Entrevista a Alba Tomé, activista feminista, periodista y escritora"La venganza es maravillosa"
La periodista de Vilagarcía (Pontevedra) retrata en As humidades, su primera novela y finalista del premio Illa Nova, la violencia machista desde el punto de vista infantil.

Alba Tomé (Vilagarcía de Arousa, 1996) es escritora y comunicadora audiovisual especializada en periodismo, y ha quedado finalista del premio Illa Nova la Editorial Galaxia con su primera novela, As Humidades, un retrato de la violencia machista y de cómo lo destroza todo cuando se institucionaliza a nivel familiar, social y político. Tomé, que ha trabajado en Galicia en medios como Público, Luzes y GCiencia, se mudó a Madrid en 2021 para trabajar en comunicación política en el Congreso de los Diputados. Actualmente coordina la comunicación del Instituto de Estudios y Desarrollo de Galicia (IDEGA) y desarrolla proyectos culturales por cuenta propia.
Su novela narra episodios de maltrato machista infantil –"Escribo, juego, río, pero me muero de dolor", dice una de sus personajes–, que le sirven para reflexionar sobre la opresión machista casi institucionalizada. ¿Le sucedieron a usted los episodios que narra en esos dos ámbitos, el familiar y el político?
No es una novela autobiográfica, es autoficción. Parto de hechos biográficos, de cosas desagradables que me han pasado en la vida, y las llevo al límite, fantaseo con ellas y las exploro desde otro punto de vista. Quizás para intentar entenderlas.
¿Qué le inspiró para escribirla?
Verá, yo quería indagar en la comparación entre las figuras del padre y del Estado, entre la persona que te gobierna en casa y la institución que te gobierna como ciudadana. De hecho, busqué estudios filosóficos e indagué en las escritoras anarquistas, porque sabía que Emma Goldman algo había tratado respecto a su padre. Pero no encontré mucho más. Yo quería investigar sobre esa doble opresión que sufrimos y decidí enfocarlo a mi manera, de forma ficcionada, novelada.
Usted pertenece a una generación que se ha educado en un discurso institucional de rechazo al machismo pero que aún tiene que salir a la calle para reclamar que ese discurso se haga efectivo. "La primera vez que vi hacer política fue cuando mi abuela le lanzó un cuenco de leche a mi padre a la cabeza", dice la primera frase del libro.
Esa frase la escribí cuando estaba en Madrid, hace años, con el primer párrafo o el comienzo del último capítulo, creo recordar. Pero no seguí porque la política y el periodismo no te dejan mucho tiempo para tus propios proyectos, y después de diez horas sentada frente al ordenador no tenía fuerzas para ponerme a teclear al llegar a casa. Además, vivía en Madrid, y Madrid no me inspira en absoluto. Pero la historia que quería contar me obsesionaba, no pensaba en otra cosa, tenía que sacarla de mí... Así que aparqué mi empleo en el periodismo y me dediqué a la novela como si fuera un trabajo.
"Quería indagar en la comparación entre las figuras del padre y del Estado, entre la persona que te gobierna en casa y la institución que te gobierna como ciudadana"
Usted es activista feminista desde hace tiempo y periodista de profesión, y ha trabajado a los dos lados del oficio, quiero decir en los medios y en los gabinetes de prensa. ¿Cree que existe un compromiso feminista en el periodismo o es simplemente palabrería?
Ambas. Tanto a nivel periodístico como en el mundo político se busca ahora que los equipos de comunicación tengan una perspectiva de género. No puedo evitar pensar que en el partidismo ocurre por la intención de quedar bien de puertas afuera, una suerte de escudo protector. Porque de puertas adentro ya estamos viendo lo que está pasando. Incluso en partidos que abanderan el feminismo y en los que no dejan de salir casos de acoso sexual. En cuanto al periodismo en los medios, creo que sí hay una cierta intención por crear y difundir información con perspectiva de género gracias a la presión feminista. Por supuesto, en la prensa que no está dirigida por fascistas.
Las mujeres de su novela, entre ellas la bisabuela de su protagonista, son víctimas de violencia machista, pero no aparecen como sujetos pasivos, como suele suceder cuando el periodismo habla de casos reales, sino que las dibuja como verdaderas heroínas. ¿No cree que es necesario difundir esa épica de las víctimas?
No tenía intención en absoluto de retratarlas como tales, al contrario. Me apasionan los personajes erráticos, porque erráticas somos las personas. Lo ideal sería vivir en un mundo en el que no existieran heroínas, en el que nadie tenga que ser considerado un héroe por sobrevivir, tampoco las mujeres. Para mí, mi bisabuela era una heroína, claro, porque en la época en la que le tocó vivir era capaz de dar un golpe en la mesa y dar su opinión, o enamorarse y volver a casarse tras enviudar sin importarle lo que pudieran decir en su aldea. Pero lo ideal sería que la igualdad estuviese tan integrada en nuestras vidas que no hicieran falta capas ni laureles, que ni siquiera el feminismo fuese una lucha. Que el mundo fuera un espacio seguro para nosotras, que no tuviéramos que pelearnos por esto y simplemente gozar.
Al margen de esa bisabuela, las protagonistas de la novela son dos niñas a las que resulta difícil no identificar como heroínas.
