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Vera remata un empate de locura

En el último segundo el Athletic iguala un partido (2-2) protagonizado por Manu

ALFREDO VARONA

 

Fue en el último segundo, no el último minuto. Urko Vera sacó un gol imposible que empató a Manu y a su noche de locura. Había firmado los tres goles, uno de ellos en su área, una cosa extraña para un hombre que rara vez defiende tan abajo. Pero las noches de lluvia tienen un suspense especial. La voluntad no hace caso y hasta Manu, futbolista de pizarra, se equivoca de portería. Su despeje fue lo que pareció: un jaque mate para su portero Codina, que no tuvo a quién protestar. Pero Manu encontró la revancha y, 25 minutos después, solucionó el pecado con un zurdazo mayúsculo, incontrolable, lleno de rabia. Era la única manera de anular a un Athletic que aprovechaba el desánimo y corría hasta la victoria.

El partido se declaró primero para el Getafe. Albín volvió a casa en las condiciones más desfavorables con el piso resbaladizo. Pero ya se sabe que él toca el timbre cuando le da la gana. Anoche era uno de esos días que no tienen precio en su biografía. Jugó con tanto carácter que encontró el gol en una noche que parecía desear el empate. Sólo se sabía de su entrenador, una estatua en medio de la lluvia, y de su portero Codina, el hombre del traje rosa, con cuerpo de gimnasta bajo el larguero. Justo antes del gol de Albín, el portero le anunció a Llorente, perezoso cabezazo el suyo, que el semáforo estaba en rojo. Hasta entonces, el partido se lo comían los demonios sin ocasiones ni nada que se le pareciese. Pero, de repente, apareció Albín para quemar las calles. Lo hizo con un instinto salvaje con el que recuperó un balón que no era suyo. Llegó hasta la línea de fondo y sacó un pase que Arizmendi trató de llevar a la red. No lo consiguió, pero facilitó la maniobra final de Manu.

El empate desanimó al Getafe, que acusó el dolor. Albin dimitió. No él, sino su físico. Creció entonces Muniain, que llegó con crédito al área y pudo hacer daño. El triunfo, si se iba a alguna parte, parecía del Atlhetic, que metió a gente de peligro. Pero lo que no se sabía es que la lluvia le debía una a Manu y aún menos a Urko Vera.