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'Slam poetry': un asalto a las palabras

Otra forma de rimar es posible. Los 'slammer' despojan a la poesía de toda esa pompa catedralicia y le bajan los humos. Repeticiones, sonidos en bucle, sampleados y bailes axonométricos. “La poesía es para todos y está en todas partes".

La escritora, poeta y slammer Mel Duarte.- FILIPA AURELIO

Palabra y sonido. La receta no tiene mucho misterio. Si les queda soso aderecen el asunto con algo de provocación, un ritmo trepidante y una pizca de tensión. Se valorará la dramatización. También la capacidad de síntesis, o lo que es lo mismo, ceñirse al tiempo estipulado, que rondará los tres minutos. La slam poetry, que linda con sucedáneos ilustres como el spoken word, el rap o el hip hop, se da un festín esta semana en Madrid en el marco del Festival Internacional de Palabra, Acción y Sonido, oportunamente abreviado bajo el acrónimo de FLIPAS.

Predomina la urgencia, esa irrefrenable premura por decir, por ponerle nombre a lo que nos conmueve, a ese caos que es la realidad. Ordenar desde la extrañeza. “Para mí es como tener la posibilidad de escribir nuevas realidades que todos anhelamos que existan”, explica desde Berlín Rike Scheffler, escritora y artista alemana empeñada en zarandear los límites del lenguaje con una fórmula en la que conjuga performance, melodía y poesía. “También me permite mostrar nuevas formas de percibir el mundo que nos rodea y reducir la velocidad de lo cotidiano”.

Dicho de otro modo; el arte de la palabra sin poltronas ni magisterios. Se trata, a fin de cuentas, de despojar a la poesía de toda esa pompa catedralicia y hacer que tome tierra. Repeticiones, sonidos en bucle, sampleados, bailes axonométricos e incluso algún que otro vacile. En palabras de Scheffler, “la poesía es para todos y está en todas partes; en una conversación con un colega, en densos pensamientos filosóficos, en una protesta política, en el modo en que ordenamos nuestra habitación y hasta en la forma en la luz entra o se coloca ligeramente sobre las cosas”.

Como performer que actúa en directo, Scheffler usa la voz como instrumento junto con pedales, y sintetizadores como base para sus oscuros y cálidos poemas-canciones. Otra forma de declamar que le permite “apelar al intelecto, pero también al corazón y al cuerpo”. No en vano la interacción con el otro –hablamos de recitales que convocan a cientos de personas–, logra establecer una (efímera) comunidad: “Me encanta ese intenso intercambio con el público que sólo se puede tener a través del arte, me encanta cuando todos, incluyéndome a mí, reconectamos y construimos de forma colectiva”.

Mel Duarte: "Nuestra juventud es militante y  participativa, así debe ser nuestra poesía"

De ese querer "construir comunidad" a través de la palabra sabe mucho el colectivo slammer, proclive a tender puentes que permitan la expresión de la identidad y el modo en que enfrentamos el mundo. Es el caso, por ejemplo, de la escritora y poeta brasilera Mel Duarte, curtida en el colectivo Poetas Ambulantes, empeñados en bajarle los humos al alta poesía, y ahora en Slam das Minas, que da voz a la dura situación de las mujeres brasileñas. 

"Estamos rompiendo muchas barreras –comenta Duarte al otro lado del teléfono–, la poesía no tiene por qué utilizar toda esa terminología de otro tiempo, nuestra juventud es participativa y militante, y así debe ser nuestra poesía". Una forma de entender la rima que se aleja de los juegos florales y le otorga un plus emancipador, consciente de que la palabra –y la belleza de la que es capaz– nos pertenece a todas. 

"Hay una poesía que parece escrita para gente instalada en una buena situación económica, sobra decir que esa no es la nuestra, tenemos que ser capaces de romper ese paradigma que vincula poesía con privilegio, está en nuestra mano utilizar palabras y hablar de realidades que comprenda la periferia", añade Duarte.

Rike Scheffler: "La lengua es una de las armas más poderosas que tenemos"

Una batalla, la de convertir la rima en una herramienta útil y accesible para todos, que comparte con su colega alemana. Según Scheffler, el mejor modo de acabar con esa "estrechez mental" que entiende la poesía como propiedad de una élite es a través de la "acción cotidiana", tratando de ser "un ejemplo vivo y accesible para todos". E incluso ir más allá: "Tenemos que conseguir llevar nuestros poemas a nuevos lugares"

Dicho de otro modo; no ceñirse al escrutinio de la realidad, intentar cambiarla. Poner en el foco en lo que nos duele sin agachar la cabeza: redención y lucha. "Con la poesía también somos militantes, esto es algo que debemos olvidar", apunta Duarte. "La lengua es una de las armas más poderosas que tenemos. Es por esto que me gusta pensar en los poemas como máquinas de realidad", apostilla la germana. 

Este viernes se verán las caras ambas poetas. El encuentro tendrá lugar en la cafetería de Naves Matadero. A buen seguro será una batalla sin vencedores ni vencidos