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Ni-Ni: Ni tantos ni tan caraduras

Sin trabajo ni estudios, las carencias de este grupo de jóvenes simbolizan algunos de los fallos del actual engranaje social

JAVIER SALAS

La nueva etiqueta que se ha puesto de moda para retratar a la juventud es la de Generación ni-ni: ni estudian, ni trabajan. Es un estereotipo más tangible que los precedentes de la Generación X o la Generación Y, mucho más teóricos. Y se contradice con aquellos JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) que inmortalizó un anuncio de automóviles. El problema con los ni-ni es que no hay manera de cuantificarlos. Ni siquiera hay razones para afirmar con contundencia que se trata de un problema característico únicamente de los jóvenes.

"Es cierto que en nuestros días hay un problema de referentes, compromisos y asunción de responsabilidades, pero no es exclusivo de la juventud. Yo ampliaría la horquilla del colectivo con esta ausencia de empuje hasta los 50 años", asegura el sociólogo Javier Elzo, experto en comportamientos juveniles. Aunque se muestra convencido de que se trata de "una moda, una etiqueta más", Elzo ve claro qué es lo que ocurre con estos jóvenes -y no tan jóvenes- que viven en la "incertidumbre vital".

Para el catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, desde hace años hay una prolongación de la adolescencia que provoca que los adultos sigan demandando estar sobreprotegidos, "como hijos únicos".

En cuanto a la falta de iniciativa de los más jóvenes, Elzo señala como culpables a los progenitores: "Es parte de la cultura, el familismo, que viene de lejos, que provoca que los padres digan: ¿pero cómo se va a ir mi hija de casa, si todavía es una cría?". Este experto también detecta cierto pánico entre los jóvenes a dar el salto al mercado laboral por culpa de la precariedad en la que saben que se van a mover. Por la misma razón, tampoco ven lógico empeñar un lustro de su vida en sacar adelante un título universitario que no les garantiza un trabajo digno.

Los jóvenes ni-ni "no están cómodos, sino frustrados, aunque traten de engañarse", asegura Elzo, en cuyos estudios ha evidenciado una reducción "muy importante" de su autoestima en los últimos años.

Desde el Consejo de la Juventud, su presidente, Daniel Lostao, demanda de las administraciones, pero también de las empresas, poner freno a estos casos. Cree que la precariedad laboral y las dificultades en el acceso a la vivienda son problemas que afectan a todos pero sólo atenazan a "una minoría". "La sociedad debe apostar por puestos de trabajo que protejan los derechos y un mercado laboral en el que prime la estabilidad", defiende Lostao. Y añade: "Creer que los ni-ni retratan a esta generación es una salvajada".

Desde el Observatorio de la Juventud de España aseguran estar interesados en definir el fenómeno, para conocer su dimensión y posibles respuestas, pero no cuentan aún con números válidos para retratarlo.

En el Instituto de la Juventud (Injuve) se encuentran en pleno proceso de estudio, ya que se sienten desorientados ante los números que aparecen en la prensa, todos dispares y, por lo general, inflados. Hay quien los cuantifica en torno a los 700.000, sumando aquellos ciudadanos de entre 16 y 29 años que se declaran inactivos y que tampoco estudian, según la Encuesta de Población Activa (EPA).

Sin embargo, desde el Injuve advierten de que no todos los jóvenes clasificados en ese grupo son, sin más, unos vagos, sino que hay otros colectivos, como los discapacitados, que también engrosan esa cifra. "Este sector de jóvenes derrotados representan un 10% de su generación. Pero los que alcanzan una nota de diez, los que se comen el mundo, son el 25%", sentencia Elzo.

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