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"¿A quién le pongo una pistola en el pecho?"

La lucha de una plata olímpica frente al paro. Jordi Llopart habla seis idiomas. Diplomado en Turismo y Enfermería. Su único ingreso son los 426 € del subsidio de desempleo.

Jordi Llopart marchando por la calle.

ALFREDO VARONA

MADRID.- Un mito en la encrucijada. Así es la vida de Jordi Llopart, de 62 años. Una historia extraña. Un hombre que fue oro europeo en Praga 1978 y plata en los 50 kilómetros marcha de los Juegos Olímpicos de Moscú 80 y que lleva dos años en paro en los que sólo le salió un contrato temporal de un mes para trabajar con el CAR de Sant Cugat.

Abocado, en los últimos meses, a cobrar el subsidio de 426 €, aguanta como puede. Es una conversación en defensa propia. No es una vida fácil, pero todavía es dueño de sí mismo. Llopart asegura que no se derrumba. "Mi autoestima no pasa de moda. Yo soy como Sabina o Serrat, que son hombres de mi generación y que no declinamos ante nada". La diferencia es que a Llopart cualquiera le echa los 62 años que tiene. "Tengo un pacto con el diablo. Quiero vivir hasta los 100 años. Cada mañana me ducho con agua fría. Ya puedo estar en Lituania, de donde es mi segunda esposa, y estar a cinco grados bajo cero, que siempre me ducho con agua helada. Creo que eso es lo que me mantiene así, fuerte física y mentalmente".

Vive con el subsidio de 426 € al mes. ¿Qué se le puede preguntar a un hombre en esa situación?

Cualquier cosa, lo que quiera, tiene derecho a preguntar lo que quiera.

He leído que las está pasando canutas, claro.

No existe otra posibilidad. Somos cuatro en la familia, tengo dos hijas de cuatro años y nueve meses, porque este es mi segundo matrimonio. Mis únicos ingresos son esos porque mi mujer está en la misma situación que yo. Son 852 € los que entran en casa para cuatro personas, pero ¿qué quiere que le diga? ¿Que estoy asustado? No, para nada, y mire que llevo tiempo así. Pero las he pasado canutas tantas veces..., como atleta, como padre de familia..., ya no es fácil que me derrumbe, prácticamente imposible.

Estoy hablando con una plata olímpica, la primera del atletismo español, en toda la historia

Me tocó abrir puertas, hacer camino. ¿Quién iba a imaginar que un español pudiera hacer eso o ganar un oro en un Europeo? Pero yo abogué por eso. Me sacrifiqué para eso. Comprendí que tenía que estar por encima de las dificultades. Supe estarlo. Supe llegar hasta donde me propuse. Me convencí que cuando me decía a mí mismo, 'Jordi, tú puedes' llevaba razón.

Pero no quiero ser maleducado, Jordi. No estoy aquí para que me hable del pasado, sino del presente, de lo que pasa ahora, de ese paro suyo que supera los dos años.

¿Qué quiere que le diga?

¿Ha podido tener usted parte de culpa?

No, todo lo contrario. No lo creo. Pero a lo mejor lo que entonces me dio la vida ahora me lo ha quitado. ¿Por qué? No lo sé, pero a veces pienso que tanto por un lado como por otro, y no te digo de que color, debo tener una cruz negra en Catalunya.

¿Y se puede vivir así viendo como pasa el tiempo?

Sí, claro, porque yo soy más fuerte que todo eso. Cada mañana me levanto a las seis de la mañana y salgo a entrenar. Tengo 62 años, pero me conservo bien. Tengo calidad de vida. Tengo tres nietos. Tengo dos hijas, de 33 y 29 años. Tengo hermanos que me apoyan. Tengo amigos. Tengo demasiado como para derrumbarme. No puedo consentirlo y, es más, no voy a consentirlo.

La procesión irá por dentro entonces

Uno se levanta; uno siempre se levanta. Soy mayor que usted y se lo puedo decir y hasta asegurar. Hay que ver lo bueno de la vida. Tenemos que verlo. Yo, por ejemplo, vivo en Canet de Mar. Tengo la suerte de ver salir el sol en el paseo marítimo. Son cosas que a mí, personalmente, me levantan, me permiten estar satisfecho conmigo mismo. Otra cosa es que luego llegue a casa, me lie a tocar puertas, a hacer llamadas, porque todavía tengo tarifa plana en el teléfono y puedo hacerlas, y no salga nada. Pero nadie me puede acusar de no intentarlo. Mando de 30 a 40 currículum por mes.

