La España de las tres culturas: una guía para tus viajes
La coexistencia de las culturas árabe, judía y cristiana durante la Edad Media dio lugar a un patrimonio único en el mundo.

Zaragoza-
La historia de España es vasta y convulsa. Eso ha generado un país de gran variedad cultural, que se refleja sin ir más lejos en la lengua española. Aunque de raíz latina, son muchos los términos que utilizamos actualmente que proceden de otros hablares. Sobre todo del árabe, por motivos evidentes, pero también del hebreo. Tres pueblos que, según se dice, durante una época concreta de la Edad Media convivieron en paz en la Península Ibérica. Es la llamada España de las tres culturas, un legado que todavía se deja notar en pueblos y ciudades a lo largo de todo el territorio.
Es cierto que sobre aquella supuesta coexistencia pacífica mucho se ha matizado después. Son varios los historiadores que sostienen que hablar de convivencia quizá no sea lo correcto, pues proyecta una imagen de sociedad multicultural tal y cómo la entenderíamos hoy en día que no sería correcta. Las interacciones entre los tres grupos son incontestables y así se reflejan en edificios y obras de arte. Sin embargo, la mayoría de ellas no se realizaron desde un plano horizontal. De hecho, hay indicios históricos suficientes para señalar que no fue un periodo exento de tensiones y episodios violentos.
Sea como fuere, la huella de aquella época todavía se puede visitar. Hubo un momento en el que las tres grandes religiones monoteístas vivieron a la vez en la Península, dejando un legado difícil de encontrar en otros lugares. Estos son los vestigios de la España de las tres culturas más notables en nuestro país.
Toledo (Castilla-La Mancha)
Toledo, directamente, se presenta al mundo como la ciudad de las tres culturas y tiene motivos para ello. La presencia de judíos, cristianos y musulmanes durante la Edad Media dejó un legado arquitectónico imposible de obviar. En sus calles se encuentran la catedral Primada, imponente ejemplo del gótico español; el Alcázar, que domina la ciudad desde lo alto; la mezquita del Cristo de la Luz, vestigio del pasado musulmán; y la sinagoga de Santa María la Blanca o la del Tránsito, que recuerdan la importancia de la comunidad judía.
Además, en la actual capital de Castilla-La Mancha también se hallaba la Escuela de Traductores de Toledo, que fue un punto clave para la transmisión del conocimiento clásico y árabe al resto de Europa. Una institución que sirvió como puente entre culturas no solo en España, sino allá donde llegaron sus escrituras. Actualmente, un paseo por el casco histórico de la ciudad, el cual está considerado Patrimonio de la Humanidad desde 1986, permite revivir un periodo único en la historia de la humanidad.
Cuéllar (Segovia, Castilla y León)
Si bien hay vestigios de coexistencia repartidos por, prácticamente, toda Castilla y León, y más concretamente la provincia de Segovia, incluida su capital, esta se hace muy evidente en la localidad de Cuéllar. Se trata de un municipio de unos 10.000 habitantes marcado profundamente por su imponente muralla. Una edificación de contención, que encierra un conjunto patrimonial con vestigios de las tres culturas. De hecho, las huellas del llamado mudéjar cuellarano son visibles en la mayoría de sus edificaciones, como por ejemplo las iglesias San Andrés, San Martín o San Esteban.
Es cierto que en Cuéllar no hay constancia de ninguna sinagoga. Sin embargo, la existencia de una amplia comunidad judía en la localidad está documentada desde finales del siglo XIII. Se asentaba cerca de la muralla, en lo que actualmente se conoce como el antiguo barrio hebreo. Una judería que llegó a ser la más poblada de Castilla, con 60 familias en 1.474 por las 40 que había en Toledo o las 20 que residían entonces en Burgos. La visita, claro, no se puede completar sin subir al castillo de los Duques de Alburquerque, considerado Bien de Interés Cultural y que se encuentra en un perfecto estado de conservación.
Córdoba (Andalucía)
Hablar de la España de las tres culturas sin mencionar Córdoba sería dejar fuera uno de sus escenarios más relevantes. Durante siglos fue uno de los grandes centros culturales de Europa occidental. Concretamente, bajo el Califato omeya alcanzó un enorme desarrollo urbano, científico y artístico, y en ella convivieron comunidades musulmanas, cristianas y judías que dejaron una huella profunda en el paisaje urbano. Sin ir más lejos, el gran símbolo de la ciudad su mezquita-catedral.
