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CiU admite que con el Estatut también pactó que el PSC entregara el Govern a Mas

Felip Puig revela un acuerdo no escrito con Zapatero en 2006 de respeto al más votado. Montilla lo obvió y reeditó el tripartito

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CiU reconoció el jueves lo que era una evidencia cada vez más difícil de maquillar con palabras. Cuando el 21 de enero de 2006 Artur Mas pactó en La Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero una rebaja del Estatut aprobado por el Parlament para “adaptarlo a la Constitución”, también acordó bajo cuerda que los socialistas le permitirían presidir la Generalitat si la nacionalista era la lista más votada, tal y como ocurrió nueve meses después.

Así lo admitió el número dos de CDC, su secretario general adjunto Felip Puig, en TV3. “Allí se pactó salvar el Estatut, dar estabilidad política a España si CiU era necesaria y a Catalunya si el PSC nos era necesario”, reveló el dirigente.

El pacto no escrito “de respeto a los ganadores” fue en su día negado por CiU, cuando la izquierda señalaba la contradicción de que los nacionalistas buscaran gobernar su país en La Moncloa. Ni Mas ni Zapatero, de quien Puig dijo que “no tuvo el liderazgo suficiente” para hacer cumplir el acuerdo, contaron con que el PSC, movido por el ánimo de seguir al frente del Govern, haría valer su autonomía frente al PSOE y se aliara de nuevo con ERC e ICV-EUiA relegando a CiU a la oposición pese a los 11 escaños de diferencia de Mas sobre José Montilla.

De cumplirse el pacto “de estabilidad” en Madrid y Barcelona, la sociovergencia habría sido una realidad, admitió Puig. El dirigente de CiU evocó cómo después de las elecciones del 1 de noviembre de 2006, CiU fue en busca del PSC para cobrarse la presidencia de la Generalitat haciendo valer el acuerdo Mas-Zapatero en un tema, el del Estatut, que había desgastado al PSOE en toda España.

La confesión de Puig, que otros dirigentes de la federación habían hecho últimamente en privado, fue aprovechada por PSC, ERC e ICV, beneficiarios del incumplimiento: unos retuvieron la presidencia y los otros siguieron en el Govern.

Daniel Fernández, del PSC, vio confirmado que la “sucursalista” CiU no ha aprendido “que la soberanía de Catalunya está en el Parlament y no en La Moncloa”, en referencia a los ámbitos para tejer alianzas.

El presidente de ERC, Joan Puigcercós, dio a entender en su blog que fue CiU quien nunca quiso una entente entre nacionalistas y constató la “tomadura de pelo” de Zapatero a un Mas movido por el “anhelo” de poder. El portavoz del partido, Ignasi Llorente, pedía a Mas que confirmara o desmintiera a Puig, pues de ser cierto “confirmaría que el interés de partido se antepuso al de país”.

El secretario general de ICV, Joan Herrera, incidió en la idea del “sucursalismo” e ironizó con que Mas pidiera a Zapatero, “el primo de Zumosol”, que “le dejara” gobernar Catalunya.


- La reunión de la Moncloa fue un intento, sin el PSC presente, de pactar los gobiernos catalán y español. Mas accedió a rebajar el Estatut del 30 de septiembre, aprobado por el 90% del Parlament y que Zapatero no estaba dispuesto a apoyar tal cual pese a lo prometido. En un clima de bloqueo, el líder de CiU se apuntó el tanto y sacó del apuro al presidente.

- El proyecto de Estatut perdió señas de identidad como la definición de Catalunya como nación, un sistema de financiación equiparable al concierto, el blindaje competencial, las competencias en aeropuertos o las selecciones deportivas.

- Lo que Alfonso Guerra definiría como “cepillado” acabó con el ‘no’ de ERC, expulsada del Govern, y con la carrera de Maragall. El referéndum del Estatut fue poco concurrido pese a la mejora del autogobierno.