Simplemente quería explorar cómo vive una niña la violencia machista. Quiero decir, ¿qué está aprendiendo de esos comportamientos tan agresivos y tan violentos de un padre? ¿Repite esas conductas? ¿O aprende que se trata de algo malo? ¿Se aprovecha de la violencia para responder con ella? Me interesan las niñas violentas. Me lo pregunto como feminista, también, después de tantos años… La pedagogía la dejé atrás.
¿Qué cree que está sucediendo?
Algo estamos haciendo mal y algo hace mal el Estado para que se siga asesinando y agrediendo a mujeres, para que siga habiendo tantos casos de abuso infantil cuando en teoría existen leyes garantistas, ¿no? Inevitablemente, te preguntas si acaso no tendríamos que ser violentas también. ¿Qué pasaría si las 40 ó 50 mujeres asesinadas al año fueran hombres blancos asesinados por inmigrantes? ¡Se consideraría una crisis de Estado! Es la historia de siempre. Por una parte, la vida de las mujeres, el bienestar de las mujeres, no importa lo mismo que la vida y el bienestar de los hombres. Y por otra, les asusta cuando señalamos directamente que los agresores no son ese hombre fantástico escondido entre los matorrales por la noche, sino los hombres de nuestra familia o de entornos cercanos. La violencia parte de ellos, no del que viene de fuera, como les gusta decir.
"Lo ideal sería que la igualdad estuviese tan integrada en nuestras vidas que no hicieran falta capas ni laureles, que ni siquiera el feminismo fuese una lucha"
¿Le falta algo al activismo?
Falta activismo de calle. El activismo feminista se ha trasladado en parte a la esfera digital, lo que me parece normal y hasta maravilloso, pero se está perdiendo el activismo de calle, el estar codo con codo, reunirnos, contarnos nuestras experiencias, intercambiar libros, debatir… Es una pena, y además un tanto para el Estado capitalista que nos quiere individualizados, no en comunidad. Yo pertenezco a una pequeña asociación de Vilagarcía en la que seguimos apostando porque no se pierda esto.
Hablando de la ría de Arousa, en la novela la describe usted casi como otro personaje. ¿Qué significado tiene para usted todo ese entorno personal?
Vilagarcía es la ciudad que me ha hecho la persona que soy. Allí está toda mi vida. Quizás no entendí el amor que siento por la ría de Arousa hasta que me marché a trabajar a Madrid. Su olor, su gente, la manera en la que hablamos... Bajas del tren viniendo de Madrid y te inunda un olor a mar mágico... Era inevitable que la novela tuviera a Vilagarcía como escenario. Le debo todo, incluidas las profesoras de Literatura o Historia de la ESO que me decían: "Alba, tú te vas a dedicar a escribir", cuando escribía poemas escolares. El territorio en el que creces acaba por definirte, y todo eso es lo que me ha traído aquí.
Empezó a escribir escribiendo poesía, ¿sigue haciéndolo?
No, la poesía sólo me sale cuando estoy tremendamente destruida.
Entonces, mejor que no.
No es tan grave, la escritura en formato poesía sólo me sale cuando he tocado fondo, y como la verdad es que no suelo estar tan mal, pues no la escribo tanto.
Su novela tiene un leve punto de humor, de venganza infantil.
Yo creo que la venganza es maravillosa.
Dos de los personajes del libro hacen una especie de juego de sinestesia, identificando colores con objetos, situaciones, personas, emociones... ¿De verdad el Congreso de los Diputados es marrón?
Supongo que haberle dado ese color tiene mucho que ver con una época determinada, con un lugar en el que, si se me permite, hay mucha mierda, putrefacción, maneras de hacer política que yo desconocía y que sólo descubres cuando estás dentro.
También hace una descripción muy dura de los políticos y políticas de izquierda, de la antigua y de la nueva, de la hipocresía subyacente a los principios y valores que dicen defender. No sé si algunos de sus excompañeros van a sentirse cómodos en esa descripción.
Hablo de maneras paternalistas, agresivas y opresivas... Volvemos a las figuras del Estado y del padre, del gobernador. En mi caso, acabé por no estar nada cómoda en Madrid y lo vi todo bastante desesperanzador. No creí en ningún proyecto. Profesionalmente fue toda una experiencia, imagínese llegar al Congreso con 23 o 24 años, ver su funcionamiento desde dentro, las triquiñuelas, las negociaciones, las estrategias... Fue un aprendizaje, sí, pero viví situaciones que no querría volver a vivir. Si estas situaciones me ocurren ahora actuaría de otra manera, pero era más joven y me aferré a las ganas de trabajar ante todo. No, no volvería a trabajar en política.
El activismo feminista se ha trasladado en parte a la esfera digital, lo que me parece normal y hasta maravilloso, pero se está perdiendo el activismo de calle
¿Usted jugaba a ese juego de pequeña? ¿A lo de identificar colores con emociones, conceptos?
La verdad es que no.
¿Y se atrevería a hacerlo ahora?
Venga.
Política.
Amarillo.
Venganza.
Rojo.
La ría de Arousa.
Azul.
Galicia.
Azul.
Humedad.
Negro.
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