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Ciudades igualitarias en construcción

La antigua visión masculina del urbanismo y la arquitectura empieza a adquirir una mirada de género.

ANNA FLOTATS

Dos días antes de que estallara la Guerra Civil, Matilde Ucelay (1912-2008) se convirtió en la primera mujer española licenciada en Arquitectura. Durante los 40 años de su vida profesional, en su mayoría marcados por el Franquismo, realizó alrededor de 120 proyectos, con el mérito añadido de ejercer una profesión liberal en una época en la que las mujeres no tenían derechos legales.

Y no sólo eso. Desde el siglo XIX y durante parte del XX, las mujeres han estado recluidas en pequeños espacios tanto en las ciudades, como en sus propias casas. En consonancia a este esquema social, se planificaron las grandes ciudades europeas. Después de la guerra, el trazado de las urbes contemporáneas se basa en una clara separación entre zonas de residencia, trabajo, ocio, deporte y salud. La clave para poder acceder a todas ellas era la movilidad.

"Las mujeres estaban menos motorizadas que los hombres, además no trabajaban, por lo que permanecían encerradas en el espacio doméstico, privado, sin poder acceder al resto de zonas", explica Carlos Hernández Pezzi, expresidente del Colegio Superior de los Colegios de Arquitectos de España. Esta segregación, fruto de los roles asumidos tradicionalmente por hombres y mujeres, es una muestra clara de la discriminación en el modelo urbano.

"La ciudad, como la casa, traduce un modo de vivir del cual el hombre es el principio y el objetivo", criticó la Unión Internacional de Arquitectos en 1976. La incorporación de las mujeres al mercado laboral y el consecuente cambio en sus vidas cotidianas ha permitido que el planeamiento de las ciudades "vaya corrigiendo déficits" y "se vuelva cada vez más poliédrico", afirma Pezzi, que en su libro El género de la arquitectura, insiste en que "las ciudades no pueden desarrollarse sin una participación activa de todos los agentes sociales bajo un margen mínimo de igualdad de oportunidades".

Las mujeres aportan la idea de lo construido "como espacio vital" Todavía queda mucho camino para lograr esa visión igualitaria en el planeamiento de las ciudades porque en la actualidad aún hay zonas indirectamente vetadas a las mujeres. "Teniendo en cuenta que ellas se desplazan sobre todo en transporte público, las áreas inaccesibles en metro o autobus también lo son para las mujeres. Igual que las zonas con escasa vigilancia o poca iluminación son territorios eminentemenete masculinos", cuenta Pezzi.

Eso no quiere decir que las mujeres necesiten espacios sólo para ellas, sino que "la planificación les otorgue en cifras y espacios el papel que ocupan en la economía y la sociedad", distingue Pezzi quien, mientras esta igualdad no sea real, aboga por la "discriminación positiva del espacio urbano a favor de las mujeres".

Pero esa presencia femenina en las ciudades no se puede conseguir sin más. Para la arquitecta Ana Estirado, miembro del colectivo La Mujer Construye, debe ir precedida de "un pensamiento nuevo en el que las mujeres se sientan en parte protagonistas". "Si algo está tratando de aportar la mujer dentro del urbanismo y la construcción de los espacios es el concepto de lo construido como escenario de lo vital, que es algo cada vez más demandado por la sociedad", señala.

Como consta en la introducción del número 17 de la Revista Feminismo/s del Centro de Estudios sobre la Mujer (CEM), el único fin de las ciudades es "ayudar a compartir la vida, es decir, a convivir". Por ese motivo, no tiene sentido un análisis comparativo de la arquitectura realizada por hombres o mujeres. "Lo realmente interesante es la aportación de la mujer, precisamente ahora que las mujeres arquitectas comienzan a visibilizarse e incluso su presencia, en algunos casos, es considerada un valor añadido", apunta Estirado.

Esta es la base del proyecto del que forma parte, La Mujer Construye, que nació a raíz de un curso organizado por el programa New Oportunities for Women, financiado por la Unión Europea, y que lleva 17 años mostrando el trabajo de las mujeres que construyen. "Intentamos transmitir la sabiduría que, respecto al uso del espacio, han ido acumulando generaciones y generaciones de mujeres que no tuvieron la oportunidad de participar en su diseño desde una posición profesional".

A pesar de este cambio y de que las mujeres son mayoría en las facultades de arquitectura, los puestos directivos de grandes estudios siguen estando reservados para ellos. Un artículo de Yolanda Arroyo e Inés Sánchez de Madariaga en la revista Femenismo/s cuenta además que las mujeres prefieren desarrollar su profesión en la Administración. "Hay menos mujeres en el ejercicio liberal y además ellas suelen hallar en los concursos públicos (proyectos anónimos) una posibilidad de trabajo en igualdad de condiciones".

Igual que en otras carreras, aflora también el asunto de la maternidad "y con él el de la culpa de no llegar a todo", como señalan las autoras, que identifican dos tipos de arquitectas: "Las que adoptan un perfil bajo por no molestar y las que se desgastan para parecerse a ellos en una cultura del trabajo que las mujeres subliman".

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