Público
Público

Sant Jordi La ilusión de Sant Jordi vuelve a llenar el centro de Barcelona

Los libros inundan Passeig de Gràcia con todas las medidas de seguridad, mientras que este año las rosas se han quedado a la parte baja de las Ramblas con las paradas de toda la vida.

Diverses persones fan cua per a la signatura de llibres en el dia de Sant Jordi, a 23 d'abril de 2021, a Barcelona.
Diversas personas hacen cola para la firma de libros en el día de Sant Jordi, el 23 de abril del 2021 en Barcelona. David Oller / Europa Press

"Es un libro que te deja... que cuando te lo acabas te sientes llena", dice Gemma, una de las libreras que atienen en una de las paradas de Passeig de Gràcia. Están en una de las once zonas perimetradas en la capital catalana en este Sant Jordi tan esperado, donde para entrar hay que respetar el aforo y ponerse gel hidroalcohólico antes. Gemma, de pelo rizado y oscuro, habla del libro de Hamnet, de la irlandesa Maggie O'Farrell, una de las recomendaciones literarias de este año. La versión en catalán, de l’Altra Editorial, ya va por la tercera edición: en esta parada ya se les ha agotado y solo son las 11 de la mañana.

Las primeras firmas de autores, entre ellas la de Irene Solà en la zona de la Laie en Passeig de Gràcia con Gran Vía, empiezan a primera hora de la mañana, con ilusión por parte de los usuarios y de los autores. "¡Que me firme el brazo y me tatúo su firma!", dice una chica de unos dieciséis años mientras hace cola con sus amigos con un ejemplar de Jo canto i la muntanya balla (Anagrama, 2019) bajo el brazo. "¡Estoy tan ilusionada y llena de energía! Estoy contenta de que Sant Jordi haya vuelto a las calles", dice Irene Solà con una sincera alegría en los ojos. Curiosamente, quien también lleva este libro en la mano es el vicepresident con funciones de president, Pere Aragonès, que remueve en el estante de la Central.

Las colas van bastante más rápidas que en otras ediciones de la fiesta más querida de Catalunya, pero se hace un poco extraño tanto orden en una fecha donde el caos es un clásico. Hay gente de todas las edades, y la sensación es la misma: había ganas de volver a ver las calles de Barcelona llenas de cultura y belleza. Así lo expresa Claudia, una chica de 26 años con pelo rizado, sonrisa nerviosa y mirada inteligente. "Yo tenía muchas ganas de Sant Jordi porque me acuerdo mucho del año pasado: creo que todos nos quedamos con las ganas de comprar libros", explica. Ella, en medio del Sant Jordi pandémico, compró los libros para su pareja de manera virtual. "Tenía realmente ganas de vivirlo en persona", detalla. Aun y así, no los ha adquirido en las paradas habilitadas porque le daba miedo "ir al último momento" y no poder entrar porque hubiera demasiada gente, así que los ha comprado con antelación. Pero sí que ha aprovechado el sol radiante de este viernes y ha salido a pasear. "Noto muy buen ambiente, había muchas ganas de compartir libros, de compartir rosas", concluye.

Quién esperaba que habría menos afluencia es Raquel, trabajadora de Libelista. "Pensábamos que habría menos gente por la covid-19, que estarían asustados, pero hay gente desde primera hora de la mañana y cada vez hay más", reconoce. Como que el año pasado no se pudo celebrar en las calles, Libelista, al tratarse de una iniciativa de venta en línea que tiene alianza con más de 150 librerías, "beneficiándolas a ellas y no a grandes empresas como Amazon o Fnac", sacó partido. "Como somos una web en línea teníamos muchos pedidos porque los comercios y librerías cerraron en Catalunya", recuerda.

Con la reapertura ha bajado esta demanda, pero Raquel se muestra satisfecha con una edición presencial y no virtual. De hecho, tienen una sección al final de la parada donde han pedido a las librerías que recomienden un par de títulos para los lectores. "Al final de la jornada, el 5% lo destinaremos a las librerías que han participado", apunta. Los libros que se venden más son los de novela negra, detalla, y como títulos particulares señala otros géneros, como por ejemplo Hamnet, el mismo que se le ha agotado a Gemma.

Como esta edición es más ordenada, en Passeig de Gràcia cuesta encontrar los típicos grupos de adolescentes con dos o tres cubos llenos de rosas, ya sea para ir a viaje de fin de curso o para una agrupación escolta. Hay tiendas más especializadas, pero este año los libros se han quedado  arriba y las flores han bajado por la Ramba. La histórica avenida, que normalmente está llena de letras, pétalos y miles de personas peleándose para mirar el ejemplar que revisa el otro, este mediodía se ve más ordenada que nunca. Así lo confirma Maribel, que arregla las rosas en la Flor de la Rambla, donde llevan más de 20 años vendiendo flores.

"Este año ha sido un túnel. No ha habido ninguna ayuda económica a las paradas. Ha habido meses donde no había nadie, era como una película del fin del mundo", recuerda mientras saca las espinas. "Este año me gusta: creo que es mucho mejor haberlo dividido, sino antes era como un embudo", considera. A pesar de que la más popular es la roja, explica que otra que se pide bastante es la rosa azul. "Los precios son los de hace dos años: cinco o seis euros, que la cosa no está por muchos estiramientos", reconoce