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Murray desencaja a Federer

TENIS. El británico gana el oro al arrollar al suizo (6-2, 6-1 y 6-4), que se mostró irreconocible durante todo el partido.

Final del partido. Roger Federer acaba de perder la medalla de oro en la que podría ser su última oportunidad de conseguirlo. El suizo no tarda ni dos minutos en abandonar cabizbajo con su bolsa de deporte la pista central de Wimbledon, como queriendo pasar desapercibido en una fiesta en la que se hubiera colado.

Y en realidad es casi lo contrario. El británico Andy Murray ha ganado contra muchos pronósticos el oro a Federer (6-2, 6-1 y 6-4) en su pista, la de ambos en realidad. Porque la pista central de Wimbledon es casi más del suizo que del escocés, por muy anfitrión que fuera. No obstante, el helvético ha ganado en la hierba londinense ni más ni menos que ocho títulos, así que también la siente como propia.

Pero este no era su momento. El número uno mundial, exhausto de la maratón que disputó con Del Potro para llegar a la final, no estuvo acertado en todo el partido en la reedición de la final de Wimbledon, que si ganó con cierta facilidad (4-6, 7-5, 6-3 y 6-4) y cayó arollado, sin paliativos ante un inmenso Murray.

Sí fue el partido del escocés, su día y su momento. Le salió todo. Metía cada punto rozando la línea y al siguiente salvaba la bola con una estirada imposible o con un globo increíble.

El partido comenzó con un tanteo entre ambos, pero en la primera oportunidad que tuvo, el escocés rompió el servicio a Federer, algo con lo que le castigaría a cada opción que se le presentara. Con el 4-2 a su favor, Murray cerró el set sin problemas con otra rotura más.

El suizo falló bolas fáciles impropias de él y cometía demasiados errores no forzados

En la segunda manga la clave estuvo con el 2-0 para Murray. Federer tuvo seis bolas de rotura que no aprovechó y ahí se le fue, probablemente el partido.

El segundo set fue un paseo militar para el ídolo local. Un 5-0 sonrojante brillaba en el marcador de la Centre Court. El suizo se movía por la pista ofuscado, cabizbajo, mirando a la raqueta cómo preguntándola '¿por qué, qué me pasa, qué está pasando?'. Federer no hayó la respuesta en este set ni tampoco en el resto del encuentro. Murray cerraría el segundo set con 6-1 y aceleraba para ganar el oro.

El número uno mundial no se encontró en todo el partido, estuvo irreconocible, desconocido. Corría como por inercia, fallaba bolas fáciles impropias de él y cometía demasiados errores no forzados. El helvético trató de alguna manera de recuperar la compostura en el tercer set, pero no fue suficiente. Al menos, logró acabar el set con cierta decencia (6-4).

El escocés por fin ha ganado un gran título, algo que tenía que llevar constantemente sobre la espalda, y se desquita sobremanera de la final perdida el pasado mes de julio sobre el mismo césped, mientras Federer, que entonces salía victorioso, ahora encamina una posible jubilación olímpica sin el gran título que le falta, el oro en unos Juegos.