Viajar a Collioure: guía para descubrir el encanto del sur de Francia
Descubre el encantador pueblo del sur de Francia que conquista a todo viajero.

Hay pueblos que parecen extraídos directamente de un cuento. Por ello, al pasear por sus calles nos sentimos los protagonistas de una novela que aún está por escribirse. Esta sensación se incrementa más todavía en aquellas localidades costeras que poseen el influjo del mar. Tan lleno de vida en verano como melancólico en invierno. Un microcosmos muy especial que lleva siglos alimentando la imaginación del ser humano.
Collioure cumple todos los requisitos que podemos esperar de un pueblo pictórico del Mediterráneo francés. Se trata de una localidad de unos 2.500 habitantes situada muy cerca de la frontera con Cataluña. Aunque formalmente pertenece al departamento francés de los Pirineos Orientales, su nombre está más identificado con el Rosellón, una provincia histórica dentro de Occitania con una personalidad propia muy marcada.
Una introducción a Collioure
Más historia: el Rosellón fue parte de España hasta el Tratado de los Pirineos firmado en 1659, que sirvió para delimitar parte de los límites entre ambos países. Antes había sido parte del Reino de Mallorca y, posteriormente, de la Corona de Aragón. De ahí que el Rosellón mantenga la bandera cuatribarrada que caracteriza a todos aquellos territorios que estuvieron bajo el influjo aragonés. Además debido a su condición de provincia fronteriza posee varios lazos culturales con Cataluña que se han mantenido hasta la actualidad.
Collioure tiene además un gran legado cultural. No en vano fueron muchos los grandes pintores franceses que a inicios del siglo XX la eligieron como escenario para desarrollar su arte. La llegada de Henri Mattise a Colliure se considera clave a la hora de abordar su legado. El pintor pasó de estar frustrado en París a enamorarse de la especial luz que encontró a orillas del Mediterráneo.
Además de influir directamente en su obra también lo hizo en su vida personal, permitiéndole crear una red de contactos con otros artistas que explotaría en el llamado fauvismo: una corriente artística que se caracteriza por el empleo del color como medio de expresión. Matisse fue su principal exponente y Colliure el epicentro. Si bien es cierto que aquello no duró mucho en el tiempo, sí que ha logrado trascender en la historia.
Además de Matisse, Collioure ha atraído a otros artistas de renombre como Georges Braque, André Derain o Pablo Picasso. También a Antonio Machado, quien precisamente falleciera allí exiliado en 1939. Su tumba se puede visitar en la actualidad.
Qué ver en Collioure
A pesar de su reducido tamaño, Collioure tiene varios atractivos que lo convierten en el destino ideal para una escapada. Sobre todo debido a su mezcla única de ciudad medieval con los encantos del Mediterráneo, mezcla de construcciones catalanas y francesas que lo convierten en una pequeña joya de la Costa Azul.
Monumentalmente lo primero que llama la atención es el castillo real de Colliure, situado en el corazón del pueblo y que está en pie, al menos, desde el año 673. Construido como un bastión defensivo, su figura se erige poderosa sobre el mar. Además, años más tarde, fue convertido en residencia real del Reino de Mallorca, de donde hereda su nombre regio. Actualmente se puede visitar y en su interior alberga una exposición permanente sobre los exiliados españoles a causa de la Guerra Civil.
Justo enfrente, y al otro lado de la playa de San Vicente, se encuentra la iglesia de Santa María de los Ángeles. De ella destaca su torre, que antes que campanario había sido utilizada como faro para alumbrar a los marineros que se acercaban al puerto. De hecho, posteriormente fue transformado en prisión hasta que, finalmente, en 1679 se decidió construir la iglesia. Su visita por dentro también es muy recomendable, especialmente por sus nueve retablos de madera pintados en estilo barroco.
Finalmente, el paseo monumental termina en el faro de Collioure, situado al final de la playa y que ofrece una vista panorámica de toda la localidad.
El barrio pesquero de Mouré
Claro que el encanto de Collioure va mucho más allá de su valor monumental. De hecho lo que hace tan especial a esta localidad de la Costa Azul es el ambiente que transmiten sus calles y gentes, así como la mezcla de arquitecturas fruto de su vasta historia. Ir a Collioure es impregnarse del ambiente que inspiró a tantos artistas antes.
Sin duda alguna, uno de los puntos clave para ello es el barrio pesquero de Mouré. Se trata de un laberinto de callejuelas empedradas formadas por las antiguas casas de los pescadores, actualmente reconvertidas en galerías de arte o pequeños hoteles. El color está presente en cada esquina, también la vegetación. Una bonita estampa que ganan enteros en primavera, cuando el cielo es más azul que nunca y las muchas plantas que se esconden en sus calles comienzan a florecer.
La tumba de Antonio Machado
Decíamos que uno de aquellos artistas que eligieron Collioure para residir fue Antonio Machado, quien tristemente falleció el 22 de febrero de 1939 cuando se encontraba en el exilio a causa de la Guerra Civil española.
El poeta español fue enterrado en el cementerio de Collioure, quien falleció solo tres días después al no superar la pérdida de su hijo. Su tumba es uno de los monumentos más visitados de la localidad, además de ser todo un símbolo de las penurias por las que tuvieron que pasar todos aquellos republicanos que se vieron obligados a abandonar sus casas debido al golpe de estado franquista.
La gastronomía de Collioure
Obviamente hablando de Francia, y más de una región fronteriza con Cataluña, la gastronomía no podía ser otra cosa que uno de sus puntos fuertes. Collioure posee algunas materias primas de alta calidad, entre las que destacan sus famosas anchoas. Pueblo pesquero por excelencia, la captura de este animal fue uno de los motivos que llevó a los pobladores primigenios a asentarse en su costa.
Son varias las tiendas que venden anchoas a lo largo de Collioure, además de ser el plato estrella en varios de sus bares y restaurantes. No es el único producto local altamente recomendable, eso sí.
El pueblo se encuentra rodeado de viñedos, los cuales producen uno de los mejores vinos dulces del país, que hablando de Francia son palabras mayores. Es la Denominación de Origen Banyuls, un tipo de caldo muy similar al que se produce en Oporto.
La oferta gastronómica es casi inabarcable. Se trata de un pueblo turístico, por lo que son muchos los restaurantes que ofrecen una mezcla de cocina francesa con toques catalanes. Destaca sobre todos La Balette, dirigido por el reconocido chef Laurent Lemal y galardonado con una Estrella Michelín. Cuenta con un menú de degustación de 16 platos pensado para satisfacer a los paladares más exigentes.
No es el único restaurante destacado en la zona. Le 5ème Péché, del chef Masashi Iijima, destaca por su mezcla de ingredientes mediterráneos y cocina japonesa. Por su parte, el Le Neptune marida alta cocina francesa con unas impresionantes vistas a la bahía.

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