Opinión
La encrucijada es Trump

Por Noelia Adánez
Jefa de Opinión y de Feminismos
EEUU se ha narrado en clave de épica conquistadora y de superación personal. Y, sin embargo, su historia es una más de dominación masculina y supremacismo blanco, lo que implicó el descarte desde la época colonial de los pueblos originarios, los afrodescendientes y las mujeres a base de grandes dosis de violencia. La democracia estadounidense, uno de cuyos secretos era, según interpretó Tocqueville en las primeras décadas del siglo XIX, la fortaleza de su sociedad civil, fue construida por hombres que nunca, desde que las Trece Colonias decidieron plantar cara a Jorge III a finales del siglo XVIII, dejaron de empuñar las armas.
Como explica el historiador y activista Mark Bray (autor entre otros libros de Antifa. Manual antifascista, Capitán Swing, 2019) en el texto con el que abrimos nuestro especial, el supremacismo blanco ha estado profundamente arraigado en la sociedad y la historia estadounidense. Ni siquiera en los años de lucha por la ampliación de los derechos civiles llegó a desaparecer. Antes al contrario: el reconocimiento de derechos a los afrodescendientes ha ocultado la pervivencia en el tiempo, incluso tras ser elegido Barack Obama como presidente, de un racismo estructural detrás del que están los abusos policiales, la sobrerrepresentación de la población afrodescendiente en las prisiones norteamericanas o, en los últimos tiempos, la persecución de los migrantes, las políticas de confinamiento y la deportación y la brutal actuación del ICE, particularmente en el estado de Minnesota.
Si los años 60 asistieron a las luchas por los derechos civiles, los 70 ya lo fueron de repliegue conservador, como se ocupa de recordar mi compañero Víctor López en un texto en el que desgrana la estrategia que sigue Trump para desnaturalizar la democracia estadounidense. Esa estrategia se basa, entre otras cosas, en la supresión de la oposición y la disidencia y, por tanto, en la anulación de la sociedad civil que Tocqueville tanto ponderaba. López analiza en su texto cómo en este segundo mandato Trump busca despojar a la democracia estadounidense de su potencial igualitario para convertirla en algo así como una autocracia con participación electoral cuyo fin último sería plebiscitar cada tanto tiempo una jerarquía social que abre distancias imposibles de salvar entre los ricos y quienes no lo son, entre los hombres blancos y el resto.
Si bien es cierto que en la medida en que existe un ideario político en la cabeza de Donald Trump éste remite al conservador —de vocación fascistoide, como es fácil apreciar en el discurso de los líderes del MAGA— y ultraliberal, también lo es que en su afán parece estar por encima de todo su mayor enriquecimiento personal y de los individuos de su entorno. Alrededor del presidente, como explica la periodista Antònia Crespí, existe un entramado de corrupción que desdibuja por completo la frontera entre lo público y lo privado. Así como el entorno empresarial cambia —haber obtenido el favor presidencial no quiere decir mantenerlo para siempre—, también lo hace el institucional. Quienes un día son amigos y aliados o piezas fundamentales de su arquitectura de gobierno, pueden caer en desgracia de manera inesperada. Mi compañero Juan Losa ha dibujado un bestiario con algunas de las personalidades públicas que han estado o están en el entorno de poder del mandatario. De Pam Bondi a Kristi Noem, pasando por Stephen Miller, Marco Rubio o J. D. Vance, lo que todos estos individuos tienen en común es lo inquietantes (y en algún caso aterradoras) que resultan sus trayectorias y sus ideas.
Aterradoras son también las empresas tecnológicas como Palantir, grandes beneficiadas de la trama que el trumpismo está urdiendo para protegerse de enemigos internos y externos. Como explica Juan Antonio Sanz, en el manifiesto recientemente publicado por esta empresa se hizo explícita “la deuda moral que tiene Silicon Valley, la meca de la alta tecnología estadounidense, con la defensa del país y el papel disuasorio de la IA, en sustitución del paradigma nuclear predominante desde la Segunda Guerra Mundial”. Y Palantir no está sola, son otras tantas las big tech que ven en la guerra un negocio lucrativo libre de interferencias morales o éticas.
Las alianzas de Trump con los tecno oligarcas o con la derecha cristiana en sus diferentes variantes pueden parecer meros instrumentos para lograr consolidar su poder y acrecentar su riqueza y, sin embargo, como viene a explicar Jeff Sharlet (autor de La resaca. Escenas de una guerra civil parsimoniosa, Capitán Swing, 2025) en la entrevista que le hace Eduardo Ortega, Trump no sería quien es sin el trumpismo, un movimiento integrado por multitud de corrientes y energías, en ocasiones incluso contrapuestas, que tanto por azar como por la lógica de los tiempos terminan por maridar. Si Trump es un líder tan poderoso como desconcertante es porque es un vehículo, alguien que capta y condensa tendencias muy diversas que confluyen en la glorificación de la violencia y en la normalización de una forma de ejercer el poder injusta y brutal.
Y es que, a pocos meses de las elecciones de medio mandato y con el horizonte no tan lejano de 2028 como punto y seguido o punto y final de las presidencias de Trump, la cuestión es cómo evitar la guerra que muchos y muchas proclaman como necesaria para purificar y recuperar la grandeza perdida por América; esa grandeza fantasmática que los MAGA tanto anhelan. Cabe preguntarse con qué recursos cuenta la sociedad estadounidense para reconstruir una cultura democrática cuando intelectuales de izquierdas o simplemente liberales, científicos, periodistas y profesores universitarios son perseguidos. Por no hablar de colectivos enteros como las personas trans o los migrantes.
