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14F Dolors Sabater: "No entraremos en un Govern como el actual, que no es rupturista"

La exalcaldesa de Badalona, Dolors Sabater (EP)
Dolors Sabater. - EP

La cabeza de lista de los anticapitalistas se muestra muy crítica con la actuación de JxCat y ERC, rechaza cualquier acuerdo con el PSC y defiende la necesidad de revertir la desigualdad para frenar a la ultraderecha. Cinco años y medio después de estrenarse en la política institucional como alcaldesa de Badalona -cargo que ostentó hasta junio de 2018-, Dolors Sabater (1960) da el paso a la política nacional como cabeza de lista de la candidatura entre la CUP y Guanyem, su organización. El reto es superar los cuatro diputados actuales, una opción que contemplan casi todas las encuestas, pero sobre todo recuperar influencia política con el objetivo de alcanzar un referéndum vinculante y avanzar hacia políticas económicas radicalmente redistributivas. Recibe a Público en su despacho del consistorio badalonés.

El Consejo Político del partido ha matizado la estrategia de campaña de la CUP - Guanyem y uno de los elementos que se ha puesto sobre la mesa es si debe entrar o no en el próximo Govern. ¿Qué papel debe tener la CUP la próxima legislatura?

El papel que debe tener la CUP, y que está consensuado que tendrá, es el de asumir todas las responsabilidades que le otorgue la fuerza de la gente que la vote para hacer posible un programa de gobierno que permita avanzar social y nacionalmente. Lo que seguro que no hará es entrar en un Govern como el actual, que no es rupturista, que está en un marco autonomista y está haciendo políticas de privatización de los servicios o poniendo la estructura de la Generalitat al servicio de la represión, del derecho de la protesta, etc. Ojalá que podamos estar en el Govern porque eso querrá decir que habremos tenido una confianza importante de la población, que el programa que defendemos se podrá articular y que el nuevo ciclo que comenzará, desbordará el marco del régimen del 78 y hará unas políticas de transformación de las relaciones económicas, los derechos sociales y del derecho de la autodeterminación avanzando hacia la soberanía del pueblo.

Más allá de cuestiones programáticas, ¿para que la CUP se plantee entrar en el Govern también sería necesario un cambio de los actores que lo conforman?

Lo que hace falta sobre todo es el programa, ¿qué vamos a hacer? Para seguir políticas como las actuales, que no son transformadoras, no nos encontrarán. Preguntaremos si están dispuestos a tener un control público de los recursos energéticos, a tener una banca pública que haga accesibles los créditos a las pequeñas empresas, a desprivatizar los servicios públicos, a sacar adelante una renta básica universal de 735 euros mensuales o enfrentarse a el Estado para defender el derecho a la autodeterminación y que el próximo referéndum sea vinculante.

¿Medidas de este tipo son posibles en el actual marco autonómico?

Es evidente que si no desbordamos el marco autonómico muchas de las políticas que impulsamos no podrían salir adelante. Para ello, necesitamos una mayoría que esté a favor de desbordar este marco, tanto en lo referente al derecho a la autodeterminación como en las políticas de distribución de la riqueza.

¿Uno de los grandes debates es como tener más influencia, si dentro del Govern como fuerza minoritaria o desde fuera condicionando las políticas?

Tanto la CUP como Guanyem somos organizaciones comprometidas con las luchas que vienen de la calle, y lo que tenemos que hacer es mantener esta movilización de calle como eje básico de la lucha. El movimiento independentista y el 15-M, que han sacudido el país en los últimos años, se han gestado en la calle y la lucha por el derecho a la vivienda no se podría defender a nivel institucional sin la fuerza de la calle. Pero también hemos podido comprobar que por mucha fuerza que haya en la calle, si no transformamos las instituciones no pasa nada. Se ha podido ver en los últimos años que cuando la CUP es fuerte en las instituciones pasan cosas, y esto se ha visto también con los ayuntamientos del cambio, se han hecho políticas que nunca habían hecho los partidos llamados de izquierdas. Hemos puesto en la agenda política apuestas claras por la redistribución de la riqueza, una fiscalidad más justa, la remunicipalización de servicios o los planes estratégicos feministas como eje de cambios. Se deben mantener estos dos polos, el de la calle y el de la institución y debemos forzar la institución a dar respuesta y transformarse.

¿Qué tipo de Govern prevé que tendrá Catalunya después de estas elecciones?

Es un Govern muy imprevisible porque dependerá de los resultados. Estamos en unas elecciones que son una auténtica operación de estado, en el que hay muchas personas que deberán escoger entre preservar su salud y su derecho a voto. Lo que haría falta es que mayoritariamente se votara para enmendar lo que tenemos, el régimen del 78, que se ha demostrado ineficiente, inútil y peligroso para gestionar una pandemia como la de la Covid-19. Si no salimos de este marco no lo superaremos y confío en que la ciudadanía vote para hacer un país mejor nacional y socialmente.

¿Cuáles deben ser, en su opinión, los principales ejes de la acción del próximo Govern?

Querríamos un Govern que desborde el régimen del 78, que tenga como ejes salir del callejón sin salida actual y avanzar nacionalmente, social y económicamente a favor de la mayoría de la gente. Y esto significa políticas valientes de control público de los recursos estratégicos, tener una banca pública, implantar una renta básica universal y tener herramientas de soberanía a favor de la vida y de los derechos de todos.

Desde el otoño de 2017 hay un estancamiento del apoyo social al independentismo. ¿Qué debería hacer para volver a ganar apoyos?

