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El electricista declara que el deán le pidió que robase el Códice Calixtino para promocionar la catedral

Los investigadores descartan la nueva versión porque no la consideran creíble

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El exelectricista de la Catedral de Santiago que robó el Códice Calixtino ha declarado que se lo llevó, de acuerdo con el deán, para promocionar el templo compostelano. Una nueva versión que, según fuentes de la investigación del caso, carece de credibilidad.

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Manuel Fernández Castiñeiras, un hombre reservado, metódico y de misa diaria, trabajó durante 25 años en la catedral. En ese cuarto de siglo, amparado en la confianza que le profesaban los responsables del templo, cometió supuestamente varios hurtos. Sólo en 2004, limpió al menos 250.000 euros de los cepillos, según la Policía, que le permitireron comprar un apartamento en la playa pontevedresa de A Lanzada.

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Fernández Castiñeira tenía plena libertad de movimientos en la catedral y disponía juegos de llaves del edificio, lo que le permitió hacerse con objetos de valor desde que comenzó a trabajar hasta que fue detenido como sospechoso de la desaparición del Códice Calixtino , una valiosa obra del siglo XII compuesta por cinco libros de temática variada que ensalzan la figura del apóstol Santiago.

El exelectricista, que había escondido el manuscrito en un sucio garaje de Milladoiro, una población cercana a la capital gallega, en un principio se negó a colaborar con las fuerzas del orden, pero terminó confesando el hurto un día antes de comparecer ante el juez. Autoridades políticas y eclesiásticas respiraban tranquilas después de un año sin saber nada del Códice.

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El Juzgado de Instrucción Número 2 de Santiago prevé tomar una decisión la próxima semana sobre la puesta en libertad del exelectricista, que permanece en prisión provisional. Una vez que se analicen las diligencias practicadas y se lleven a cabo otras pendientes, el juez instructor, José Antonio Vázquez Taín, adoptará una resolución sobre su excarcelación.

Fuentes de la investigación aseguraron a Europa Press que se siguen analizando las pruebas y diligencias requeridas para determinar si la sustracción del Códice Calixtino constituye un delito de robo con fuerza (los indicios apuntan a ello) bien un hurto. En todo caso, no le han dado crédito a la acusación de Fernández Castiñeiras al deán. "Contó dos o tres versiones" en las que "ha variado lo que ocurrió", explican las mismas fuentes, por lo que "no se le da credibilidad" ni relevancia, pues "no constituyen un relato coherente".

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