La venta de Freixenet certifica el final del modelo tradicional de la producción de cava en Catalunya
La caída de ventas por la sequía durante la pasada campaña reabre el debate sobre la necesidad de apostar por la calidad o incrementar la superficie plantada.
Un estudio de los elaboradores insta a rejuvenecer el consumo y fidelizar al comprador.

Barcelona-
Hasta hace pocos años, el cava era considerado un símbolo de la economía y de la identidad catalana. De hecho, se ha utilizado por parte de otros territorios como punta de lanza para efectuar boicots comerciales. Las acciones llevadas a cabo tras la aprobación del Estatut de Catalunya, hace dos décadas, o las reacciones al procés soberanista son testimonio de esta identificación.
La vinculación se ha ido perdiendo desde el año 2018, cuando la empresa alemana Henkell compró el 50% de las acciones de Freixenet. Un año después, el fondo de inversión estadounidense Carlyle adquirió el 68% de Codorníu. Lejos de detenerse, la tendencia se ha acelerado. A principios de marzo, la familia Ferrer, descendiente de los fundadores de Freixenet, se ha desprendido del 50% que aún tenía en la compañía.
Mientras tanto, Codorníu, el otro gigante del sector, está intentando vender el 32% que aún conserva, pero se ha encontrado con dificultades por el descenso del consumo, especialmente entre los más jóvenes. Precisamente, la bajada del consumo, unida a la caída de las ventas y la necesidad de la apuesta por la calidad para captar nuevos compradores, forman parte del debate que debe afrontar el sector.
Los productores de cava cerraron el año 2025 con 190 millones de botellas vendidas, un 12,8% menos que en 2024, mientras que la facturación se redujo un 10% hasta los 2.048 millones. La Denominación de Origen Cava, que agrupa a los principales comercializadores de cava en España, como Freixenet o Codorníu, admite que la última campaña ha estado marcada por la sequía y por los aranceles impuestos por Estados Unidos, uno de los países a los que más se exporta el producto.
En la rueda de prensa del pasado 18 de marzo para presentar los resultados de 2025, el presidente de la Denominación de Origen Cava, Javier Pagés, afirmó que "el balance no ha sido una sorpresa porque ya nos esperábamos un descenso de las ventas por el impacto de la sequía".
El año pasado, el sector exportó 113,9 millones de botellas, un 18,7% menos, y la caída en la facturación generada en el exterior se situó en torno al 14%. Internamente, se vendieron 76,1 millones de botellas, un 2,5% menos que en 2024, aunque en facturación creció un 1,5%. Los principales mercados de destino del cava volvieron a ser Bélgica, EEUU, Reino Unido y Suecia.
¿incrementar la superficie plantada?
Al mismo tiempo que se conocen las cifras de la DO Cava, también se difundían las de Corpinnat, una marca que agrupa viticultores del Penedès de vinos espumosos, que trabajan con uva totalmente ecológica, efectúan una vendimia manual, una crianza mínima de 18 meses y una apuesta por las variedades autóctonas. Corpinnat cerró el año 2025 con 19 bodegas, que vendieron casi tres millones de botellas e incrementaron la facturación un 27%. El precio medio por botella se situó en 20,45 euros, mientras que el viticultor recibió 0,95 euros por kilo de uva entregada, casi el doble que el precio habitual del mercado.
Justamente, el precio que perciben los productores es una de las luchas del sector. Hace tiempo que los agricultores lamentan que no puedan cubrir los costes de elaborar uva, más ahora con la subida exponencial de los componentes energéticos. Desde Corpinnat, su presidente, Pere Llopart, habla de "dignificar el oficio".
Ante algunas voces de Extremadura y València, territorios que también forman parte de la DO Cava, que piden aumentar la superficie de cultivo, el sindicato mayoritario en el campo catalán, Unió de Pagesos (UP), alerta de que el incremento podría provocar una caída de precios y generar una presión añadida en un mercado que ya se encuentra tensionado. El sindicato cree que hay que centrar los esfuerzos en optimizar los cultivos existentes para sacar más rendimiento.
UP además considera que ampliar la superficie de viñedo también saturaría la capacidad de las empresas y bodegas elaboradoras por la acumulación de stock. Así, insta a "reducir los stocks y trabajar para explorar nuevas líneas de comercialización, adoptar estrategias de diferenciación de cara al futuro y fomentar el consumo responsable".
El futuro del cava
En un contexto de dificultades para posicionarse en el mercado de manera clara, la Asociación de Elaboradores de Cava (Aecava) ha encargado un estudio sobre la evolución actual del cava. Una de las conclusiones es que el sector debe abordar retos como la fidelización del consumidor y el relevo generacional.
El presidente de Aecava, Joaquim Tosas, señalaba el pasado mes de abril de 2025 que "la clave del futuro del cava es nuestra capacidad de innovar sin perder la esencia que nos hace únicos. Tenemos que saber evolucionar para continuar conectando con un público que busca nuevos valores, sin olvidar la calidad y la autenticidad que nos definen desde nuestros orígenes". Además, el estudio recomienda que el cava garantice un relevo generacional efectivo, incorporando nuevas ideas e innovaciones sin perder las raíces que han caracterizado su calidad a lo largo de los años.
Aunque durante la presentación de resultados de la DO Cava, su presidente, Javier Pagés, aseguró que la venta íntegra de Freixenet no afectará al sector, respecto al incremento de las ventas este año, dejó un mensaje claro: poner el acento más en el valor del cava, que en DO Cava. Parece que la recuperación pasa por este componente, ahora que se ha dejado atrás definitivamente el modelo tradicional.

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