gusta conectar con las preocupaciones de nuestro tiempo.

¿Es para ti la poesía una forma de terapia?

Sí, para mí es una tabla salvavidas. Es una forma de catarsis.

En uno de tus versos del poemario ‘Invasiones' (editado por DVD) afirmas que 'tenemos que aprender a golpes'. Suena raro en una época donde prima el hedonismo y la huida de todo dolor.

A mí me viene impuesto eso de partir de los golpes para crear armonía. Cierto es que el hedonismo es una huida rápida de los golpes, sin embargo, aunque ahora se tienda al hedonismo, en el fondo todo el mundo ha tenido momentos de crisis. Para mí el dolor es la vía para escribir.

¿Uno es más puro como poeta cuando sufre?

Sí, porque cuando tienes una herida necesitas curarla, y para mí la poesía es una forma de dar higiene a esa herida. De todas formas, tampoco quiero caer en el patetismo. En el fondo, hay muchos rasgos de vitalidad en mis poemas. Por eso pienso que mi poesía es pesimista, pero de raíz vitalista.

'Todo lo que decimos es un álgebra/ un ácido altamente corrosivo'. ¿Ve las palabras como un arma mortífera?

Sí. Creo que las palabras hacen daño. No sé si es porque soy hipersensible... Las palabras sirven para sanar, pero también para destruir, y yo inevitablemente siempre me quedo con la peor cara de la moneda. Me afecta mucho lo que se dice. Noto mucho la incomprensión. De todas formas, en esos versos pretendía mostrar la dificultad de hablar los unos con los otros, de comunicarnos.

Aparte del Emilio Prados has ganado ya varios premios de poesía.

Sí, y son muy importantes. Desde luego, yo sólo he conseguido publicar gracias a los premios, ya que no tengo padrinos ni conozco a nadie de este círculo. Ahora bien, los premios también los veo como algo demasiado terrenal en la poesía, que no deja de ser algo espiritual.

Por cierto, te encanta la música.

La poesía es un género literario, pero entra dentro de la canción. A mí me gusta mucho Sr. Chinarro o Nacho Vegas. Y he crecido con Nirvana y Smashing Pumkins. También son una referencia. Y escucho mucho a Tom Waits.

Eres sevillano, pero vives en Lleida. ¿Cómo se mezcla la herencia andaluza con la influencia catalana?

De Sevilla me quedo con Cernuda y con Machado, pero en Cataluña me he encontrado con un poeta como Gil de Biedma, que supo actualizar a estos dos poetas sevillanos. Y eso es lo que yo pretendo.