Después de lo que se vivió en octubre del 2017 hay un duelo. Con el 155 y la falta de una estrategia clara para hacerle frente, el independentismo se centra sobre todo en la lucha antirrepresiva. Estos tres años se ha visto que los partidos que han abanderado el independentismo no han dado respuesta, no han avanzado hacia el derecho a la autodeterminación y tampoco en hacer políticas radicalmente efectivas para mejorar la vida de la gente y luchar contra las desigualdades. Hay un desconcierto y propuestas como la que hacemos son una esperanza para ilusionar y volver a centrar esta lucha. Y esto tiene que pasar por tener una estrategia compartida de lo que hay que hacer los próximos años para ejercer el derecho a la autodeterminación. También hay que trabajar mucho los apoyos internacionales para legitimar este derecho y que pueda superar los límites que le pone el Estado. Y internamente hay que trabajar en las estructuras a favor del pueblo para tener mejores servicios públicos, una banca pública, soberanía energética o la renta básica universal.

La gran propuesta de la CUP en el ámbito nacional es celebrar un referéndum vinculante antes del 2025. ¿Para impulsarlo es necesario que los votos independentistas el 14-F superen el 50%?

Creo que no es una condición imprescindible. El derecho a la autodeterminación es un derecho internacional y, por tanto, existe per se. Lo que sería importante sería que se viera que con este derecho ganan todos, porque lo que hace es rupturismo con el régimen del 78 para desbordar hacia otra manera de gobernar y hacer política. Que el independentismo se pueda vincular a la mejora de los derechos de todo el mundo será un factor que ayudará a dejar de criminalizarlo y perseguirlo.

¿Qué papel cree que puede tener la mesa de diálogo en la resolución del conflicto entre Catalunya y el Estado?

La mesa de diálogo primero debería existir, ahora no se puede considerar que exista como tal, y debe servir para gestionar el conflicto político y no tratarlo de forma criminalizadora. La mesa de diálogo debe existir para dar una solución al conflicto que tiene que pasar sí o sí para reconocer el derecho de autodeterminación del pueblo catalán.

Ha sido alcaldesa y jefe de la oposición municipal. ¿Qué aprendizajes del mundo municipal se lleva a nivel nacional?

A la institución no le interesa que gente como nosotros tenga fuerza y sería fácil abandonar y decir que mejor que las luchas sociales las hagamos sólo desde la calle. Precisamente uno de los aprendizajes más grandes es que en la medida que se nos intenta cerrar el paso, es un indicador de cuán importante es que estemos. Otro es que por más complicada que sea la administración y por más trabas que pongan las leyes siempre hay posibilidades y grietas de hacer cosas diferentes, que no se habían hecho hasta ahora. El marco de la política actualmente es de competición y no de cooperación, es un marco de intereses partidistas y no de poner el bien común en el centro del todo. Deberíamos aplicar los marcos de las luchas feministas y ecologistas, para mejorar la vida de la gente, poner la centralidad en los cuidados y transformar la manera de hacer política y las instituciones.

Las encuestas dan opciones al PSC de ser la fuerza más votada el 14-F, aglutinando buena parte del voto de los contrarios a la independencia. ¿Podrían llegar a acuerdos?

No, lo veo imposible. Es un partido que se ha posicionado en el esquema de la represión, se ha ratificado en la persecución del soberanismo. Y ya se ha visto con las políticas que ejerce en el Estado que no está instalado a la izquierda, sino a la derecha.

Muchas de sus propuestas económicas pueden ser bien vistas por los Comuns y, seguramente, por ERC, aunque sea parcialmente. Pero para salir adelante necesitarían más apoyos. ¿Ve al PSC o a JxCat asumiéndolas?

Son partidos que están alejados de nuestras propuestas económicas, pero que puedan cambiar cosas, dependerá también de la fuerza que nosotros tengamos. Por otra parte, los Comuns pueden estar cerca, pero en cambio al principio eran claramente soberanistas y esto lo han perdido.

La pandemia está provocando un crecimiento de las desigualdades sociales. La lucha ¿por revertirlas debe ganar peso también para detener el crecimiento de la ultraderecha, que probablemente se estrene en el Parlament?

Justamente estamos proponiendo un pacto antifascista de todos los partidos para acordar líneas para evitar que el discurso del odio esté presente en los espacios de debate político. Tenemos propuestas claras de un código deontológico en el funcionamiento del Parlament, para que de ninguna manera se aproveche para difundir discursos de odio. Esta formación lo único que defiende son los intereses de los más ricos, pero el populismo de derechas se nutre del voto de la desesperación de la pobreza. Y aquí será clave nuestra capacidad para hacer entender que las propuestas que hacemos transformarían el actual marco económico y erradicarían la pobreza o, cuando menos, la mitigarían. Viene un momento muy duro y, o realmente desde las izquierdas hacemos acciones claras a favor de una erradicación de la pobreza y la redistribución de la riqueza, como aplicar ya la renta básica universal, o la extrema derecha crecerá. Para detener a la extrema derecha no se pueden hacer concesiones, se deben dar mensajes muy claros que no sean conniventes con la evasión fiscal o la corrupción y la gente de la calle tiene que ver que lo que se hace le mejora la vida.

Los últimos meses el capitalismo de plataforma ha ganado fuerza. ¿Los gobiernos autonómicos e, incluso, los estatales, tienen margen para limitar su poder creciente?

Tienen poco, pero tienen. Y sobre todo pueden promover la economía propia, ponerlo fácil para que pueda haber una economía circular, de proximidad, de transición ... Las instituciones pueden hacer mucho, por ejemplo, con las políticas fiscales, dando microcréditos, vehiculando los ayudas. Lo que seguro que no funciona son los macroproyectos, que muchas veces nos trituran el territorio y ni siquiera dan puestos de trabajo.