¿Y cómo lo lleva su familia?

Lo lleva.

¿Y los ahorros?

Lo invertí todo y lo que quedó fue para mi primera mujer tras el divorcio, para ella y para mis hijas.

¿Hay nostalgias más desagradecidas que la suya o que su plata olímpica?

No, por favor. Además, hay en países que un caso como el mío sería imposible. Sin ir más lejos, en México. Allí tienes un puesto de trabajo vitalicio para toda la vida si logras una medalla olímpica. Pero, claro, allí son dos los que la logran y aquí somos 22. ¿Y qué se puede hacer ante eso? ¿Qué quiere que haga yo? ¿A quien le tengo que poner una pistola en el pecho? He tocado puertas. Me he hartado de preguntar a mucha, muchísima gente: '¿Mi sapiencia para qué sirve?

¿Qué quiere que yo le conteste?

Si usted no responda que lo haga el público.

¿Qué formación tiene usted?

Hablo seis idiomas, si contamos el castellano y el catalán, soy diplomado en Enfermería y en Turismo, Oficial Industrial de Artes Gráficas... Soy entrenador nacional de atletismo. Fui ocho veces campeón de España de 50 km marcha, tres veces olímpico... He entrenado a marchadores de elite, a la primera medalla de oro en marcha de Dani Plaza en los Juegos de Barcelona... He trabajado en Japón, en Noruega, ene Dinamarca, la última vez en México.... Tengo un pasado, una historia.

¿Podría indignarse uno al escuchar un caso como el suyo?

No, al contrario. No diga eso. No me diga palabras negativas, porque entonces me hunde. Quizá esta sea la primera entrevista en la que más estoy abriendo mi corazón. Le estoy diciendo cosas que no le he dicho a nadie, y eso que apenas le conozco. Pero hay momentos en la vida... Hay situaciones... Hay épocas que no entiendes... Desde que volví de México en 2012, tras los Juegos de Londres, no he vuelto a tener un trabajo. ¿Es eso normal?

¿Tampoco dar publicidad a su caso tampoco le ha procurado ninguna oferta de trabajo?

Últimamente, sí, se está hablando, me están llamando, pero hasta el momento se han quedado en palabras... Había una cosa que yo sí veía, pero en las dos últimas semanas no hacen más que darme largas. Y me molesta, claro que me molesta. Pero entonces me recuerdo a mí mismo que yo soy un superviviente. En mi época llegaba a entrenar casi 40 kilómetros al día. Eso me dio una fuerza especial.

¿No es su vida ahora mismo la de un perdedor?

No!!!! Sólo perderé el día que deje de luchar y no estoy dispuesto a hacerlo. Es más, cada día cuando me levanto por la mañana sigo diciendo: 'yo puedo'. Con eso es suficiente para mí.

Pero esto no depende sólo de usted

¿Qué no depende de mí? Sí depende, porque yo sigo moviéndome. Sigo mandando CV. Sigo aguantando. No dejaré de intentarlo, porque no puedo. No quiero irme de mi casa. Es una herencia de mis padres. La construyeron para mí. Y si no encuentro trabajo pronto la tendré que vender e irme a un piso. Por eso tiene que salirme un trabajo. No sé cómo ni de qué, pero tiene que salirme, mismamente porque en casa han venido las plusvalías de la herencia, el IBI, y no he podido pagarlas. No hay aportación suficiente. He tenido que pedir prorrogas. No sé el tiempo que podré aguantar así.

Yo era un niño cuando usted consiguió la medalla en Moscú 80, quise verle como un mito

Los mitos no existen. De ser un mito no se vive. No, de ninguna manera. Además, no se olvide de que mi medalla fue en la transición y nadie necesitaba fotografiarse a su lado. Alguna fotografía sí hubo, vaya, pero era otra cosa. Era otra historia. Ahora, supongo que hubiese sido diferente.