El tecnofascismo se sienta en la corte de Trump
Los gigantes tecnológicos estadounidenses, liderados por Palantir, propugnan una nueva era, con la IA al mando y Trump como su errático timonel.

Analista especializado en temas internacionales.
En su reciente visita a Pekín, el presidente estadounidense, Donald Trump, viajó con una corte de poderosos oligarcas de las mayores empresas tecnológicas de su país destinada a impresionar a sus anfitriones chinos. Aunque los frutos de ese viaje fueron magros, Trump consiguió lanzar un mensaje clave: la alianza de las grandes empresas big tech con la Casa Blanca plasma el cambio de paradigma que asumió al llegar al poder en enero de 2025. Esto es, la economía y la política exterior deben supeditarse al supremacismo militar, religioso y de las élites en Estados Unidos, con las grandes corporaciones de la tecnología como punta de lanza de esta transformación y con un agudo sesgo ideológico.
En esta nueva cruzada ultraconservadora estadounidense que algunos llaman MAGA (Make America Great Again) y otros simplemente trumpismo, el objetivo es el control social por medio de las nuevas tecnologías, especialmente la inteligencia artificial, y su subordinación a ese poder económico y militar.
En Pekín estuvo junto a Trump lo más granado de las big tech, como Tim Cook, CEO de Apple; Dina Powell McCormick, presidenta de Meta; Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, el mayor fabricante estadounidense de chips avanzados para la IA, y, cómo no, Elon Musk, cofundador de Tesla, dueño de X y SpaceX, y a ratos pretoriano de Trump o enfurruñado crítico del líder republicano.
Toda una auténtica fuerza de desembarco que en el último año ha protagonizado los principales movimientos bursátiles en EEUU y que ve en China su más duro contrincante, pero también la mejor veta para expandir sus negocios. Todo ello sin despreciar sus provocadores avances en los países europeos, en los que cada vez es mayor el riesgo de perder la soberanía digital a manos de Silicon Valley.
No estuvieron en Pekín los artífices de la empresa Palantir, Alex Karp y Peter Thiel, los señores tecnofeudales más poderosos y ante quienes el propio Trump se remueve inquieto en su trono de la Casa Blanca. La implicación directa de Palantir en la forja tecnológica (e ideológica) de la doctrina de seguridad de EEUU, Israel y otras potencias occidentales convierte a esta firma en una abierta amenaza para la estrategia de defensa china y no eran bienvenidos en Pekín.
El gran negocio de la guerra de Palantir
Esta macrocompañía, especializada en inteligencia artificial y análisis de datos, proveedora clave de software para las administraciones públicas, las grandes empresas, el control migratorio y, sobre todo, para la industria de la defensa y las operaciones de guerra reales, ha multiplicado sus ganancias por cuatro en lo que va de año. Para Palantir, la guerra es el gran negocio y es preciso promover tecnológicamente los valores políticos, patrióticos y sociales sobre los que se sustenta. Y es un negocio del que quieren participar el resto de big tech, aunque vayan a la zaga. El auge de la inteligencia artificial es el yacimiento del que se sacia esta firma, con los análisis de big data en tiempo real para los fabricantes de armas, los militares y las mayores empresas de EEUU.
También para su adorado aliado, Israel. Que se lo digan a las decenas de miles de gazatíes, y ahora iraníes y libaneses, asesinados con la ayuda de los datos de identificación de objetivos bélicos gestionados por Palantir. Que les pregunten también a las miríadas de migrantes en EEUU procesados por la IA de esta empresa y detenidos por las fuerzas del ICE, el Servicio de Inmigración y Aduanas.
Los señores de la guerra de Palantir no enrojecen a la hora de definir cómo debe ser el futuro distópico por el que apuestan: patriótico, religioso, militarista y al servicio de las élites
No obstante, hay nicho de negocio para todos en la Administración y la mejor estrategia es inundarla con acólitos de las grandes tecnológicas. Con Trump, son infinidad los antiguos ejecutivos de Palantir, del Grupo Thiel, de OpenAI o de Meta que trabajan ya en la CIA, el FBI, la NSA (Agencia Nacional de Seguridad), el Pentágono, la diplomacia, los centros de control de enfermedades, el comercio, la energía o la educación de EEUU.
La apuesta tecnofascista
Palantir fue fundada en 2003 con la vista puesta en el desarrollo de software. Superadas esas menudencias, ahora su horizonte está en la aplicación de la IA al ámbito militar y a las tomas de decisiones. Así lo dejó claro la empresa el pasado mes de abril en un sorprendente manifiesto que muchos de sus críticos calificaron como un modelo de “tecnofascismo”. Se basaba en el libro The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (2025), publicado por Karp, director ejecutivo de la compañía, y el asesor legal Nicholas W. Zaminska. En el texto, Palantir defiende una nueva era de disuasión apoyada en la IA para gestionar la seguridad nacional de EEUU desde el punto de vista más autoritario y desprovisto de cualquier ética.
En el manifiesto de 22 puntos, los señores de la guerra de Palantir no enrojecen a la hora de definir cómo debe ser el futuro distópico por el que apuestan: patriótico, religioso, militarista y al servicio de las élites. Subrayan la “deuda moral” que tiene Silicon Valley, la meca de la alta tecnología estadounidense, con la defensa del país y el papel disuasorio de la IA, en sustitución del paradigma nuclear predominante desde la Segunda Guerra Mundial.
No es extraña la osadía de esta empresa. En julio de 2025, firmó con el Departamento de Defensa de EEUU un contrato de venta de software militar por valor de 10.000 millones de dólares que otorgaba a la firma el control total de la base tecnológica militar de la principal superpotencia. De ahí el temor que causa la apuesta de la compañía por la IA como arma de poder. Un Gran Hermano aupado por empresarios sin escrúpulos protegidos por un oligarca devenido en presidente. “El manifiesto suena como los desvaríos de un supervillano”, aseguró Victoria Collins, diputada del Partido Liberal Demócrata del Reino Unido.
Pero dada la posición de Trump, de Thiel —cofundador también de PayPal con el también omnipresente Musk—, de Karp o del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu —el mayor entusiasta de la tecnología de Palantir para el exterminio indiscriminado—, esas críticas apenas rozan lo que augura ese “poder duro construido sobre software”, como dice el manifiesto. Ya lo advirtió Karp en una entrevista a The New York Times en 2024: “Palantir existe para asustar a los enemigos de sus clientes. La única forma de evitar la guerra es que tus adversarios se levanten y se acuesten con miedo a tu capacidad tecnológica”.
Ese futuro oscuro lo ha apuntado el filósofo belga Mark Coeckelberg, quien ha calificado el manifiesto de Palantir como un “ejemplo de tecnofascismo”, el peor de los vaticinios para un planeta en el que la ultraderecha marca de nuevo con fuerza el paso de la oca. No es casualidad que, en ese manifiesto nostálgico de un pasado fascista, Palantir abogue por el pleno rearme de Japón y Alemania. ◼
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