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El 'pájaro' que durmió en un cráter

El parapentista español Horacio Llorens, triple campeón del mundo, tiene que pasar la noche dentro de un volcán activo en Tanzania por una tormenta

JORGE YUSTA

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Lo suyo es volar en parapente. Pasión que ejercita desde los 12 años y que el domingo le llevó a realizar una de las mayores locuras de su vida. El español Horacio Llorens, triple campeón del mundo de parapente acrobático, tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en el cráter de un volcán activo de Tanzania y pasar la noche entre cenizas debido a una tormenta.

Llorens comenzó a mediados de diciembre una nueva aventura junto a su compañero de vuelos, el belga Thomas de Dordolot. Ésta le está llevando a sobrevolar los lugares más bellos y emblemáticos de África, desde Egipto, Sudan, Etiopía hasta Kenia o Tanzania.

Ya ha desplegado sus 'alas' por encima del río Nilo, las pirámides de Jebel Barkal o el Parque natural de Simiens Mountains. Su último viaje les llevó al parque natural tanzano del Ngorongoro.

"A sus pies se levantan dos inmensos volcanes y no lo pensamos ni un segundo, cogimos nuestros parapentes y nos pusimos a andar ladera arriba para buscar un despegue. Una hora mas tarde estábamos en el aire volando en ascendencias que nos levantaban a más de 10 metros por segundo", comentaba Horacio al equipo de Red Bull.

En mitad del vuelo, una tormenta les sorprendió y no tuvieron más remedio que aterrizar. Y tampoco otro lugar en donde hacerlo que en el mismo cráter del Ol Doinyo Lengaï, que había registrado una explosión hace tan solo cuatro años.

Llorens narra: "Aterricé en la cima con algo de dificultad por el fuerte viento, dejé mi equipo y me puse a andar y disfrutar de las increíbles vistas. Poco después se levantó un viento de más de 80 km/h que no me permitió despegar y tuve que pasar la noche allí. "Cuando llegué al cráter aluciné con el espectáculo. El volcán, aun activo, tenía un sonido constante de lava en movimiento y varios chorros de gas con un fuerte olor a azufre", comenta este madrileño de 29 años.

Tras pasar la noche allí, Horacio tuvo que esperar a mediodía hasta que se despejaron las nubes para poder tomar vuelo. "Por la mañana, establecí contacto por radio con mis compañeros y desde abajo me dijeron que pintaba mal el panorama, muchas nubes bajas que tapaban todos los picos. A medio día comencé a ver por fin el valle poco a poco. Doy gracias de que el volcán también durmiera aquella noche conmigo."