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'Cosmética del enemigo'

Kike Maíllo: "Los fantasmas más cabrones están dentro de uno mismo"

Kike Maíllo en el rodaje de la película.
Kike Maíllo en el rodaje de la película.

El cineasta propone en Cosmética del enemigo un examen interior en un experimento que se rebela contra la sociedad exhibicionista y cobarde que culpa de todo 'al otro'. Tomasz Kot y Athena Strates protagonizan esta adaptación de la novela de Amélie Nothomb.

Día a día, el mundo entero se va instalando en una irritante corriente de insignificancia y de ignorancia. Casi nadie se responsabiliza de sus decisiones, prácticamente todos crean enemigos útiles –la culpa siempre es del otro– y la sociedad vive fascinada por las apariencias y las fachadas. Resultado: nadie se observa a sí mismo lo suficiente ni se hace cargo de sus propias neurosis ni se enfrenta a sus peores monstruos. El cineasta Kike Maíllo ha trabajado en el experimento contrario con su nueva película, Cosmética del enemigo, un ejercicio de rebelión contra esa dictadura de la simulación y el artificio.

Coproducida con Alemania y Francia, la película es la adaptación al cine de una de las novelas de Amélie Nothomb, en la que Maíllo, con los coguionista Fernando Navarro y Cristina Clemente, ha introducido variaciones clave para colocar la historia mucho más cerca de la realidad de hoy. El actor polaco Tomasz Kot y la actriz sudafricana Athena Strates protagonizan esta turbia historia, que se presentó en el Festival de Sitges y ahora se estrena en Filmin.

"La perfección no se lo logra cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar". La conocida frase de Antoine de Saint-Exupéry que artistas de todo el mundo lucen como lema de cabecera es también el cierre que emplea el arquitecto Jeremiasz Angust al final de sus conferencias. Profesional de renombre mundial, aparcó los proyectos estrella y ahora se dedica a construir hospitales en las zonas necesitadas de África.

Es inteligente, alto, elegante, ingenioso y emana tanta humanidad que casi parece perfecto. Su exquisita educación se pone, sin embargo, a prueba en una sala de espera del aeropuerto de París Charles de Gaulle, cuando una joven a la que no conoce comienza a contarle una desconcertante historia.

Su película propone al espectador un examen interior, ¿usted se ha examinado a sí mismo?

Sí, pero no solo por la película, también por el momento. Vivimos tiempos en que nos agobiamos con nuestros propios fantasmas y tenemos que domesticarlos.

¿Son éstos días en que nos hemos acostumbrado a enterrar esos fantasmas construyendo enemigos externos?

Claro, porque construir esos enemigos externos te salva de ver y enfrentarte a los tuyos propios. Pero, los fantasmas más cabrones están dentro de uno mismo. Deberíamos todos analizar más los monstruos propios y menos los ajenos, que es a los que cargamos las culpas de todo lo que nos pasa.

¿Cómo hemos llegado a esto?

El ser humano ha alcanzado un desarrollo extremo, notable, en el que todos necesitamos ser aceptados por el grupo, hasta el extremo de exhibirnos de la forma en que lo hacemos. Nos mostramos como un agente atractivo y procuramos borrar lo peor de nosotros. Es un tic de una sociedad exhibicionista, mostrar el lado que mejor encaja. Vamos en contra de nuestra propia naturaleza, somos profundamente deshonestos, cuando deberíamos querer ser aceptados desde nuestras flaquezas.

Una sociedad que prioriza la apariencia ¿hacia dónde nos lleva?

A una sociedad de la imagen... y vamos caminando a marchas forzadas. La película intenta rebelarse contra eso, justamente. Vamos a casas de revista, a caras y maquillajes de revista... y da la sensación de que es mucho más importante la fachada que ninguna otra cosa.

La película subraya los males de la sociedad patriarcal, ¿es uno de nuestros problemas más graves?

Entre todos los tipos de violencia, ésta es una violencia universal, la de los hombres contra las mujeres. En el personaje masculino hay algo que consigue que le tengas simpatía, un prejuicio positivo. Es un tipo alto, elegante, un arquitecto que construye hospitales en África... va camino de ser un santo.

¿Todos sin excepción llevamos dentro lo peor?

Sin duda. Sé que todos, sin excepción, llevamos dentro lo peor, todos tenemos dentro un santo y un monstruo. La humanidad participa de esa dualidad. Somos capaces de la grandeza más absoluta y de la flaqueza más vil y reprochable.

Los actores Tomasz Kot y Athena Strates, protagonistas de la película.

En la novela son dos hombres los que hablan, aquí un hombre y una mujer.

Sí, precisamente porque quería mostrar ese diálogo hoy entre hombre y mujer, y ella es además más joven... algo sale ahí a flote.

Es muy interesante el juego que propone sobre contadores de historias y sobre cómo las percibimos...

Porque contar una historia te obliga a ponerte en una situación que no es la tuya. Y el que escucha la historia tiene que rellenar huecos que deja la propia historia. En las historias narradas oralmente o leídas, uno trabaja de forma muy activa. Creo que las historias funcionan de modo terapéutico.

'Cosmética del enemigo' se va a estrenar en plataforma, ¿la ambición no era estrenarla en cines?

Sí, la película se hizo para cine. Cuando se pasó en Sitges, esa semana estaba todo cerrado y estando allí ya comentamos que, seguramente, esa sería la última vez que veríamos la película en el cine. Las películas, sea como sea, se tienen que poder ver, tienen que encontrar su camino.

Está trabajando en una serie, 'Alma', ¿sigue en marcha el proyecto de 'Love is a Gun'?

A ver qué pasa. Ese es un proyecto de presupuesto medio en EE.UU. y hay que ver ahora cómo se van a ver afectados los proyectos por el sistema de explotación y cómo va a afectar a los contenidos.

¿Y qué tiene la historia de Bonnie y Clyde para que usted quiera rescatarla ahora?

Pues trata una temática que creemos que es nueva, de ahora, y no es así. Bonnie y Clyde se hicieron famosos porque los periódicos necesitaban vender ejemplares. Era la Gran Depresión y en ese tiempo ellos nacieron como las primeras estrellas mediáticas. La gente les copiaba, fue una locura en aquel momento. Y el deseo de ella de trascender...

Una secuencia de la película 'Cosmética del enemigo'.