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Censura parental de Vox Fernando Vázquez, lecciones de vida desde un banquillo

El entrenador del Deportivo de la Coruña, un hombre de fútbol que escapa del estereotipo, está en boca de todos por sus críticas a la censura parental impulsada por Vox, un asunto que le toca de cerca tras haber sido durante 13 años profesor de bachillerato y que le produce especial rechazo por su acreditada vocación docente.

Fernando Vázquez
Fernando Vázquez, en el banquillo del Deportivo de la Coruña. (TWITTER | @RCDeportivo)

Fernando Vázquez (Castrofeito, 1954), entrenador del Deportivo de la Coruña, nunca ha sido de callarse las cosas. Sus últimas y llamativas declaraciones sobre la censura parental que Vox ha impulsado en Murcia, junto a sus exitosos resultados con el Deportivo –el equipo, que estaba en zona de descenso, ha ganado todos los partidos con él en el banquillo y la ciudad sueña ahora con el ascenso– han colocado a este atípico técnico en boca de todos: todo el mundo habla de un entrenador que se sale del cliché y que es capaz de mirar más allá de la burbuja que es el fútbol de élite. Lo cierto es que Vázquez va a contracorriente: desde que debutó como entrenador de Primera División en 1995 –en el banquillo del Compostela– siempre ha escapado del estereotipo tanto por su trayectoria como por su discurso.

Pasional, intenso y vehemente, pero también tranquilo, educado y culto, Fernando Vázquez no se mordió la lengua al afirmar que el veto parental de Vox le parece "una puta mierda". Una expresión malsonante utilizada intencionadamente para enfatizar la maldad que encierra la propuesta de Vox, pero que no refleja su verbo fino y sus ademanes siempre educados y respetuosos, ni tampoco la formación intelectual de este entrenador que, como buen profesor de bachillerato que fue antes de llegar a la élite del fútbol español, siempre ha mostrado interés por la docencia, por enseñar y transmitir conocimiento, algo a lo que él da mucha importancia, según ha confesado en numerosas ocasiones.

Fernando Vázquez fue profesor de inglés durante 13 años en varias localidades de la Galicia interior antes de dar el gran salto al fútbol profesional. Cuando critica  a Vox, sabe de lo que habla. En unas recientes declaraciones al diario El País, él mismo se define como un entrenador con vocación docente: "En mi manera de trabajar es importante la capacidad de comunicar. En realidad un entrenador da clase a los jugadores, es un enseñante".

Un enseñante que en otra entrevista de 1996 ya mostraba el compromiso propio de cualquier buen profesor: animaba a los jóvenes futbolistas a no dejar los estudios –"Entrenar cuatro o cinco horas diarias, como mucho, no debería ser incompatible con estudiar"– al tiempo que lamentaba el abandono que sufría entonces el deporte escolar.

Él mismo confesaba en esa entrevista que la formación pedagógica y universitaria le había servido de mucho en la relación con los futbolistas y desgranaba su manera de entender el fútbol pero también la vida: "Los deportes colectivos funcionan como una sociedad en pequeño. Te enseñan a trabajar en equipo y a cultivar valores como la solidaridad, el compañerismo, la amistad o la renuncia. Aprendes a perder, asimilas la idea de que la derrota es una parte del camino de la vida, y también a ganar sin perder el respeto a los compañeros".

También hacía una reflexión sobre el papel de los padres en la educación de sus hijos que, aunque hecha en 1996, sigue plenamente vigente y ayuda a entender mejor su posición sobre el veto parental que defiende Vox: "Da la sensación de que en este mundo, sobre todo en el deporte profesional, sólo es bueno el que gana. Los chavales, sin embargo, no lo viven así. En este terreno a veces hacen mucho daño los padres, que tratan a sus hijos de modo distinto cuando pierden".

Las críticas a Vox confirman que es un hombre interesado por lo que sucede más allá de un terreno de juego. Su imagen –su voz suave y pausada, siempre en un tono bajo, y sus gafas de profesor le confieren cierta autoridad intelectual–, su formación –es un lector voraz– y un fuerte carácter que quizás en los últimos años de su carrera le ha pasado más de una factura –le echaron del Deportivo en 2014 por explicar a unos niños cómo fichaba el club–, dibujan a una persona culta y segura de sí misma que no duda en firmar un manifiesto contra los estragos de la minería en Galicia, criticar al presidente de su equipo por poner un precio muy alto a las entradas o solidarizarse con sus jugadores cuando, estando en el Mallorca en 1999, fueron multados por bajo rendimiento. "Deberían multarme a mí", dijo entonces.

Prueba inequívoca de su compromiso social es lo que dijo en una entrevista con Público en diciembre de 2015, cuando llevaba 18 meses en el paro –desde 2007 apenas ha entrenado un año y medio al Deportivo en dos etapas diferentes y 11 meses al Mallorca–. "Me da vergüenza social apuntarme al paro", afirmó cuando el redactor le preguntó si lo había hecho. "Vivo en una aldea semirural en la que tengo amigos en paro, el otro día quedé a comer con uno y eso es angustioso. Mi hijo, el que ha estudiado sonido, tampoco tiene un trabajo definido y, sin embargo, yo no tengo ni necesidad de cobrar el paro", añadió con un punto de modestia, que también es marca de la casa.

En aquella conversación también se apreciaba otro rasgo de su carácter, herencia de su vocación docente: su afán por aprender y por formarse. "No consiento que la anarquía me devore. A las ocho y media ya estoy levantado y lo que hago es ver mucho fútbol, leer muchos libros de fútbol, en definitiva de aprovechar las ventajas de esta situación. Tengo que prepararme", afirmó.

Ahora se muestra más sereno, con más poso: reconoce que ha cometido errores a lo largo de su carrera. Pero inteligente como es, también ha aprendido de ellos. Lo explicó en la entrevista de 2015: "Son errores de los que en su momento no te das cuentas, ¿por qué?, es otra pregunta difícil. Pero precisamente por eso ahora entiendo que es tan importante saber elegir". Toda una declaración de principios que resume su actitud vital: saber, conocer y transmitir sin vetos, ni censuras, porque para Vázquez el conocimiento, la posibilidad de aprender, está por encima de todo.