Construida como mezquita mayor en época islámica y transformada en catedral tras la conquista cristiana, resume de forma visible la continuidad y transformación religiosa de la ciudad. Su bosque de columnas, el mihrab y la nave renacentista insertada en su interior la convierten en una pieza única. Muy cerca se encuentra la judería de Córdoba, uno de los barrios históricos mejor conservados del país. Sus calles estrechas y encaladas conservan la trama medieval. Allí se puede visitar la sinagoga del siglo XIV, una de las pocas conservadas en España, además de la Casa de Sefarad y distintos espacios interpretativos sobre la cultura judía hispana.
Jaén (Andalucía)
Por su condición de capital interior, quizá Jaén sea la gran desconocida de Andalucía. Se trata de una ciudad de gran belleza patrimonial, no obstante. Además sus calles reflejan de manera fidedigna cómo -probablemente- fue la convivencia de las tres culturas en España. Destaca, sobre todo, el barrio de la judería, un entramado de calles angostas y cuestas empinadas declarado Bien de Interés Cultural. En su corazón se encuentra la iglesia de San Andrés, que se cree que pudo ser una antigua sinagoga aunque no se ha logrado comprobar.
Sí que se sabe que varias de las iglesias actuales se encuentran levantadas sobre antiguas mezquitas, como la iglesia de La Magdalena. De hecho, esto es muy habitual en la España de las tres culturas, donde se produjo una superposición cultural por la que algunos templos pertenecientes a una fe terminaron perteneciendo a otra distinta. Por su parte, los baños árabes, situados en los sótanos del Palacio de Villardompardo, son unos de los más grandes que se pueden visitar en España actualmente. El patrimonio jienense se corona con su catedral, obra del arquitecto Andrés de Vandelvira y joya arquitectónica del Renacimiento español, y el castillo de Santa Catalina, que se divisa imponente desde todos los rincones de la ciudad.
Teruel (Aragón)
Teruel es la capital de provincia más pequeña de España, con algo más de 35.000 habitantes. Tampoco es especialmente grande en extensión, sobre todo su casco histórico. Sin embargo está repleta de pequeñas joyas que hacen que la visita merezca la pena. Sin duda alguna, la ciudad del amor es sinónimo de arte mudéjar. Un conjunto que en 1986 fue declarado Patrimonio de la Humanidad. Concretamente, fueron destacadas por la Unesco la torre, techumbre y cimborrio de la catedral de Santa María de Mediavilla, la torre e iglesia de San Pedro, la torre e iglesia de San Martín y la torre e Iglesia del Salvador. Cuatro ejemplos que dan buena muestra del denominado mudéjar aragonés.
Por su parte, el barrio hebreo turolense se encontraba en los aledaños de la actual plaza de la Judería. Un área que todavía mantiene su estructura medieval, con calles estrechas, y del que se ha extraído numerosa información en forma de cerámicas y objetos de la época. Ítems que se pueden visitar en el museo de Teruel. Para todos aquellos interesados en el Teruel medieval, nada mejor que las bodas de Isabel de Segura, un evento que recrea en vivo la leyenda de los Amantes de Teruel, al tiempo que casi toda la población se viste de época y acondiciona las calles del casco antiguo para recrear tiempos pasados.
Girona (Cataluña)
Girona ofrece uno de los mejores ejemplos del legado judío en la Península Ibérica. Aunque la presencia islámica fue aquí más breve que en otras localidades listadas, la interacción entre comunidades cristianas y judías dejó un patrimonio excepcionalmente bien conservado. Destaca, sobre todo, el Call de Girona, la judería medieval de la ciudad. Sin duda, una de las mejor preservadas de Europa. Se trata de un entramado de callejuelas, escaleras y patios que logran hacer retroceder en el tiempo al visitante.
Para profundizar en este pasado resulta casi obligado visitar el Museo de Historia de los Judíos. Ubicado en el antiguo barrio hebreo, ayuda a comprender la vida cotidiana, la organización comunitaria y la producción intelectual de la comunidad judía gerundense. Por su parte, la imponente catedral y las numerosas iglesias repartidas por el casco histórico reflejan el predominio cristiano tras la expulsión de los judíos a finales del siglo XV. El momento que marcó el final de aquella coexistencia entre comunidades que tradicionalmente se ha asociado con la llamada España de las tres culturas.









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