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Las otras Somalias de África

La zona del Sahel vive en una situación continua de inseguridad alimentaria que afecta sobre todo a la población infantil. Unicef alerta de que hay un millón de niños en riesgo inminente de sufrir desnutrición

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S. HIDALGO / A. TORRÚS

Pobreza extrema, sequía, conflictos armados y subida del precio de los alimentos. Cuatro ingredientes que están presentes en todas las crisis humanitarias de África, donde los menores de 5 años son los más vulnerables a sufrir desnutrición aguda y el 43% de la población total no tiene acceso al agua potable.

Las ONG coinciden en que actualmente el ejemplo más preocupante es el Sahel, región africana que se encuentra en la zona de transición entre el desierto del Sáhara, al norte, y las sabanas, al sur. Allí están 12 de los 15 países menos desarrollados del mundo. Las cifras que ofrecen las organizaciones son alarmantes. Unicef cifra en un millón el número de niños que sufren riesgo inminente de desnutrición si la comunidad internacional no se moviliza.

En las crisis humanitarias, el papel de la mujer es fundamental

La zona es una bomba de relojería por varios motivos. Por ejemplo, la inestabilidad del clima: el aumento de las inundaciones en algunos lugares y, a la vez, las sequías en otros, lo que ha provocado cambios en el calendario agrícola. "La combinación de inundaciones y sequías es perversa, afecta a los cereales, a la seguridad alimentaria", relata Lorena Cobas, responsable de emergencias de Unicef. Y esto, a su vez, se traduce en que los agricultores no saben cuándo pueden sembrar y se endeudan para sacar adelante a sus familias. Entonces, estas tienen que desprenderse de sus pertenencias para subsistir, y cuando llegan los picos de las crisis ya no hay recursos con los que hacer frente al hambre. Un ejemplo de las consecuencias del cambio de las lluvias lo protagoniza Chad. Allí la falta de agua ha provocado importantes retrasos en la campaña agrícola. Además, en la zona este del país, según señala Unicef, el reclutamiento de niños por los grupos armados sigue siendo un problema grave.

Las reservas alimentarias también se están acabando en Burkina Faso. Allí la malnutrición aguda ha ido aumentando año a año. La venta del ganado, el endeudamiento y la reducción de la cantidad de comidas son algunos elementos de esta crisis.

En Mauritania no hay reservas de cosechas anteriores para sobrevivir

Pero, sin duda, las ONG insisten en que uno de los países que peor lo está pasando es Níger. Ya en 2010 sufrió una crisis humanitaria de consecuencias catastróficas, que alcanzó sus máximos, una vez más, con los más pequeños, algo que se mantiene. "Nos constan 330.000 casos de niños que sufren una desnutrición grave", alerta Cobas. Precisamente Unicef ha puesto en marcha una campaña, Dona 1 Día, para atajar la desnutrición infantil y que consiste en vincular cada donación, que se puede hacer mandando un SMS a través del teléfono móvil, al tratamiento que durante un día puede recibir uno de estos pequeños.

Yolanda Romero, responsable de comunicación de Unicef en Níger resalta el papel de la mujer en las crisis humanitarias. "Ellas son quienes llevan el peso en la familia, trabajan la tierra, buscan la leña, preparan la comida...", explica. "Se levantan temprano para lavar los pagnes, trozos de tela de colores alegres que sirven para todo: faldas, sábanas, toallas e incluso servilletas. Una vez hecha la colada, las madres se encargan de alimentar a los más pequeños y después empieza la jornada laboral", agrega.

La mujer representa el milagro de la recuperación en Níger

Los problemas en el Sahel también afectan a Mauritania y Malí. En el primero, "no hay cosechas anteriores para sobrevivir ante la situación actual", remarca Cobas. En el segundo, la desertificación avanza sin fin. En un vasto territorio de 1,2 millones de kilómetros cuadrados, dos terceras partes son desierto o semidesierto. Aunque lo más preocupante en este país es la rápida expansión del virus del Sida.

"Al fondo de todas las crisis humanitarias, hay el mismo telón, volvemos a las mismas causas que provocan la hambruna en Somalia", analiza Carmen Molina, directora de cooperación de Unicef. "Aumento del precio de los alimentos, cambio climático y sequía, conflictos armados y pobreza. Todos ellos unidos llevan a la población a la pobreza extrema", añade.

Para Molina, "esta situación no se puede combatir de otra manera que no sea a medio y largo plazo. Hay que invertir en educación, en los sistemas agrarios y ganaderos para que sean más eficientes. Hay que luchar para la independencia alimentaria y económica de estos países", concluye.

Sobre si la situación actual que sufre el Sahel podría derivar en hambruna, como ha ocurrido en Somalia, Unicef no se aventura, pero sí que recalca que, "si no se hace lo suficiente, la amenaza que se cierne es la de la multiplicación de enfermedades". La organización ha hecho a sus donantes un llamamiento de 45 millones de euros para la zona.

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