En su reportaje, Queralt Castillo explica cómo las políticas migratorias de Estados Unidos comenzaron a deshumanizarse tras los atentados del 11S y cómo es nimia la diferencia que existe a este respecto entre republicanos y demócratas. En todo caso, según refieren a Queralt expertas y activistas, bajo la segunda presidencia de Trump se ha recrudecido el hostigamiento a los migrantes y criminalizado a quienes tratan de asistirles o proporcionarles algún tipo de apoyo. No debemos olvidar los asesinatos a manos del ICE de Renée Good y de Alex Pretti.
Alrededor del presidente existe un entramado de corrupción que desdibuja por completo la frontera entre lo público y lo privado.
Sobre la persecución a intelectuales habla el filósofo Jason Stanley (autor de Facha. Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida, Blackie Books, 2018) en la entrevista que le hace Antònia Crespí. Stanley, que se muestra pesimista con el futuro de su país, asegura que “EEUU es hoy en día la mayor amenaza a la libertad que el mundo ha conocido”, y su afirmación no desentona con lo ocurrido en Venezuela. Mi compañera Emilia G. Morales detalla la política exterior de Trump, desde aquel “Liberation Day” de abril de 2025 hasta la actualidad. Mientras Trump aplica en el continente americano la doctrina (rebautizada) como Donroe, apoya a Israel en su intento por agrandar su poder y convertirse en hegemón en Oriente Medio, y tiempla gaitas con Rusia, con quien se atreve aún menos de lo que lo hace con Xi Jinping.
Sobre los efectos de la política exterior adoptada por Trump en este segundo mandato, la politóloga Ruth Ferrero nos deja en su análisis varias reflexiones fundamentales. Estados Unidos, que ha sido tradicionalmente el principal valedor del orden mundial liberal, es precisamente quien lo ha hecho saltar por los aires. Al buscar sobreponerse al liderazgo chino en el mundo, Trump ha contribuido a la quiebra del eje atlántico y el desplazamiento del centro gravitacional del poder a escala mundial hacia el Indo-Pacífico. Todo esto tiene extraordinarias consecuencias para Europa, obligada a asumir su carácter periférico en una nueva multilateralidad basada en la competencia y no en la cooperación.
Europa busca hoy su sitio en este mundo de reconfiguración de alianzas, y lo deseable sería que lo hiciera desde un lugar que no fuera el de la subalternidad. Por eso sorprende, e irrita, que el presidente del jurado de la Berlinale, el cineasta alemán Win Wenders, afirmara ante los requerimientos para posicionarse contra el genocidio en Gaza que “el cine debe mantenerse al margen de la política”. Lo recuerda mi compañera Begoña Piña en su texto sobre Hollywood y Trump. La necedad de Wenders es solo una proyección a Europa del silencio de la industria norteamericana del cine respecto de los desmanes del presidente norteamericano. Se espera del arte algo más que necedad, y de Europa algo más que seguidismo y complicidad.
Nadie sabe qué sucederá en las elecciones de medio término ni si el camino a la autocracia que está tomando el sistema democrático norteamericano es del todo irreversible. Lo que está claro es que Donald Trump no es un presidente más. Su segundo mandato marca una encrucijada histórica cuya complejidad y trascendencia tratamos de hacer inteligible en este especial.
PARA SABER MÁS
'Un fantasma recorre el mundo. Cómo funciona la máquina de guerra reaccionaria (y qué podemos hacer para enfrentarla)'. Pablo Stefanoni (Ediciones Siglo XXI, 2026)
¿Por qué llamarlo “batalla cultural” cuando en realidad se trata de una guerra ideológica por la visión del mundo?, se pregunta Stefanoni en este ensayo. Además de diseccionar el fascismo o el hipersionismo, revisar conceptos y destriparlos para hacerlos más comprensibles, el autor también enfoca hacia una de las aristas fundamentales de esta nueva era: las empresas tecnológicas; eso sí, sin perder la esperanza y mostrar cómo existen resistencias eficaces que pueden hacer cambiar el curso de la historia.
'Facha. Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida'. Jason Stanley (Blackie Books, 2019)
Entrevistado para este especial de la mano de la periodista Antònia Crespí, Stanley fue uno de los primeros académicos en abandonar Estados Unidos tras el triunfo de Trump. Avanzando lo que se venía, el profesor decidió instalarse en Canadá y continuar investigando desde allí. Facha. Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida es un libro esencial para entender el mundo en el que habitamos.
'La familia. Las raíces invisibles del fundamentalismo en Estados Unidos'. Jeff Sharlet (Capitán Swing, 2025)
A pesar de sus malas relaciones con el actual papa y el anterior, Trump se ha convertido en el líder a seguir por parte del fundamentalismo cristiano, que abraza esta nueva Administración con el objetivo de seguir con su propia agenda; es decir, la del dinero, ya que estos grupos canalizan millones de dólares a través de corporaciones libres de impuestos. Jeff Sharlet, también entrevistado en este especial, es uno de los pocos periodistas que ha conseguido reportar sobre estos grupos en profundidad.
'Trumpismo Discursivo'. Laura Camargo Fernández (Verbum, 2024)
Laura Camargo Fernández plantea en este libro un análisis profundo y crítico del discurso de la extrema derecha actual. Para ello, examina su origen, cómo se ha expandido y qué consecuencias tiene en la política global contemporánea. Partiendo de la caracterización del discurso fascista en la primera mitad de siglo XX, se analizan los discursos de los shocks globales del neoliberalismo en el primer cuarto de siglo y las estrategias comunicativas de las nuevas derechas en la era postdigital. Para la autora, lo que ella denomina el “trumpismo discursivo” ha redefinido la comunicación política contemporánea, que se ha convertido en agresiva, simplista y provocadora.
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