La trampa de la inflación en tiempos de crisis: los precios suben rápido pero luego no bajan igual
La querencia de los bancos centrales por subidas estables de los precios, el rechazo a la deflación y la llamada "inflación de la avaricia" son algunas de las razones que explican la constante subida de precios.
"Tratamos la inflación como un exceso de demanda y consideramos que la gente tiene mucho dinero en los bolsillos, pero ahora tenemos una inflación de oferta", explica el economista Andrés Villena.

Madrid--Actualizado a
Las consecuencias económicas de la guerra desencadenada por Estados Unidos e Israel en Irán ya se están notando en el bolsillo de los ciudadanos. El poder adquisitivo de la población, ya muy debilitado en los últimos años por una inflación y unos precios que desde 2021 están creciendo por encima de los salarios, puede degradarse aún más con el conflicto en Oriente Medio. El aumento de precios ya es una realidad tangible en algunos productos como los combustibles, la luz, el euríbor (y por lo tanto, las hipotecas) y en nada, apuntan los expertos, en los alimentos.
Todo apunta a un nuevo shock inflacionario provocado por la guerra en Oriente Medio, aunque aún es pronto para determinar si este nuevo golpe va a ser de la magnitud que alcanzó entre 2021 y 2022, año en el que la inflación alcanzó el 10,8% tras el ataque de Rusia a Ucrania. Hay mucha incertidumbre al respecto, pero también hay un factor decisivo: la duración del conflicto. Cuanto más dure la guerra, más graves serán las consecuencias y más inflación tendremos, señalan los expertos.
El problema de la inflación es que llueve sobre mojado. La ciudadanía se ve abocada a una continua pérdida de poder adquisitivo con cada nueva crisis. Cuando crece la inflación, aumentan los precios, pero cuando el Índice de Precios de Consumo (IPC) se modera, los precios no suelen bajar, o como mucho algunos lo hacen a su nivel original. La fórmula es sencilla y se plasma en números: según los datos del Instituto Nacional de Estadística, los precios aumentaron un 22,4% entre enero de 2021 y enero de 2026. Los salarios no lo han hecho al mismo ritmo: entre 2021 y 2024 (último dato disponible en la comparativa), las nóminas lo han hecho solo un 14,2%, de acuerdo con el propio INE.
¿Por qué los precios suben casi siempre de forma constante, sobre todo en tiempos de crisis? Las razones son varias, pero destaca una de tipo técnico. Para hacer sus cálculos, el INE toma como referencia la inflación de un mes en relación a la que había en el mismo mes del año anterior. De esa manera, el INE detecta tendencias en la evolución de los precios.
Sirva un ejemplo: la inflación el pasado mes de febrero fue del 2,3%. Eso significa que los precios se encarecieron en ese porcentaje con respecto a febrero de 2025. No todos los productos suben por igual, e incluso algunos no lo hacen: el IPC es una media de muchos productos y servicios —el INE analiza casi 1.000—, pero los que suben raramente vuelven a bajar.
Para que los precios vuelvan a bajar tendría que producirse un fenómeno que no gusta a los economistas más ortodoxos: la deflación. La deflación no gusta porque suele implicar una caída del consumo. España ha vivido dos episodios deflacionarios en los últimos años: entre 2013 y 2016, en plena crisis financiera, y entre abril y diciembre de 2020, en los primeros meses de la pandemia.
En este sentido, los bancos centrales prefieren subidas de precios estables y controladas antes que bajadas de precio. De hecho, el Banco Central Europeo (BCE) ha fijado el 2% como porcentaje óptimo de subida de los precios. Para controlar esas subidas, el BCE y el resto de bancos centrales suben los tipos de interés. Eso es lo que hizo el BCE tras el arreón de la inflación en 2022: entre julio de de ese año y septiembre de 2023, subió los tipos del 0,5% al 4,5% hasta llevarlos a su nivel más alto en 20 años. Sin embargo, una fuerte y prolongada subida de los tipos de interés puede provocar un estancamiento de la economía y entraña un serio riesgo de recesión.
