No más Guerra

"Como es mi último presupuesto, vayan con mucha felicidad". En el Congreso, con estas palabras y por sorpresa Alfonso Guerra ha anunciado el fin de su carrera política muy a su estilo: como diciendo sin decir, con esa sonrisa socarrona e intimidatoria que identifica su larga, larguísima trayectoria. Desde aquel gran paso en el 74, en Suresnes, como "alter ego" de González/Isidoro en la toma de poder en el partido. De su mano, el PSOE pasó de la clandestinidad a la legalidad, luego al poder en el 82. La foto de ambos en el Palace, tras la victoria del "cambio", identifica como ninguna otra al personaje. Felipe era el guante de seda; Alfonso el puño de hierro en aquellos primeros gobiernos, en aquellos tiempos del "¡Dales caña!", el grito de guerra con el que le jaleaban sus fieles en los mítines. Su carrera en el Gobierno duró hasta el 91 (desgastado por la pelea interna y el caso Juan Guerra). En la política ha llegado hasta hoy, y lo que le quede. "Llevo cincuenta años cotizando, ya está bien ¿no?", decía tras el anuncio el diputado "récordman". Guerra lleva en su escaño desde el 77, todas las legislaturas, ha sido elegido 11 veces. Es el único, de ninguno como él se puede decir con tanto rigor que forme parte del paisaje del que ahora se empieza a despedir. Alfonso Guerra, de Sevilla, político y machadiano, se retira. El "guerrismo" queda como parte de su legado.