Prohibido bañarse, corte de digestión: las dos horas más largas del verano
Los niños de antes se tragaron y sufrieron mitos como el de la larga espera para zambullirse en el agua después de comer.

Madrid-
¡¿Qué habrían hecho los niños de fin de siglo para tener que esperar un par de horas para bañarse después de comer?!
- ¿Puedo bañarme ya?
- No, que te va a dar un corte de digestión.
Algunos chavales llegaron a aguantar más de tres horas antes de zambullirse en el agua por orden de sus madres. El zumo de naranja, en cambio, había que beberlo al momento para que no perdiese las vitaminas. Mejor no tragarse el chicle para que no se te quedase pegado en el estómago. Y, por supuesto, no procedía orinar en la piscina para evitar que el pis se convirtiese en una nube azul o roja a tu alrededor.
Mitos de la infancia que, en algún caso, podían tener cierto sentido. Más que un corte de digestión, se trataba de una hidrocución, es decir, un choque térmico al meterse en el agua fría. Algo que se evitaría con una entrada en el mar o en el río de forma lenta y progresiva. Es probable que, a estas alturas del año, la piscina esté templadita, pero por si las moscas una ducha previa bastaría para espantar el miedo que nos metieron de niños en el cuerpo.
"Después de comer se detenía el tiempo. Había que esperar unas horas antes de poder bañarse para que no nos diera un corte de digestión, y aquello se hacía eterno. Mientras esperábamos, jugábamos a las chapas o buscábamos renacuajos, pero, aun así, el reloj no se movía. Con aquel calor lo único que queríamos era bañarnos cuanto antes, de modo que la espera siempre nos ponía de mal humor", recuerda Miguel Ángel Lurueña en Del ultramarinos al hipermercado (Destino).
"Además, yo estaba convencido de que aquello era una pantomima para que los mayores pudieran echarse la siesta tranquilamente sin tener que vigilar si los niños nos ahogábamos en el río. No me cuadraba que en cada familia hubiera reglas diferentes. En la mía eran tres horas, pero en otras eran dos. Había incluso quien permitía el baño, siempre que se hiciera justo después de comer porque se suponía que de ese modo no pasaba nada. Pero ¿qué cachondeo era ese?", escribe el divulgador científico, quien recuerda en su libro otros bulos, como que las gominolas estaban hechas de petróleo, que dio título a su blog.
Ahora que la infancia ha quedado atrás, no hace falta que nadie nos recuerde que quizás no sea conveniente bañarse en agua helada tras darse un atracón y beber a raudales, por mucho que hayamos escuchado que los licores son un buen digestivo en la sobremesa. Al contrario, irritan la mucosa gástrica, favorecen el reflujo y, en vez de mejorar la digestión, podrían contribuir a que suframos un, ejem, corte de digestión. Al menos en este caso la espera habrá merecido la pena.


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