Brujas y leyendas en Trasmoz: el único pueblo excomulgado de España
En la provincia de Zaragoza y junto al imponente Moncayo se encuentra el único pueblo que lleva maldito desde 1511.

Zaragoza-
Trasmoz es el único pueblo excomulgado de España. Una condición que arrastra desde 1255 y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en el santo y seña de esta peculiar localidad zaragozana. En ella apenas están censados unos 80 habitantes, sin embargo es una de las más conocidas de la provincia. No en vano su historia está repleta de hechos relevantes, pero también de leyendas.
Nada más llegar a Trasmoz por la carretera, lo primero que llama la atención es el gran castillo que se alza en lo alto de una colina. Aunque actualmente se encuentra parcialmente en ruinas, su figura domina por completo al resto del pueblo. Se trata de una postal de gran fuerza simbólica, pues dicha construcción es el epicentro de un relato que convierte a Trasmoz en un lugar único.
La historia de Trasmoz
Debido a su posición fronteriza entre los antiguos reinos de Aragón y Navarra, Trasmoz siempre ha sido un enclave importante. De ahí la construcción del castillo, cuya leyenda dice que fue levantado en una sola noche por las fuerzas oscuras. Aunque la realidad sea más prosaica, lo cierto es que la unión entre la fortaleza y la magia negra se retrotrae hasta el siglo XIII.
En realidad, la historia de Trasmoz es un relato de poder y dinero. Concretamente la lucha entre el castillo del pueblo y el vecino monasterio de Veruela, gran dominador de la zona. Según cuenta Patrimonio Cultural de Aragón, en 1267 el regente del castillo era el sacristán de Tarazona, llamado Blasco Pérez. Una persona que en su momento se le asoció con la práctica de la brujería. Sin embargo, se cree que, en realidad, lo que se tramaba dentro de las murallas era la falsificación de monedas gracias a las minas de metal de la zona. Una actividad que requería de un celo absoluto, por lo que no deseaban nadie husmeara en sus asuntos.
De ahí que dejasen correr la leyenda de que dentro del castillo habitaban unas brujas que se dedicaban a realizar conjuros. Previamente había sucedido su principal enfrentamiento con el monasterio de Veruela, que dio lugar a su famosa excomunión en 1255. Más allá del aura de territorio maldito que todavía conserva en la actualidad, Trasmoz era territorio laico. Es decir, no pagaba tributo alguno al monasterio, ni estaba sometido a sus órdenes. Aquello le permitía maniobrar con la materia prima de la zona a su antojo, lo que les llevó a desafiar incluso a la todopoderosa Iglesia de la época. Se dice que el detonante que dio lugar a la excomunión fue por el uso de las maderas de la zona, aunque la sensación es de que hubiera podido explotar con cualquier pretexto.
El abad de Veruela se enfadó, convenció al obispo de Tarazona de que excomulgase al pueblo, y este lo aceptó con tal de poder seguir con su autonomía plena. En la práctica, el estar excomulgados impedía a los habitantes de Trasmoz confesarse o recibir los santos sacramentos. Pero por lo demás podían hacer vida normal. Los conflictos no terminaros ahí. .
Cuándo sucedió la maldición de Trasmoz
Las tiranteces entre los nobles de Trasmoz y el monasterio de Veruela continuaron a lo largo de los años. Así hasta llegar al siglo XVI, en el que surgió una nueva disputa en esta ocasión por los derechos a utilizar el agua de la zona. Los monjes, en lugar de pagar a Trasmoz por ella, decidieron desviar el cauce, lo que dejó al pueblo sin el líquido elemento. Aquello enfureció a Pedro Manuel Ximénez de Urrea, señor de Trasmoz, que se levantó en armas contra el monasterio. La guerra no se produjo pues la intervención de Fernando II, rey de Aragón, le dio la razón al castillo.
En su venganza, el abad maldijo al pueblo excomulgado. Según se cuenta, cubrió el crucifijo del altar con un velo negro y recitó el salmo 108 de la Biblia, que replica una maldición de Dios contra sus enemigos. Además hizo tocar las campanas para que los habitantes del pueblo tuviesen constancia del castigo divino.
Aquello terminó por disparar la leyenda negra del pueblo. Desde entonces surgieron multitud de relatos que hablaban de prácticas oscuras en las inmediaciones del mismo. Unas historias que fueron popularizadas por Gustavo Adolfo Bécquer, quien acudió al monasterio de Veruela a tratarse de tuberculosis en 1863. El escritor quedó prendado de la zona, también de sus historias y leyendas, tal y como relata en su obra Cartas desde mi celda (1864).
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Trasmoz en la actualidad
En la actualidad Trasmoz no solo acepta su singularidad, sino que la abraza y la celebra. El castillo, pese a estar medio derruido, alberga un pequeño museo dedicado a la brujería en su torre. Además en verano se celebra la llamada Feria de la Brujería, en la que se realizan varias actividades de carácter festivo tales como un mercado esotérico, representaciones teatrales, danzas tradicionales o espectáculos pirotécnicos.
El otro día señalado de lo oculto es Halloween, o más concretamente la Luz de las Ánimas, como se llama la festividad en el pueblo. Por la mañana, la tradición consiste en el vaciado de las calabazas y su decoración tenebrosa, en la que poder meter en su interior una vela o candil. Por la tarde estas se colocan en el camino que une el cementerio y la iglesia, también por el monte. Finalmente por la noche se iluminan para dar paso a la procesión de las ánimas. Una vez que esta termina, el pueblo entero celebra una gran merienda con actividades para todas las edades, desde cuentacuentos para los niños hasta fiesta para los mayores.



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