Opinión
Cómo ligaba yo cuando podía

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
En las ruedas de prensa a veces se produce un momento incómodo, cuando el convocante interpela a uno de los periodistas: entonces el flujo de información se da la vuelta y todos miran al colega al que acaban de señalar con el dedo. Nunca me ha ocurrido porque no me invitan a muchas ruedas de prensa (más bien no me invitan a ninguna), pero imagino que debe ser una especie de pesadilla ancestral, el temor redivivo -clavado en lo más hondo del recuerdo- de que el profe te pescara mosconeando en clase y te sacara a la pizarra frente a una ecuación de tercer grado. Una vez un músico de jazz tocaba en uno de esos bares asfixiantes donde sólo se respira humo y se hartó de oír a un crítico que, sentado en una de las mesas, no paraba de enumerar sus fallos para impresionar a la rubia que estaba a su lado. El tío bajó de la tarima y le entregó el saxo lleno de babas: "Toma, prueba tú ahora".
Algo parecido ocurrió el otro día cuando Alfonso Serrano, número dos de Ayuso, le preguntó a un periodista de sopetón: "¿Y tú cómo ligas?" Fue una volea de revés fulminante con la que Serrano se sacó de encima la cuestión de si pensaba que el alcalde de Móstoles había cometido acoso sexual contra una concejala de su propio partido. No es que la actuación de Serrano fuese precisamente un solo de saxo, pero el saxo también estaba lleno de babas. Mucho antes, Ana Millán, número tres de Ayuso, le dijo a la pobre mujer que venía a pedir amparo ante la intolerable persecución de aquel munícipe en celo: "Todas hemos aguantado muchas cosas en política. Déjalo, no vale la pena". He ahí el código ético del PP resumido en dos frases, con un amplio apéndice sobre feminismo del bueno.
La de Serrano, por supuesto, era una pregunta retórica: ya la había contestado él con el gracejo que le caracteriza. Cómo iba a ligarse el alcalde de Móstoles a una concejala a sus órdenes: pues de arriba abajo, joder, que es como se entra a las mujeres salvo si están por encima en el organigrama. Se le entra, además, varias veces, cada una más insistente y amenazante que la anterior, porque ya se sabe que las mujeres dicen no cuando en realidad quieren decir sí. Lo explicaba Benny Hill en un número digno de Alfonso Serrano, cuando le preguntaba a una joven: "¿Es cierto que cuando las mujeres decís no en realidad queréis decir sí?" Y ella replicaba: "No". En todos los partidos cuecen habas, pero en el PP además sirven el plato recalentado, a la vista de todo el mundo, para que luego venga un señor muy chulo y te lo explique como si fuese el chef de First Dates. Desde los tiempos del martirio de Nevenka Fernández en Ponferrada, las denuncias de acoso sexual en el partido se tratan como historias de amor picantonas, zarzuelas salidas de tono o romances de mujeres despechadas.
¿Y tú cómo ligas? La confianza con que está expresada la interrogación, tuteo incluido, obliga a pensar si Serrano esperaba una respuesta a su altura, una muestra de romanticismo similar al del garrotazo prehistórico con que se deja inconsciente a una muchacha antes de arrastrarla de los pelos a la cueva. Seguramente yo también me habría quedado en blanco ante esa exhibición de franqueza, pero, caso de preguntármelo en serio, quizá habría contestado con un breve resumen de mis lamentables coqueteos. Una vez ligué por internet, comentando que Match Point era una película fallida que Woody Allen había hecho mucho mejor en Delitos y faltas. Otra vez fue regalándole una novela mía a la maquilladora que intentaba arreglarme el careto para una tertulia televisiva, aunque tardé meses en conseguir la primera cita. Como se ve, bares y discotecas son zonas francas hostiles para mí, que suelo desenvolverme mucho mejor en atmósferas intelectuales.
La más memorable de todas tuvo lugar hace un cuarto de siglo en una librería de viajes donde yo trabajaba: entró una morena impresionante que se dirigió a la segunda planta y, según la vi subir las escaleras, dejé con la palabra en la boca a un cliente que quería comprar una guía de Madagascar. La joven se detuvo en la sección dedicada a la India y, cuando le pregunté si podía ayudarla, me asestó una mirada que oscilaba entre el asco, la indiferencia absoluta y la lástima. Por suerte, en ese momento, una mosca vino a interrumpirnos, y ante su gesto al intentar espantarla, solté: "No, no, déjala. La tenemos de atrezo para dar ambiente a la India". Empezó a reírse a carcajadas y aquella risa fue el mínimo común múltiplo de una relación que se alargó cinco años. Pero tampoco quiero darle más pistas a Serrano, que cualquier día de estos, cuando se ponga a dar otra rueda de prensa sobre las costumbres de apareamiento del alcalde de Móstoles, cuenta el monólogo de Encarna y las empanadillas.
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