La inflación como conflicto
Al margen de las cuestiones técnicas, hay otras que también juegan un papel, como las económicas, las ideológicas e incluso las políticas. Lo explica Andrés Villena, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro Las élites que dominan España: "Desde hace 50 años, estamos acostumbrados a tratar los problemas de inflación como un exceso de demanda y a considerar que la gente tiene mucho dinero en los bolsillos y por eso suben los precios. Pero pocas veces prestamos atención a la inflación como un fenómeno de conflicto, un fenómeno que en el pasado se llamaba lucha de clases".
Villena sostiene que para explicar el actual rebrote de la inflación, al igual que ocurrió en 2021, hay que tener en cuenta que "tenemos una inflación de oferta". El profesor universitario abunda en su explicación: "Somos todavía muy dependientes de las energías fósiles. Y eso impacta en los precios y produce escasez".
La subida de los tipos de interés
En ese impacto se entremezclan distintos fenómenos ideológicos e institucionales, afirma Villena. "El fenómeno institucional clave es que la principal medida para tratar este shock de oferta, causado por una escasez y por conflictos geopolíticos, va a ser la subida de tipos de interés", aventura el economista.
Villena explica que la subida de los tipos de interés se lleva adelante para retraer la demanda y retirar dinero de los bolsillos de la ciudanía y de las empresas para que no consuman tanto, pero advierte de que, en un contexto de escasez de oferta, eso no soluciona la subida de los precios.
La pregunta entonces es por qué se hace. Villena responde: "El BCE te va a decir que la inflación es una amenaza y que es un impuesto que afecta a todos los ciudadanos. Pero también afecta a los intereses de los ahorradores y de los inversores, que quieren más rentabilidad a cambio de un dinero que se deprecia. Por tanto exigen tipos de interés más altos. Se suben los tipos para que los que tienen los activos financieros obtengan más rendimiento de ellos. Eso a lo mejor tiene sentido desde el punto de vista ideológico, pero no para solucionar la inflación. La inflación es la fiebre. Además, la subida de los tipos de interés se traslada al mercado hipotecario, con lo cual no solo hay una pérdida de poder adquisitivo por la vía del consumo, sino también por la vía de la vivienda".
La conclusión, en opinión de Villena, es clara: "La crisis se reparte desigualmente. Muchos piensan que la causa de buena parte del incremento de los precios es porque los trabajadores quieren actualizar su salario y que lo que hay que hacer es moderar los salarios para que los precios bajen. No parece que eso sea verdad en un país con un nivel de paro del 10%, precariedad grande y salarios bajos".
La inflación de la avaricia
A la hora de explicar la inflación y por qué los precios no bajan, también hay que tener en cuenta otra trampa: la avaricia de las grandes empresas, siempre buscando maximizar beneficios. "Otro elemento del que se habla cada vez más es la inflación de la avaricia, lo que se conoce como la greedinflation", apunta Villena.
"Cuando una gran corporación opera en un mercado concentrado y hay una subida de precio en los suministros, normalmente actualizan los precios para mantener el margen. Pero ya hace décadas que en España esas grandes corporaciones aprovechan para subir los precios más allá de los incrementos de sus costes y así incrementan sus márgenes", ilustra Villena. Bancos y eléctricas son el paradigma de esta inflación de la avaricia.
"Todos esos elementos combinados hacen pensar que la inflación puede ser analizada como un fenómeno monetario, pero también como un fenómeno político y un fenómeno que enfrenta a distintas clases sociales y a corporaciones con trabajadores", matiza Villena.
Combatir la inflación
Villena pronostica que en el futuro habrá más crisis inflacionistas provocadas no solo por conflictos bélicos, sino "por el cambio climático y el encarecimiento natural de elementos de los que hemos vivido irracionalmente durante estas décadas". El economista aboga por combatir la inflación con medidas fiscales antes que con medidas monetarias. "Las medidas monetarias han sido prácticamente inútiles. Las que funcionaron en el brote de inflación anterior en Italia y en España fueron las fiscales: bajar determinados impuestos, dar ayudas a la pobreza, topar el gas, el transporte, etcétera. Esas medidas, aparte de ser redistributivas y moderar mucho el efecto de desigualdad, son más democráticas porque las vota un parlamento y no las deciden en el BCE", sostiene Villena.
Carlos Cuerpo, ministro de Economía, Comercio y Empresa, confirmó este pasado jueves que el Gobierno va a implementar, precisamente, medidas fiscales. Medidas necesarias, a tenor de las palabras de Villena: "La percepción de la gravedad es mayor ahora que con Ucrania".

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